Recordando al compadre Eugenio

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Hipólito Núñez Velásquez

En estos días, tras la desaparición física del compadre Eugenio, me he puesto a reflexionar sobre cómo sería la mejor manera de recordarle; son tantos los momentos compartidos en nuestras vidas que no sabría elegir el lugar perfecto que puede sintetizar los múltiples y agradables episodios que vivimos en este planeta tierra.

Sería divertido recordar que tenía el resultado del inventario en la pulpería que su padre -mi padrino- puso bajo la responsabilidad de Cadío y mía, en la casita de La Piña.

Puedo evocar los días en que la visita en la sabana, en la casita de nuestros abuelos. O talvez, en las tantas veces que me transportaba a La piña en la barra de su primer bicicleta, la de color marrón y aro 28 que se compró cuando era billetero. Vienen a mi memoria los años en que vivimos en la Capital, en la calle Isabel la Católica con Luperón y comíamos donde Ramonita en la Calle Ravelo; o cuando necesitamosmos hielo en la nevera de la casa de Norma.

Podría recordarlo en los consejos en casa de la comadre Tere -su hermana- mientras disfrutábamos de un almuerzo, en el año 1974, el día de mi matrimonio con Teresa. O cuando compartimos el techo, en el primer piso de la Urbanización Las Caobas, o talvez en Boston, Massachusetts cuando Minerva y yo visitamos con frecuencia y recibimos en el patio, con un afectuoso letrero dándonos la bienvenida.

En mis recuerdos permanecerá, también, cómo fue la última vez, en un centro médico de West Palm Beach en la Florida y nos hicimos varias fotografías con una gorra que se compró en la ciudad histórica de San Agustín en La Florida.

Esas hijo, talvez, las más entrañables vivencias que conservo del compadre Eugenio. Son tantos los episodios comunes en nuestras vidas que es muy difícil elegir el lugar más adecuado para recordarlo. Solo sé que ese lugar debe infundir tranquilidad, armonía y, sobre todo ser algo productivo. Esas fueron las características que describían a mi compadre Eugenio.

Sumido en los cuentos reflexivos, busqué el auxilio de mi vata colección de fotografías, con imágenes invaluables que, como dice el dicho, dicen más que mil palabras. Allí encontré las imágenes perfectas para recordar a mi compañero, en donde la bienvenida a mi familia, en el medio de la cosecha de vegetales diferentes, disfrutando del amor familiar y de la armonía de la naturaleza.

Esa es la mejor manera de recordar: siempre activo y dispuesto a hacer hasta lo imposible en apoyo a su entorno familiar y su núcleo de amistades.

Con estas palabras, pletóricas de nostalgia, quiero rendir tributo de recordación a mi primo y compadre Eugenio Núñez, en memoria de las vidas y vivencias compartidas, en el terruño de Hato Mayor Fantino, Provincia Sánchez Ramírez y otros lugares del mundo.

¡Viva por siempre en mi memoria la presencia del compadre Eugenio!

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Nueva York, enero 24, 2018.

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