Necesitamos que Haití se desarrollo

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VISIÓN GLOBAL
Por Nelson Encarnación

Conforme datos estadísticos mal explicados por las autoridades, el impacto que tiene la presencia haitiana sobre el presupuesto de salud pública es tan dramático que se calcula en un 30% anual.

Nos referimos al presupuesto general, pues ese impacto es aún mayor si se desagrega y sólo se toma como base lo asignado a los centros de salud de la frontera, cuyos hospitales reciben un constante flujo de pacientes que cruzan de las poblaciones haitianas, ante la realidad de que los escasos centros sanitarios que hay del lado haitiano carecen de todo. Ni siquiera deberían llevar el nombre hospital.

Ante esta penosa realidad adquiere categoría de emancipación sanitaria para los haitianos el reciente anuncio de que está en camino un proyecto para la construcción de varios hospitales allende la frontera, una iniciativa que debe y tiene que contar con el apoyo decidido de los dominicanos.

Sin embargo, llama poderosamente la atención una declaración del embajador francés en la República Dominicana, conforme a la cual la Unión Europea concibió un proyecto encaminado a desarrollar un ambicioso programa de construcción de hospitales en la frontera, el cual se abortó debido al poco o ningún interés mostrado por las autoridades haitianas.

Esta revelación del embajador José Gomes se produjo pocos días después de que el canciller dominicano, Miguel Vargas Maldonado, anunciara sobre una iniciativa que, aparentemente, retoma la idea anterior de levantar hospitales en el lado fronterizo de Haití.

No es de extrañarse que la actitud señalada por el diplomático galo fuese la respuesta de los haitianos, ya que aun fueran donados, los hospitales necesitarían de un cuido de acuerdo a los estándares de la UE, lo cual se sabe que no estaría en la capacidad de los haitianos.

Pero la razón que probablemente haya pesado más a la hora de la displicencia ante la oferta está en que teniendo en lado dominicano las necesidades de salud más o menos cubiertas para la población vecina de la frontera—aun con las precariedades de nuestros establecimientos médicos—no sentían ninguna urgencia en viabilizar la donación de la comunidad europea.
Sería oportuno que las autoridades dominicanas insistiesen en la necesidad los vecinos muestren una real apertura para la implementación de la oferta, en razón de que la presión que la población haitiana ejerce sobre nuestros hospitales es realmente onerosa.

La depauperización de Haití en todos los sentidos atenta contra nuestro progresivo camino hacia el desarrollo, un peso muerto que nos lastra de diversas maneras no sólo en el presupuesto de salud.

Sin embargo, eso puede ser subsanable. ¿Pero qué tal si los haitianos se trazasen como política la transmisión de enfermedades hacia este lado? No lo descartemos.

nelsonencar10@gmail.com

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