Un 2019 para olvidar en Latinoamérica

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Al cierre del presente año solo queda una mirada en retrospectiva que indica, mejor olvidar lo vivido en el 2019. Mejor dar paso a un 2020 lleno de esperanzas para nuestra región.

Nos sigue pasando la cuenta la mala gestión de nuestros gobiernos en épocas de bonanza, donde todo se diluye sin hacer cambios importantes para el crecimiento, cuando las vacas no están tan gordas. Tras una década de crecimiento, que comprendió desde el 2003 al 2013, cuyo crecimiento, incluso, fue superior al promedio mundial, en los últimos 6 años ha sufrido un estancamiento. Los años de prosperidad para nuestra región sigue siendo un festín para sus gobernantes, que indudablemente, también es la visión de los ciudadanos, no visualizar un plan de sostenimiento a futuro, que pueda apaliar las crisis, cuando se avecinan. Mientras todo anda bien, ni los gobiernos meten sus lupas ante las demandas sociales más importantes, tampoco las exigen los ciudadanos. Pero cuando el cinturón está tan ajustado, como es el actual, los ciudadanos exigen.

Seguimos mirando al estado como el padre que debe solucionar todo, en el momento que ya no podemos más con las cargas económicas que tenemos.

Sigue preocupando la difícil situación de la región, que todo indica se encuentra poseída por el demonio de la izquierda latinoamericana, que obtiene sus mejores frutos, justamente cuando las crisis económicas se convierten en detonantes sociales, que ellos aprovechan para calar sus ideologías patéticas; que le echan la culpa al capitalismo, al imperio de los Estados Unidos y cuanta frase indique quiénes son culpables, menos ellos.

Venezuela se entusiasmo con disque, un nuevo líder, que prometía sacar al país del Caribe de la pesadilla de la dictadura criminal. Todo quedó y quedó allí, en solo palabras. Chile se enfrenta a un estallido social que promete cambiar la constitución, para ayudar a la izquierda chilena, más que resolver los problemas de fondo. En la otra esquina de la región, estalla Colombia. En Argentina se devuelven al pasado corrupto de la izquierda. Definitivamente, queramos o no, damos pena. Seguimos empecinados en tener un rancho en la cabeza, más que visión a largo plazo de una vida con solo una palabra incluida; calidad. La calidad de vida en nuestra región sigue sin un espacio, sigue siendo una fantasía.

Qué pedir para el 2020, sino sensatez en una región tan rica, pero también inmensamente pobre en su raciocinio.

Felices fiestas y que el 2020 sea el comienzo de un nuevo rumbo, para mejor, de nuestra región.

 

Milagro Portillo

Consultora Internacional

 

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