Tomás, el amigo y constructor que se nos va!!

0
192

Sergio Reyes II

 La tarde de este viernes se entristeció de repente. Y llegó la noche galopante, inundando de sombras y tristeza la campiña añorada. Escudriñé, en lontananza, buscando los motivos de tan extraña melancolía y me aventuré a asociar el difuso desaliento con congojas e inquietudes que embargan el espíritu, en estos días. Sin embargo, un estremecimiento interior, que domina los sentidos y sacude veleidades terrenales, dio de lado con estas conjeturas poniendo claro ante mis ojos lo que en verdad acontecía.

Y es que allá, en mi adorado terruño, en las llanuras y serranías de la frontera, había comenzado a brotar, corriendo a raudales, un incontenible torrente de lágrimas y lamentos por la muerte súbita de un ser querido -idolatrado podría decir, sin temor a equivocarme-, quien, en el curso de su vida, se esmeró en ser más que un vecino y amigo, el padre protector de algunos de mis primos, y su madre.

Tomás Ramírez.

Y en adición, debo decir, que Tomás Ramírez, de quien os hablo, fue un dedicado, acucioso y creativo carpintero y constructor que por dondequiera que pasaba fue dejando estampada su pericia y creatividad en materia de construcción y remodelación de viviendas, fuesen estas de humilde estructura o de vuelos modernos, así como otros tipos de estructuras.

Podría afirmar, sin temor a equivocarme, que en la mayoría de las viviendas que se erigen en las localidades de Pueblo Nuevo, La Peñita, Capotillo y otros puntos del entorno fronterizo de la provincia Dajabón, se destaca la creatividad, la impronta y el ingenio de este maestro constructor empírico y hombre probo por excelencia, quien en vida se llamó Tomás.

Conociéndole, como le conocí desde niño, pude apreciar el valioso papel de buen esposo y padre alterno que jugó en las vidas de Anatulia Infante y sus hijos, para quienes siempre fue el timonel de la familia por ellos formada.

Podría decir, también, que este noble patriarca, vecino y amigo se constituyó, en su momento, en el puente de enlace y avenimiento entre las familias Reyes-Jiménez, por un lado, y los Ramírez, grupo este último del que fue un respetado y destacado miembro.

En lo particular, deploro profundamente su deceso porque, al igual que otros en nuestro conglomerado, siempre busqué su compañía y consejo, le traté con respeto y, en su momento, pude aprovechar sus valiosos e impecables servicios y conocimiento en materia de carpintería, albañilería y construcción, en general.

De hecho, cada centímetro de Villa Vitalina, el entrañable refugio campestre de los míos, lleva estampado su sello, pericia y delicadeza. Y conservar intacta dicha estructura constituirá en lo adelante el mejor homenaje que podemos hacerle a este hombre probo, buen vecino, buen amigo, esposo fiel y el mejor padre que pudieron tener mis primos Fátima, Moreno, Brunilda y Mon.

 

Descansa en paz, inolvidable constructor fronterizo.

 

Santo Domingo, mayo 4, 2019.

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentarios