Porque ya no es mi mundo; ¡o, no puedo soportar más!: concepciones suicidas

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Son muchas las personas que ignoran su verdadera esencia, espiritual; qué, en realidad no son un simple saco de carne y huesos, sujeto a los vaivenes existenciales de la vida terrena;  que el verdadero hombre (general) es el espíritu que se “reviste” con aquel, para poder expresarse en el plano de la materia física densa, a los fines de cumplir con las misiones de representación divina, como de carácter kármico individual, o grupal, previamente asignadas a sus encarnaciones transitorias en la Tierra.

De ahí que, cada corriente de vida a cursar en dicho plano físico, fragmento de la Vida Una y Eterna, sea objeto de un prediseño, en términos de las circunstancias, y entornos sociales requeridos durante la misma, como familiares necesarios en sí, padres sanguíneos, y demás; país, y zona mundial requerida para nacer.

Viene a colación la temática, en razón de la marcada proclividad hacia las actitudes suicidas que durante los tiempos últimos se han venido verificando, y sobre lo que cualquier pensante, hasta de inteligencia media, se preguntaría, ¿por qué?

Principalmente, más chocante resulta un hecho de ese tipo, en personas que investigan, o que llevan años estudiando sobre asuntos esotéricos, y que se supone tienen cierto grado de conciencia espiritual ya logrado.

Además, que conocen sobre lo que habrá de ocurrirles a las Almas de que se trate, ante ese proceder humano, como las consecuencias kármicas que acarrea la suspensión de la existencia física concedida, antes del tiempo cronológico programado para disfrute; y, como es lógico suponer, cuando se puede estar interrumpiendo el sendero evolutivo necesario, lo cual quedaría sujeto a una punición obvia.

Reflexionando sosegadamente sobre las decisiones suicidas de que aquí se trata, directamente asociadas con investigadores y estudiosos de las filosofías esotéricas diversas existentes, se podría arribar a una posible conclusión conjunta sobre el particular.

Y, es que, por un lado, podrían esos intuir que las misiones asignadas al Alma para la corriente de vida última programada, han sido ya completadas; y, que ese curso en la “escuela mistérica” llamada Tierra ha sido concluido, por lo que ya se puede asistir a otro próximamente, con un nivel superior, y con otras misiones que cumplir.

Como consecuencia de eso, es posible el que haya una sentida insatisfacción mundanal presente; que se entienda, ya no es mi mundo; ¡o, ¡qué no se puede aguantar más!; por lo que, cualesquiera de los dos pensares, puede inducir a tratar de abandonar súbitamente la existencia física.

Por el otro, que, dado el nivel de evolución espiritual obtenido hasta ese momento, las tantas actitudes humanas despreciables que se verifiquen a su alrededor, como algunos hechos inapropiados que se asocien, entre otros flagelos notorios (degeneración social, y familiar generalizada, desorden, criminalidad, delincuencia, etc.), provoquen gran hartazgo existencial, con la consecuente incomodidad derivada.

Y, como de seguro aún queda parte de la imperfección atribuible al espíritu en cuestión, no se esté en condiciones todavía de manejar circunstancias adversas a su nuevo estado evolutivo, con la quietud, o conformidad requerida. Luego, cunde el desespero aguijoneante de no querer permanecer por el momento sobre el Planeta Tierra, aunque luego se tenga que retornar, para proseguir hollando el sendero hacia la perfección correspondiente.

En conexión con lo expresado, demás estar decir que, la temática aquí tratada luce bastante intrincada, y que cuando se advierten eventuales actitudes suicidas en cualquier persona, el manejo de esas situaciones se torna bien complejo y delicado, máxime cuando solo está a cargo de psicólogos, o psiquiatras, que nada más se rigen ambos por los paradigmas científicos convencionales de estilo.

Con gran notoriedad se puede advertir que, en su gran mayoría, esos como tales ejercen,  ignoran otros fatores más profundos de naturaleza espiritual esotérica que se deben ponderar dentro del contexto necesario, como son aquellos que se pueden derivar de la llamada “Regresión del Alma” (“Terapia de Vidas Pasadas”), que ya no envuelve tantos misterios como antes, siendo hoy una técnica que vienen utilizando algunos profesionales de la conducta humana, para auxiliarse en los diagnósticos y tratamientos a prescribir ¡Claro, no abundan los mismos!.

Cabría decir que, se pueden conocer en parte, a través de ese medio, los antecedentes del espíritu encarnado de que se trate, y de los que dependan comportamientos, o proclividades futuras que puedan incidir en el sentido de lo abordado aquí directamente – “suicidios” -; como, a situaciones kármicas punitivas por las que se tenga que atravesar necesariamente, y que provoquen el atentar contra la subsistencia física.

Como informaciones complementarias, a los fines de avalar en parte cuánto se ha expresado aquí, cabría agregar finalmente que, según sostienen autores entendidos en el asunto, el suicidio, “negación a querer continuar viviendo”, dicho en términos bien sencillos, se puede verificar en cualquier persona común, por causas diversas, entre ellas huir de circunstancias tormentosas (puniciones) imposibles de evadir, sea hoy, o después; y, que no solamente tiene que ser en  conocedores sobre asuntos esotéricos, por los motivos expuestos antes. Pero que, sin importar de quién se trate, siempre estará precedido el evento penoso de un profundo estado depresivo; y, que es aquella decisión, la consecuencia más terrible que se considera, cuando se sufre de tal afección.

Definen la depresión como: “Una tristeza prolongada y profunda”. “Es un estado de espíritu de melancolía, tristeza o desesperación”. También se afirma que, “es una condición propiamente del Alma, que se puede arrastrar desde la Tierra, tras una encarnación del espíritu, y traerla después consigo, cuando se regrese de nuevo al plano físico, a cursar otra corriente de vida”.

Por último, cabe apuntar, que el suicidio lo clasifican en “directo o consciente, indirecto o inconsciente”. En el primero, “la persona decide deliberadamente eliminar su propia vida, haciéndolo a través de una irreversible autoagresión, sin tiempo ni medios para que se pueda dejar la acción sin efecto”.

En el acto del segundo tipo, inconsciente, la persona, dominada por una profunda tristeza (depresión), se va abatiendo lentamente, entregándose al desaliento; consume las fuerzas psíquicas y físicas, hasta que el cuerpo, perdida toda la resistencia, no permite más que el alma se mantenga en él, expulsándola de la vida. En esa muerte emocional, la persona se niega a vivir”. ¡Más difícil se hace en este la detección!

Tal se puede advertir, meditando con la quietud debida,  como dejando de lado cualquier parcialización que pueda interferir, sobre esto último que se expone, y demás, sí que podría considerarse como muy intrincada, o insondable la temática  del suicidio; y, en lo particular creemos, que jamás puede ser tratada al margen de la esencia verdadera de la especie, lo espiritual esotérico, con todos sus intríngulis; como, sin contar con el concurso oportuno de orientadores no convencionales autorizados.

Procurar entonces toda “Regresión del Alma” posible, como técnica, y fuente de orientación obvia; e ir hacia atrás de esa forma, en búsqueda de causas antecedentes, que se puedan asociar con determinados comportamientos humanos del presente, y claro, que se adviertan como factibles, siempre será importante, para las prevenciones y ayudas relativas, en términos del combate efectivo, tanto de la depresión base, como de los suicidios mismos.

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

 

 

 

 

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