Vestidos para matar

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Julio Portillo

La reciente visita del  Presidente Juan Guaidó al Zulia ha recordado lo que en la historia del fascismo fue la “Noche de los cuchillos largos” y la “Noche de los cristales rotos”. Para la memoria de esta región hay hechos que rodearon la presencia del joven presidente en Machiques, la Villa del Rosario, Maracaibo, Cabimas y Lagunillas.

La dictadura venezolana del usurpador Maduro, sigue usando contra sus enemigos políticos un cuerpo creado por Chávez llamados colectivos. Fue en la Unión Soviética de Stalin donde nació esta colectivización  de los escuadrones de la muerte para usarlos contra los opositores.

Posteriormente tanto en la Italia de Mussolini como en la Alemania de Hitler se crearon las llamadas “Camisas Negras” y “Camisas Pardas” que tenían igual misión: represión y  terror. Vestidos para matar. Las dictaduras militares latinoamericanas y Fidel Castro copiaron el modelo fascista de intimidación y asesinatos contra la resistencia a estos regímenes.

En Venezuela en tiempos de Pérez Jiménez fue la Seguridad Nacional de Pedro Estrada; en la República Dominicana el jefe del Servicio de Inteligencia Militar fue el temido Johnny Abbes García y en Cuba funcionan aun las Brigadas de Acción Rápida que practican métodos brutales contra los opositores al castrismo.

Guaidó en el Zulia fue víctima en su viaje de Maracaibo a Machiques de los colectivos de Maduro y de alcabalas militares, para impedir su llegada al Municipio Lechero de Venezuela, al pueblo que acogió a su familia cuando fue desplazada desde La Guaira por motivos del deslave ocurrido.

Sorteando innumerables obstáculos pudo llegar a la concentración que lo esperaba, gracias al apoyo de hacendados y campesinos, que lo guiaron por trochas para burlar el cerco de la dictadura. Pero aun así, no escapó varias veces de agresiones a su caravana, donde no solo hubo disparos y piedras, sino flechas envenenadas, de supuestos indios disfrazados que habitan la región.

De regreso a Maracaibo agredieron al camión que transportaba el sonido y a su chofer y a varios de sus acompañantes. Era la descarga ordenada por la dictadura contra la población civil de Maracaibo, que incluso recientemente en otra manifestación fue hostilizada con bombas lanzadas desde un helicóptero.

Para llegar a Cabimas se le impidió el paso por el Puente sobre el Lago de Maracaibo, pero tuvo el auxilio de pescadores que lo transportaron en sus lanchas y piraguas.

Todo esto puede inscribirse como la desesperación de la tiranía, ante el discurso de Juan Guaidó, que no se detiene a buscar frases, que no hace más pausas que las impuestas por sus sentimientos, por sus gestos impresionantes, como el de haberse arrodillado ante los zulianos para pedirles perdón a nombre de los venezolanos, por las mil y mil calamidades que está sufriendo este pueblo, que tanta riqueza desde siempre le aportó a este país. Por eso arrancó ojos humedecidos de lágrimas colectivas que siguen anunciando la aurora de la libertad.

 

 

 

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