Triste panorama nacional . ¿Qué hacer?

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Qué será de los dominicanos dentro de poco tiempo, a pesar de cuántas alharacas halagüeñas politiqueras se escuchan a diario. La predicción resulta indudablemente fácil, debido a lo que se observa, tras el menor esfuerzo.

Muy difícil se hace aceptar las crudas realidades que se presentan con regularidad, sin importar de lo que  traten; pero, cuando nos golpean el rostro de forma consistente, por más  indiferencia con la que uno procure  actuar, no queda más remedio que hacerlo; reconocerles como fehacientes, e ir   pensando en que todo ápice de esperanza se está perdiendo, lo cual no implica ser pesimista por completo, sino, en que la puesta de los pies sobre la tierra se hace necesaria

Es lo que pasa con el escenario político-social que se viene verificando en Dominicana, respecto de la corrupción estatal y privada, rampantes, ambas, con impunidad marcada; un Poder Judicial politizado; demagogias a todo dar; podredumbre social de grado; descalabro institucional generalizado alarmante; narcotráfico; como, una prensa “opiante” pagada; e, inducciones diversas hacia lo indebido; criminalidad y delincuencia por doquier, etc., etc. ¡Qué panorama, mamacita!

Todos esos males se reportan con muy pocas posibilidades de enmienda; máxime, cuando se reflexiona en mensajes como esos que pronunciara el reconocido pastor evangélico Ezequiel Molina Rosario, durante el evento religioso anual (Concentración Evangélica Nacional), denominado “La Batalla de la Fe”, de este 1ro. de enero del 2019.

Manifestó el religioso, entre otras cosas, refiriéndose al país, obviamente, “que el Estado y los partidos fueron infiltrados por bandas de malhechores que, alega, se mueven con ambición ilimitada”; y, que “mafias organizadas están detrás de la corrupción”.  ¡Esas se ven de lejos!

Además, que, “Viene una generación de animales, de robots. Eso es lo que la gente está sembrando”. Muy poco se tendría que agregar a lo dicho por ese señor, para formarse un juicio concluyente, que estaría en consonancia con lo que se viene expresando. (Véase periódico “El Día”, edición del 2-1-19, página 4).

Nada más faltaría agregar al  parecer de ese “hombre evangelizador desde el púlpito”, que esos calificativos que él empleara, no son solo en lo concerniente al porvenir,  sino  que también, las actuales mismas, se están comportando de iguales maneras, con mínimas excepciones notables; y que, los escenarios más propicios para comprobarlo, son las aulas locales, a todos los niveles, incluidos aquellos en que participan los que se entienden están conformados por el relevo generacional inmediato, los pseudo estudiantes universitarios. ¡Intentar colaborar con la formación de esos últimos, es deprimente!; le matan la ilusión a cualquiera.

Es obvio que, esos “flagelos” señalados más arriba, están demasiado enraizados en esta República; y que, los combates que se imponen en su contra, requieren de voluntades grupales sólidas, como de decisiones correctivas, libres de miramientos parcializados, hacia determinados actores que se destacan en el marco de las ejecutorias malsanas que vienen “acogotando” al país, sin importar las organizaciones políticas coloreadas a que pertenezcan.

Es un asunto de lucha sostenida en favor de la nación; de demostrar que se es buen dominicano; de no permitir que un grupo de “vándalos” politiqueros de nuevo cuño la administre como una finca de su propiedad; que hagan con ella cuanto les venga en gana.

Muchas veces, el observador cercano, tiene la intención de aportar en pos de enfrentar la cruda realidad nacional; o, al menos, incitar para que otros lo hagan; pero, todos los aprestos individuales van cayendo en el vacío, por lo que el desencanto tarda, y llega de repente, optándose  entonces por tomar un “asiento en las gradas”, para desde allí observar el juego entre el barco – la nación – y el tormentoso mar bravío, valga la analogía; ver la forma en que prosigue “haciendo agua”, tal se dice de ordinario, y hundiéndose rápidamente, sin que se advierta posibilidad alguna de rescate.

Lamentable, cuando finalmente se arriba a conclusiones de ese tipo; pero, de bobo parece ser, el continuar insistiendo en contra de lo que luce imposible cambiar, sin que se produzca un fuerte “remeneón”  pueblerino; o, un abanico acciones sociales contundentes, de connotada importancia “subsanante”.

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

 

 

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