Romántico desde siempre y enamorado empedernido

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’Hay un susurro donde alguna vez hubo una tormenta’’. The Rolling Stone

Por: Carlos Martínez Márquez

La máquina del tiempo, (justamente), me coloca en el momento preciso de los acontecimientos de la época. Cuando me toca encender la radio, de inmediato empieza el conteo regresivo para el despegue hacia otra dimensión: la melodía y la lírica, que me sirven de entrada para el calentamiento del alma y de paso crear la sinergia de mis neuronas, apresurándose, para generar la energía necesaria que eleve mi espíritu hacia un encuentro con lo clásico.

En la década del 1967 aparece en la pantalla gigante el actor Sídney Poitier en su papel protagónico ‘’to sir with love’’ traducido al español (el maestro con cariño) y Lulú poniéndole voz a la canción más emblemática del hit parade de aquel entonces y cuyo título lleva el mismo de la película. Cuanta nostalgia y alegría me da al escucharla. Dos años después de la gesta de abril del 1965. La canción cuyo principio activo era la de generar un sentimiento que nos hiciera cerrar los ojos y abrirnos el corazón; una bomba lacrimógena, lo fue, para mí. A mi edad de aquel entonces, supe de inmediato lo cuan hermoso era sentir los latidos incesantes del corazón.

Los ojos del alma son una especie de ventanas que a través de los dinteles podemos disuadir la nostalgia, el dolor y la melancolía; no habría espacio para ello cuando escuchamos canciones, como poema 20, (canto a Neruda) interpretada por Lissette Álvarez: ‘’Puedo escribir los versos, más tristes, esta noche.

Escribir por ejemplo: la noche esta estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.

El viento de la noche gira en el cielo y canta’’…

y así sigue el ritmo de una lírica que amontona un derroche de metáforas, enarbolando la magia de lo que produce el amor, lo romántico y lo antagónico, y los despojos de aquello que no nos será útil para el alma, pero si, que nos persiguen en los recuerdos hasta el infinito. Mi padre, cuando chico me sentaba en su regazo, escuchando aquellas canciones ricas en melodías y frases solemnes, que embestían mi corazón y me hacían suspirar en sueños platónicos.

Roberto Yanet, uno de los grandes de la década de los sesenta con canciones románticas, que obligaban a bailar a los enamorados en pistas de un solo mosaico. Lo anglosajón tuvo que ver en mis gustos por la música en lo que fuera la época de Malcolm X, Martin Luther King y aquellos iconos de ideologías revolucionarias, en cuanto a su lucha por la equidad de los derechos civiles. Y la hermosa poeta Joan Báez, no se queda atrás… homologa de Bob Dylan, juntos elevaron el sentir popular de la época, en medio de una guerra que no nos llevó a ningún lado. Vietnam, no tenía razón de ser, pero la música y las canciones románticas, brindaron alivio, para aquellas almas colapsadas en el desierto del desconsuelo y la ignominia.

The Platters con la canción ‘’Only you  and the great pretenders’’ fueron grandes hits que todavía nos dan agua de beber; son verdaderos clásicos. A veces pienso que escogí la carrera equivocada, porque soy pura música por dentro y por fuera. Bailo al ritmo del pentagrama; soy producto de lo que el viento se lleva y me trae… con novedosas remembranzas musicales, recicladas en la máquina del tiempo. Mi imaginación me sirve todavía, para mantenerme flotando en el espacio, para nuevos ritos que enriquecen mis sentimientos. Lo romántico a través de la música, me da luz verde para unirme a los recuerdos de aquellos años maravillosos, en donde reinaba la solidaridad, el amor y el respeto. Nada, al escuchar tanta música de la época, me ha hecho variar el curso de mis preferencias, por lo bueno y por lo que tiene calidad. El amor y el sentimiento con un tantito de música romántica, es como la sístole y diástole que da vida permanente a nuestros corazones. Consumo la música y admiro a la mujer como el mejor antioxidante que renueva mi energía y da continuidad al mejor oficio, que me hace ser esclavo de mi virilidad patentizada en el tiempo donde el Sildenafil (viagra) está en boga y que todavía no apelo a su generosidad por no considerarla necesaria. Nada mejor que un abrazo y un susurro al oído, una buena copa de vino y una frase romántica. Todo eso, es lo que me hace bien. La vida es duradera cuando estos sentimientos nos cambian las perspectivas, para mejorar el estado de equilibrio de nuestra existencia.

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