Sincronía en tiempos difusos

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Por: Carlos Martínez Márquez

’La hostilidad de la fama es un veneno que no da tregua, pero tampoco  trae antídoto para dopar el alma y salvarla de un sismo depresivo, llevándonos  a la oscuridad’’. El autor

La alborada posee un colorido distinto cada día y por ende, matiza un aire benevolente, con aroma selvático, que invita a un sorbo de café para ecualizar el alma de los sonidos que producen el estornudo de los pájaros (…) que es una señal que va en consonancia con mi buen estado emocional, inalterable, como siempre.

Caigo en cuenta (sin proponérmelo) que cuando siento mustias, no habría mejor remedio para mi catarsis, que buscar, un pretexto equiparable al equilibrio y la sobriedad de mi estado emocional. Nunca pretendo caer en el oscuro abismo de lo melancólico; recurro rápidamente al antídoto más energizante para erradicarlo: la música y una buena sugerencia de algún enólogo y un recipiente empapado de intelecto con color purpura y al ladito, un quinqué, iluminando el espacio furtivo de mis musas, que muchas veces las extraigo del hilo cuántico de toda dimensión.

Mi pensamiento e imaginación se trasladan constantemente a una quimera tangible. No he sido especie de objeto punitivo, solo satisfago el ego que potencializa los desafíos que la propia vida me pone de tarea. Soy multifacético con relación al tiempo y espacio, que me hacen coincidir donde quiero estar en el momento preciso.

Tras una mañana fresca y placentera, mientras preparaba mi acostumbrado licuado verde de frutas y vegetales… y de orden el café (que nunca falta en mi escritorio), decido emprender un viaje a la ciudad de Gary, Indiana. Quise estar muy de cerca para ver con mis propios ojos, el lugar donde nació y se crio hasta temprana edad, el niño de entonces, Michael Joseph Jackson. El rey del pop fue ídolo de varias generaciones, incluyéndome. Me ubique en los escenarios donde se dio a conocer con los éxitos del momento. I want you back & the love you saved. Eran los discos de pastas 45 rpm editados por la Motown records.

Puede alguien surgir en cien años como su estrella que luce por mucho, insuperable? Michael lo hizo todo. Fue un predestinado y un genio, que se vio en el espejo de James Brown y Stevie Wonder, quienes fueron su referente. Michael no solo los emula, sino, que eleva el nivel de su actuación, superando por mucho a sus predecesores. El moonwalk era mágico y daba la sensación que caminaba en el espacio, desafiando la gravedad. James Brown lo idolatraba, porque sabía que podía ser mejor que el cuándo hacia las caídas aparatosas en los escenarios; Michael toma ese estilo de su mentor y lo lleva a otra dimensión, cuya rutina las convierte en interminables sin necesidad de repetirlas.

Su partida repentina fue un suceso de trascendencia y de paso muy dolorosa para todos quienes todavía, congojados, no nos hacemos la idea de que haya ido a otra dimensión. Su ingenuidad y timidez, fue desde chico, la de siempre. Es como si se hubiera congelado en el tiempo. Nunca la pudo superar. Era una especie de metamorfosis que cuando estaba en el escenario, era distinto a cuando bajaba de allí. Es increíble! Su timidez desaparecía de inmediato frente a los cientos de miles de espectadores. Era una verdadera maquina viral que creaba reacción en cadena ante sus fans, cuando deliraban en los estadios al verlo bailar y cantar. Michael, se fue a la tumba, exhausto, deprimido, ensimismado y, (encerrado en su propio mundo de turbulencias, marasmos y cataclismos). No pudo soportar la presión de la fama y el dinero que genero a la industria del disco y el entretenimiento. Los falsos alegatos de abusos por pedofilia, nunca pudieron demostrarse en los tribunales. Todo parece indicar que se aprovecharon de su fama y su vulnerabilidad como ser humano. Estoy convencido de que Michael abandono este mundo, porque fue una manera sutil de inmolarse, sin que se generaran conjeturas de que fuera un suicidio. Ya no le servía de nada el imperio que el creo y que lo llevo a su última morada, fruto de los prejuicios y las acusaciones malsanas, que fueron las que determinaron llevárselo de encuentro. El rey del pop, lo venció el sistema: el anestésico (Propofol), fue el detonante de su muerte a destiempo. Pero ya lo había estado muerto mucho antes cuando salió airoso de su ultimo juicio que probablemente, lo encerraría de por vida en una celda. Ya no sincronizaba sus pasos al caminar. Y sacarlo de esa depresión era inexorablemente difícil. Estaba desalmado, débil y famélico. Vivió en una constante catalepsia, una especie de morir y vivir, en la que en ocasiones solo se transformaba, cuando estaba en las tablas enseñando sus grandes dotes de su versatilidad. El astro brillara por siempre en cualquier dimensión que se encuentre y por más lejano este de nosotros.

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