Necesario es a veces, llover sobre mojado, y más en Dominicana

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Arando en el desierto, si cabe el símil, difícil es enseñar, aunque se quiera hacer; es decir, cuando no se dan las condiciones necesarias ¡Qué lamentable!, el caso en este “solar” caribeño, donde la seudo revolución educación, que tanto se cacarea, supuestamente avanza. La venden los políticos como un gran logro; pero, los resultados no se ven.

Dice un viejo refrán, “qué querer es poder”. Ahora, en esta ocasión, sí que no se puede, porque la materia prima que se recibe deja mucho que desear; carece de las actitudes y aptitudes previas exigibles, para cursar estudios a nivel superior.

Estamos seguros de que a muchos profesionales dominicanos le gustaría legar parte de los conocimientos adquiridos en las aulas universitarias; como, cuánto les han aportado las experiencias de ejercicio continuo, a los jóvenes del presente. Pero, se presenta que, esa es una tierra que, casi totalmente infértil resulta. ¡Nada se da en ella!

La temática, aunque parezca cansona, no se debe dejar de lado en esta nación, por las consecuencias dañosas, e indiscutibles, que habrán de arrojar para nuestra República. ¡Hay que seguir insistiendo!

Los buenos profesionales locales en las distintas ramas del saber, se están extinguiendo con rapidez entre nosotros; y, ningún país sin educación, como gente apta que ejerzan con efectividad en las diferentes disciplinas del saber científico, jamás avanzará, y mucho menos podrá salir a camino.

Aquí todos los relevos generacionales en ese orden, que corresponderían a las presentes generaciones, lucen “estar en lontananza”. Muy poco es lo que se advierte cercano a la realidad necesaria.

Los jóvenes y adolescentes nuestros, no están en actitud de capacitarse; prefieren estar viviendo “el día a día”, como se dice, y siempre adherirse a las modas que cursen, esnobismos, y la degeneración social presente.

Eso, amén de la poca formación académica básica que ostentan, en adición a la deficiente formación pre-úniversitaria que reciben. Por ejemplo, los bachilleres nuestros, apenas saben leer y escribir, en su gran mayoría; y, de aritmética simple, como cálculos matemáticos sencillos, ¡son conocimientos para reírse!

Uno se pregunta, ¿y cómo pueden asimilar entonces, los estudiantes de educación superior hoy, conceptos de carreras profesionales que se les impartan, por más que un profesor se esfuerce? ¡Imposible, verdad! La frustración en el docente no se hace esperar.

También, es muy poco el sentido de responsabilidad que exhiben. Sin embargo, andan en busca de un papel, con una cinta pegada (título), y un anillo que presentar, para pantallas nada más. Son capaces de hacer de todo para obtenerlos, menos preocuparse por estudiar.

Los mejores escenarios para comprobar lo expresado, son las aulas universitarias, principalmente las de la academia pública del área, por el grueso de los alumnos que recibe cada semestre que se inicia, cuya procedencia no es el sector privado de la educación nacional, como bien se sabe; pero, en ese tampoco aparece la gran cosa; por igual arrastran aquellos, innúmeras lagunas desastrosas.

Aunque la UASD, en parte haga esfuerzos por nivelar los alumnos que recibe, los frutos que se recogen son muy pocos. Los quehaceres en ese orden, tienen que ser revisados por dicha institución; y, complementarlos con: impartir un examen de nivel a todos aquellos que aspiren a matricularse en la misma; disponer los completivos necesarios a partir de dicha prueba; y, luego dar seguimiento al rendimiento académico exigible, mientras estén cursando estudios allí.

Esa sería la más llamada, por la recepción de los dineros con que se maneja, y la responsabilidad social reciprocatoria debida.  Las instituciones privadas, aunque algunas flexibilidades obvias se justifican, por las facilidades económicas de que disponen, tampoco están exentas del mismo deber para con la nación: preparar profesionalmente a sus alumnos; y, en el orden ético-moral también.

En nuestra condición de docente uasdiano aún, es mucho lo que hemos escrito sobre ese particular, a pesar de que siempre se nos haga caso omiso. Pero, procede seguir lloviendo sobre mojado, hasta ver qué se logra.

Quizás algún día las aguas rebozadas, induzcan a adoptar aquí cuantas medidas sean pertinentes, en favor de aportar una mejor preparación al relevo generacional de que se trata, siempre requerido en toda sociedad. La nuestra, también se está obligada.

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

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