Si queremos lluvia, tendremos que lidiar con el lodo

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Por: Carlos Martínez Márquez

’El hombre es un animal que estafa, y no hay otro animal que estafe además del hombre’’ Edgar Allan Poe’’

La sociedad en la actualidad, ni remotamente parecida, a la que fue  veinte o treinta años atrás, con una densidad poblacional manejable al tamaño de lo que estrictamente consumíamos acorde a lo que se producía. No existía una economía globalizada y fluida como la que se observa en pleno siglo 21. Todo desarrollo genera avances sistemáticos y demanda una intensidad productiva en la que no se registren  déficits en la oferta  y demanda de bienes y servicios.

La política ha sido un elemento influyente en la que todo este fenómeno se haya suscitado en estos tiempos; la misma, además, ha generado ingredientes multifactoriales, en la que abre sus puertas a la inversión tanto en el ámbito local como extranjera; pero no debemos soslayar que la influencia de quienes han manejado el estado en asuntos políticos y administrativos, han sido muy generosos por haber ampliado su radio de acción de atraer dinero a toda costa… a intereses particulares y no propiamente al estado.

Quiero referirme a la corrupción como la génesis de un problema que venimos enfrentando décadas tras décadas. En lo político y en lo administrativo se cometen delitos en el ejercicio de una posición pública, que contribuye a conseguir ventajas ilícitas, cuyas acciones se cometen de manera secreta y privada; el fenómeno de la corrupción posee derivados en la que cada quien tiene mecanismos de operar mediante el soborno- ‘’el más repetitivo de los delitos contra el erario público’’- esta modalidad de corrupción es más proclive al ofrecimiento de una gran cantidad de dinero para abrirle paso a la evasión de impuestos. Le sigue el llamado ‘’Quid Pro Quo’’ o una especie de tráfico de influencia en la que el funcionario utiliza su poder para facilitar en favor de alguien o algún allegado, una actividad que involucre una posición o un trabajo de beneficio.

Me pregunto decenas de veces… ¿para qué tanto desarrollo y avances en infraestructuras, en la que detrás de todo eso, se esconde una anaconda que engulle toda posibilidad de reducir la pobreza y la esperanza de que una gran parte de la población tenga una vida digna, si quienes gobiernan tienen enraizado el mal hasta el fondo de su conciencia? La cuestión es que el impacto de la corrupción en el hemisferio, incluyéndonos, genera desigualdades…consolidando las elites políticas y económicas, ‘’ (si no hay régimen de consecuencias) ’’- para hacer los ajustes de lugar para una mejor sociedad. Ciertamente que la economía ha sido un tema incuestionable en lo que respecta a la dinámica productiva de la nación, pero no así, se ha traducido en beneficio para la población que demanda empleos y mayor acceso al consumo, que obviamente, tienda a dinamizar la economía con mayor oportunidad de crecimiento per cápita.

Seguiremos más empobrecidos proyectando una economía que está al servicio de la deuda externa, en la que cada vez ampliamos el endeudamiento con más empréstitos que comprometen el presupuesto y la canasta familiar se hace cada vez más chica. La corrupción pública y administrativa es lo que ha dado pie a todo tipo de escándalos que hoy vive la nación en carne propia y a la ‘’franca’’. Los políticos han tratado de inmunizarnos con todo este huracán de corruptela que en algún otro país, hace ratos hubiera funcionarios tras las rejas. Quienes ostentan el poder de manejarlo todo,  reducen cada vez más la pobreza pero en sentido inverso; acabando con la esperanza de la gente, y el ejemplo que mandan los de arriba a los de abajo, es que ‘’hagan lo mismo, que así es que se logra salir de ella, haciendo lo incorrecto…salir a las calles a atracar ciudadanos y quitarlos del medio si se resisten’’. Ese es el mensaje que los gobiernos mandan a toda la sociedad. Si queremos un mejor país, pues entonces, tendremos que crear más conciencia en favor de la inmensa mayoría y de nuestros herederos. Consolidemos en el hogar las buenas costumbres y eduquemos a nuestros hijos. Esos, en el mañana serán, el cambio que todos anhelamos.

El autor es  Bachelor en Negocio, escritor-articulista, traductor y docente en lenguas extranjeras.

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