Retrato de un país aniquilado

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Julio Portillo

Al sumar las calamidades que sufre el pueblo en la actualidad es cuando se alcanza a ver la magnitud de la tragedia de Venezuela. Un país aniquilado. Los días transcurren y sigue la oposición venezolana sin decisión terminante que convoque al pueblo a su liberación y la comunidad internacional espera ese grito para venir en su ayuda.

Las carreteras interurbanas y las calles de las ciudades están llenas de huecos, con basuras y oscuras. La escasez de repuestos y los altos precios tienen el parque automotor semiparalizado. El transporte masivo está saturado y escaso. Provoca un ausentismo a varios niveles. Maestros y estudiantes no asisten regularmente. Las empresas han reducido horarios de trabajo.

Se trata de un pueblo alimentado con carbohidratos. La llamada “dieta de Maduro” provoca desmayados en las escuelas, anemia en crecimiento, aparición de enfermedades que se creían superadas. Los vegetales se están cultivando sin los insecticidas necesarios. Crecen los habitantes buscando en basureros comida o haciendo colas en las afueras de restaurantes esperando los sobrados de los clientes. No hay control de calidad ni de precios.

Los bancos dispensan poco efectivo, los puntos del dinero plástico están cada vez más colapsados. El ausentismo laboral, ha desatado la venta de dinero en forma clandestina. El gobierno sigue emitiendo dinero sin el respaldo necesario, la inflación de Venezuela es la alta del mundo.

Es cada vez mayor la emigración de venezolanos a los países vecinos. Panamá, Colombia, Estados Unidos, República Dominicana, Ecuador, Perú, Chile, Brasil, Argentina, México, Trinidad y Tobago, reciben diariamente oleadas de venezolanos desesperados. Venezuela es un problema regional. Sin contar los que llegan a España y Portugal, países árabes y Canadá.

Los hospitales están en el suelo. Se encuentran contaminados, algunos sin los servicios de aseo necesarios. Los enfermos deben llevar medicamentos para poder ser atendidos. Las clínicas privadas no se dan abasto para atender a los pacientes del sector público. Las farmacias están con 85% de desabastecimiento. Crece la deserción de los galenos. Faltan ambulancias en los pueblos del interior. La infraestructura de los hospitales se encuentra destruida. En las cárceles mueren a diario los reos por falta de alimentos y atención médica.

La corrupción gubernamental es cada vez más imputable. Se acusa a los jerarcas gubernamentales de robos del erario público. Los que han huido al exterior como Rafael Ramírez y su familia que arruinaron a PDVSA son señalados de tener millones de dólares en sus cuentas y el gobierno no pide la extradición. El chavismo ha mal gastado en todos estos años billones de dólares.

Venezuela a punto de una intervención humanitaria. Y el gobierno habla de elecciones. Pero lo peor es como dice el gran escritor norteamericano Julien Green: “Somos sordos y ciegos, venimos de la noche para volver a la noche sin saber nada de nuestro destino”.

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