Temores infundados

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Por Francisco Luciano

La decisión del Departamento de Estado de los Estados Unidos de llamar a consulta a sus representantes diplomáticos ante la República Dominicana, Panamá y El Salvador, para tratar sobre la decisión de estos tres países de establecer relaciones plenas con la República Popular China, constituye un acto de presión y de soberbia que no debiera ser, pues Estados Unidos fue de los primeros países americanos que rompió relaciones con Taiwán para establecerlas con La República Popular China y eso fue a partir de enero de 1979 .

Al expresar su enojo por la decisión de República Dominicana, Panamá y El Salvador, el gobierno de los Estados Unidos cuestiona deliberadamente el derecho de soberanía que asiste a cada país para decidir con quien sostiene relaciones, desconociendo su pregonado papel de líder de la democracia mundial que tanto predica.

Estados Unidos se atribuye el derecho exclusivo derecho para beneficiarse de las relaciones de comercio, intercambio, créditos y cooperación que para su economía representa la República Popular China, abrogándose autoridad para recriminar a los demás d=forzándolos con presiones para que sigan atados al insostenible maniquí de Taiwán y que en el caso especial de la República Dominicana se le impuso cuando era gobernada por la más indigna tiranía.

El mensaje de buena voluntad emitido por el señor Zhang Run, embajador en nuestro país de la hermana República Popular China, desplegado en la prensa nacional a pocos días de haber presentado sus cartas credenciales, constituye una propuesta de trabajo para alcanzar el desarrollo pleno y el bienestar común en beneficio de ambas naciones. Sin dudas que la amplia ventana de crédito y cooperación que oferta China a sus países aliados, es motivo de preocupación para sectores de Estados Unidos, que podrían erróneamente suponer que eso les afectara y no necesariamente tiene que ser así.

Lejos de cuestionar las relaciones con China y América Latina, Estados Unidos debiera reivindicar su liderazgo visionario, pues lo que ahora ejecutan nuestras naciones es lo que ellos vienen haciendo desde hace casi 40 años y no les ha ido mal.

El autor es docente universitario y dirigente político.

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