Sin pies ni cabezas

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‘’El desorden almuerza con la abundancia, cena con la pobreza y se acuesta con la muerte’’. Benjamín Franklin

Por: Carlos Martínez Márquez

Medito, hasta el hastío, respecto a la sociedad de hoy, que la violencia ha sido un ingrediente inestable y voluble, cuya ebullición por su alta temperatura y efervescencia, genera el caos, en que las autoridades, no tienen los mecanismos de control, para colocarle un torniquete al tejido social, que se ve amenazado de entrar en un proceso de putrefacción, en el cual, no habría antibacterianos de última generación, que acabe con la infección que azota con el dolor y el sentir de las buenas costumbres y convivencia entre ciudadanos.

Así, como anda la cabeza en casa, de ese modo se manifiesta en nuestros hijos; la vida es objeto de permuta, cuyo desprecio a la misma, le ha restado valor y razón de ser. Estamos dentro del vientre de una medusa, que solo muestra sus tentáculos y por demás desordenados, pero no así, su calamorra, que siempre pende del buen juicio y sensatez, en un estado de equilibrio que determine la suerte de los demás.

La vida, es un reto, vivirla a diario: tenemos el desafío de saber lidiar con el sujeto que nos topamos de frente, el pedestre que se despierta mal humorado, con el ‘’pie izquierdo’’- (como decimos comúnmente)- el que conduce a una velocidad avasallante, que casi roza con la placa del vehículo que va delante, vociferando como becerros por las calles, con un gesto desaprensivo e irrespeto a los demás, sin tomar en cuenta la integridad del ciudadano.

Salgo a las calles con el corazón en la mano, no sabemos en qué momento ocurra un percance con el motociclista, el guagüero del colectivo, la chatarra que lleva en su trasero una ‘’bomba de tiempo’’, que con cualquier colisión, pone en peligro la vida del usuario, por tan solo veinticinco pesos, la ceguera de las autoridades que regulan el tránsito, que por demás, empeoran los entaponamientos, tratando de controlarlo y los reguladores automáticos (semáforos) en su mayoría sin energía, que no rinden un servicio eficaz. Las autoridades tienen la obligación, (permanentemente) de buscar soluciones, en renglones puntuales que atañen a la violencia. La misma, no es per se, la que tenga que ver con el daño físico, si no, con la parte emocional, cuyo daño es mayor. La presión psicológica, a la que nos vemos sometidos, es un tema recurrente. La falta de civismo y de paso, la carencia de sensatez en la gente; nadie respeta a nadie, el odio y el desprecio, es un sentimiento anti- natura, que se apodera de la racionalidad y el equilibrio cívico.

La sociedad anda acéfala y cuadripléjica, nadie se inmuta, las autoridades, han soltado sus deberes que les competen, a nuestra suerte. Sálvese quien pueda! Esa es la actitud.

Cada día, al despertar, taciturno, me pongo de pies, medito con un sorbo de café, mientras le doy un repaso a la prensa, salto las páginas de violencias a algo más alentador. Me refugio en la música para tomarlo variado, la salud mental… es importante preservarla. De ella depende que los demás miembros de nuestro cuerpo, se mantengan saludables, porque aquí, recuperarla resulta costosa. Las atenciones en hospitales son diametralmente opuestas a la realidad que nos presentan las autoridades.

La manifestación de violencia en todos los sentidos, es diacrónica. No hay, hasta el momento, una medicación, que contenga una molécula, que ralentice su crecimiento y que a su vez, disminuya el mal que causa a tantas víctimas en la cotidianidad. Estoy preocupado.

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