¿Qué está haciendo el INTRANT?

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Esa es la interrogante más fácil de responder. Basta con pasearse un poco por la calles y avenidas de la ciudad principal dominicana, Santo Domingo, para darse cuenta de que las ejecutorias del recién creado organismo: Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre, se les advierte ausentes casi por completo; y, que el mismo luce ser un elefante blanco, dentro del área, más que otra cosa, formado para una cubrir una mayor “huacalización” politiquera disimulada, en esta Tierra de los coloreados partidos que gobiernen. ¡Se convierten en sus dueños, tan pronto alcanzan el poder!

A pesar de que esa fue una institución creada dizque para intentar resolver, aun fuera parcial por el momento, los innúmeros problemas que se verifican en el sector transporte a nivel local, en base a la tan cacareada nueva ley aprobada, que sustituyó la antigua normativa 241-67, con la cual muchas cosas se hubieran resuelto, sin que mediaran los padrinazgos de estilo siempre, la verdad es que, con todo lo último en vigencia, los correctivos que se imponen con prontitud dentro de la cuestionable actividad, y que ya debieron disponerse, hace un tiempo razonable, están brillando por su ausencia.

Muy poco  es lo que se observa en ese orden.  Las muestras fehacientes están de sobra, Y, por consiguiente, se podría decir entonces, sin temor a equívoco, ¡qué al parecer!, nada se está haciendo desde esa nueva estructura reguladora del transporte en el país. ¡No sorprende, por “las intríngulis” que subyacen!

Que las problemáticas que afectan a esta sociedad en el tenor de lo tratado, no es cuestión de haberse creado otra entidad oficial controladora más amplia, con dependencias adscritas suficientes, sino de voluntad política, y autoridad sentida; como, de respeto a las reglas y normativas dispuestas, que se violentan alegremente. Lo que en realidad se necesita aquí con relación a ese asunto, es mano dura; y, qué tanto lo legal, como punitivo, rija para todos, sin distinción de clase social envuelta.

A simple vista se puede apreciar entre nosotros, que el mismo desorden, iguales temeridades, y desaprensiones, en las que incurre la mayoría de los conductores en este país, sin importar que manejen vehículos livianos, o pesados, incluso los “endiablados” motoristas, continúan de mal en peor cada vez.

Ni siquiera se ha intentado establecer un horario de tráfico especial para patanas y camiones, como vías escogidas para transitar, que deben ser de las medidas obligadas que se adopten, a los fines de que esos armamentos rodantes, hasta con doble “trailer” en la cola, no continúen desplazándose “como la jonda del diablo”, tal dice el pueblo, en medio del gran cúmulo de vehículos de menor tamaño, que circulan con regularidad durante las llamadas horas pico. ¡Se llevan a cualquiera de encuentro! ¡Si le “choqué”,  “abollé” el vehículo liviano, y hasta maté al conductor, o pasajeros, eso poco importa!

¿Y qué? La mayoría de esos grandes camiones y patanas son propiedad de políticos en el poder (funcionarios estatales); y cuando no, militares de alto rango, en servicio, o pensionados.  Mandamases, a los que todo les está permitido; y, con los que nadie se puede meter.

Esa gente, como bien se sabe, resulta intocable en países de tarados y pusilánimes, como el nuestro, no cabe duda, donde las leyes y su aplicación severa, solo rigen para los chiquitos, aquellos que no tienen padrinos, y que tampoco pueden pagar los servicios de buenos abogados, que se hagan cómplices, y negociadores de sentencias, como es lo que de ordinario se estila en los tribunales de esta República.

Por donde tiene el precitado organismo que comenzar su trabajo enmendatorio, es el intentar corregir aquellas indecorosas acciones choferiles-viales, y otras relativas, no menos lacerantes, que les rompen un ojo a cualquiera, y que hacen preguntarse, si esta nación es un país civilizado, o una selva de cemento, en la que transitan animales irracionales,  su mayoría; personas que nada les importa; que la vida de los demás no les merece respeto, ni consideración alguna.

Entre esas, cabe hacer mención: cruzar semáforos con la luz roja  puesta – son potenciales homicidas aquellos que incurren en esa práctica -; desplazarse temerariamente sobre las aceras peatonales, vehículos y motores, para evadir tapones de automóviles, y demás, poniendo en riesgo las vidas de las personas que se mueven a través  de esos espacios públicos; bloquear las esquinas, carros y guaguas del servicio público de pasajeros, para esperar y recoger usuarios, interrumpiendo el flujo vehicular que viene detrás, en actitud los conductores, de que a ellos nada les importa, y que se les tiene que esperar. Lo hacen en medio de cualquier calle, o avenida también, sin reparo alguno; estacionar vehículos a ambos lados de las vías de tráfico; cuando no, los suben sobre las aceras, etc., etc.

Completa el desastroso escenario, la ocupación de esos mismos lugares últimos señalados, de ordinario repletos de: materiales de construcción, desperdicios varios, talleres diversos, o efectos en exhibición, pertenecientes a tiendas y comercios cercanos, que los usan como extensión de sus locales.

El caso es que, todo aquel que conduce un vehículo en esta nación, repleta de ciudadanos inconscientes, puede hacer lo que le venga en gana; más aún, si es político de renombre, militar, chofer público sindicalizado; novia, esposa, o amante de algún jerarca en el poder.

Esas últimas se cansan de estar hablando sandeces por los teléfonos celulares mientras conducen, a pesar de la prohibición que rige, y todavía les pasen cerca de los pies a los agentes de la antigua AMET, hoy DIGESETT, estos ni se enteran, debido a que son muy selectivos en la aplicación de la ley, en vista de que les pueden hacer botar del Cuerpo, o cancelarles, con una simple llamada telefónica.

Obviamente, “este es el país de las maravillas musicales”, como decía jocosamente alguien por ahí, con estructuras oficiales que no funcionan, y donde se les aplican las leyes a los infractores, discriminadamente.

Ojalá que el INTRANT, finalmente, no tenga que ser considerado como parte del gran conjunto alusivo a esa calificación que se tiene en esta República, por lo que hasta ahora se está mirando con respecto al mismo.

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

 

 

 

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