Un mundo de avatares

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Por: Carlos Martínez Márquez

 ‘’Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorraras disgustos’’ Confucio

Invierto tanta energía como puedo en cada despertar de plenas mañanas de otoño y gélida brisa, con la esperanza de ver un Sol más dinámico y brillante, que ilumine a los insensatos corazones que disponen de nuestro sentir y porvenir. Mis desvelos (que han sido muchos)…se los debo a la inercia, a los tiempos estáticos y a la falta de empatía de una sociedad que se torna más indiferente e indolente, como si nada le importara.

El péndulo del  reloj dicta nuestro ciclo vital, haciéndonos recorrer por laberintos de certidumbres y desasosiego; el abrazo de un amigo, la solidaridad de antaño, la afabilidad, la muestra de buenos sentimientos y respeto al prójimo, se hacen menos visibles cada día. La simpleza de la vida se nos hace más complicada de lo que debemos vivir. El individuo piensa en las cosas triviales, en la  que nada perdura en el tiempo y que ni siquiera en otra dimensión tendría vigencia para atesorar tanta miseria espiritual que pueda recomponer el orgullo de su insípida riqueza que de nada sirve.

El tiempo es como el cólera, que nos lleva de prisa y nos deshidrata, reduciéndonos al tamaño de una pasa amorfa, de viñedo sintético con sabor a vinagre. Ojala, que podamos revertir, el mal vivir que nos tiene el alma en sequias, carente de una estrofa musical y poética, para reacondicionar la lírica violenta por otra más sobria y melódica, que nos ofrezca mejor expectativa de convivencia. La vida es agobiante y misteriosa; así la hacemos parecer: vemos desde cualquier ángulo los axiomas y postulados que se presentan   en nuestro estado mental y emocional, haciéndonos la existencia un tanto voluble y efervescente. Hay que siempre estar alerta para los cambios, incluso, indeseables. Adaptarnos a los tiempos que avasallan con nuestro espíritu de lucha para estar en una dimensión más ligera, que invite a presenciar los nuevos presagios que la propia vida nos otorga.

 

He hecho, en los últimos años, una reflexión sobre la problemática que está alterando la paz y sosiego de nuestra sociedad; la irresponsabilidad de los gobernantes que están muy distraídos de las cosas puntuales que debe propiciar[1] a través del estado, para que cada ciudadano, tenga claro, cuáles son sus deberes, qué papel debe desempeñar para mejorar su calidad de vida y sobre la base de una buena formación, crear un estado de conciencia, que eleve el nivel intelectual que contribuya hacer valer sus derechos. Debemos preocuparnos, no más, por aquello que enriquezca el sentido común, practicar las buenas acciones y dejar de vivir con demasiada intensidad, violentando el espíritu y la buena convivencia entre todos.

[1] El autor es bachelor en negocios, escritor y articulista, traductor y docente en lenguas extranjeras

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