Lo que hay es inconsciencia humana, no guerra entre religiosos

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Cuán necesario se haría, que temáticas de ese orden, tal esa  abordada en el AM  que publicara el periódico “Diario Libre”, en su edición de fecha 25-11-19, fueran elegidas de ordinario por ese mismo medio para tratarlas con la profundidad debida, al igual que otros, no solo a nivel local,  editorializando inclusive en ocasiones, a los fines de contribuir a erradicar en parte la tanta ignorancia que lacera las sociedades actualmente, en el sentido de lo que debe ser la religiosidad de la gente; como, el procurar conocer la esencia real de la especie humana: espiritual.

Catalogar como “Guerra de religiones”, según se intitula el AM de referencia, las actitudes muy impropias que comúnmente se observan entre los que profesan creencias de orden distinto, a nivel de los diferentes grupos sectarios existentes, quizás no sea la forma más apropiada de calificación.

Al referirse a esa, tampoco aplica el considerar como causa principal de las discusiones, o enfrentamientos verbales relativos que se dan, la búsqueda de poder; y, el querer someter a las otras sectas, para mantener una hegemonía unilateral aspirada, según se entiende.

Es obvio que, cuando de guerra se trata, dicho así, que se interpreta de inmediato como acción bélica, y lo que de ordinario en el fondo es, según la definición generalizada del término, estarían incompletos los señalamientos, sino se hace mención a los tipos de armas a utilizar, de acuerdo con los fines subyacentes. También, sin ponderar a la capacidad de respuesta que tenga el enemigo objeto.

Respecto de la aludida guerra entre religiosos, que ahora nos ocupa, se puede afirmar que, en el presente no hay nada bélico envuelto en eso, como otrora ocurría, según la historia; sí, concepciones mal fundadas, fanatismos a granel, ignorancia, y palabrerías defensoras de pareceres individuales.

Conforme aparece en la red de la Internet, “La noción de guerra está relacionada con términos  como combatebatallaluchapelea o enfrentamiento. En general, todos estos conceptos son intercambiables y sinónimos, aunque cada uno tiene un uso específico que le sienta mejor. Por ejemplo, es correcto hablar sobre un “combate entre boxeadores”, pero no de una “guerra entre boxeadores”.

A partir de la transcripción hecha, ¿se podría hablar entonces de guerra entre religiosos? Evidentemente, nada de eso es lo que hay en el fondo, cabe reiterar.

Y, si es con relación a lo que es religión, dice en el mismo medio digital: “Religión suele definirse como un sistema cultural de determinados comportamientos y prácticas, cosmovisiones, éticas, textos, lugares sagrados, profecías u organizaciones que relacionan la humanidad a elementos sobrenaturales, trascendentales o espirituales”. ¿Se puede hablar de guerra realmente, partiendo de ahí? ¡Creemos que no!

​Es una gran verdad que los religiosos actuales, y hasta algunos miembros pertenecientes a sociedades esotéricas, que suponen tener un mayor grado de concienciación espiritual, se tiran entre sí; se guerrean verbalmente, si puede llamarse, en defensa de cuánto creen saber, y hasta muestran ciertas actitudes de desprecio hacia otros feligreses fuera de su grey; es decir, que no estén dentro del mismo grupo formal.

Los que se autodenominan cristianos, por lo regular, condición que, por lógica, no es de su exclusividad (católicos, evangélicos, adventistas, pentecostales, bautistas, etc.), que adoran al mismo Dios Supremo; que tienen como texto guía la misma Sagrada Biblia; y, que proclaman a Jesucristo también, como su salvador personal, se discriminan, y se “atacan” mutuamente. ¡Es innegable!

Alardean muchos que solo ellos son salvos, a partir de las prácticas devocionales diarias, a su manera, claro está, con posterioridad al llamado arrepentimiento. Entienden, que con el mismo se borra todo lo indebido en que han incurrido con anterioridad.  ¡Qué perdidos están!

Naturalmente, ¡se autoengañan!  O, se dejan ilusionar, por la falta de conocimientos. En realidad, el arrepentimiento crea ciertas barreras; separa el antes, y un después; pero, lo hecho, hecho está, y queda sujeto siempre a las puniciones kármicas generadas, bajo la “Ley Natural de Causa y Efecto”, cuya aplicación tiene carácter inexorable.

Todo eso que hoy se ve, en el tenor de lo tratado, en verdad no es guerra, como de ordinario se conoce; sino, producto de la ignorancia, “pecado capital de la humanidad”, según la filosofía budista (Buddha Gautama). Por desconocimiento se hacen muchas cosas a veces.

Y, como es obvio suponer, en adición están las conveniencias, o “acotejos” de las prescripciones bíblicas a que se haga referencia, en los que se incluye la captación del famoso diezmo por parte de las iglesias, y que deben aportar los feligreses; como, el uso de las demás ofrendas que se reciban.

No son pocos los seudo pastores que se han hecho ricos millonarios en base a esas jugosas limosnas, o ayudas a las iglesias. Los referentes están de sobra. Además, en adición cuentan, todos los beneficios estatales que se reciban, y que bastante atraen también, para crear fortunas personales sólidas.

Cuando las sociedades adquieran conciencia sobre el propósito de la humanidad en el planeta Tierra; de su verdadera esencia: espiritual, como del proceso evolutivo a cargo de la entidad encarnada; de quién en realidad fue al amado maestro Jesús, y el móvil del ministerio que Este llevara a cabo durante su estadía en el plano físico de la materia, los hombres (general) comenzarán a pensar de manera muy diferente.

Además, cuando sean conocedores de que, la Conciencia Crística que Aquel encarnara, desde los 30 a los 33 años, la Misma del Padre en los Cielos. irán desapareciendo, como por arte de magia, todas esas sectas religiosas hoy vigentes, fanatizadas, promotoras, y defensoras de creencias aéreas, con muy pocas bases sólidas de sustentación, e intereses personalizados que medien al ser profesadas, para dar paso a la “Religión Universal Una”, en el mundo, de que hablan connotados esoteristas, cuando la Tierra total este próxima a alcanzar el grado completo de divinidad espiritual presupuestado por el “Creador de Todo”. ¡El planeta tiene que llegar a ser sagrado!

Finalmente, creemos aconsejable incluir aquí, a manera de colofón, si es que aplica, dos pasajes del comentario de Paramahansa Yogananda sobre el Nuevo Testamento, respecto de “Las verdades ocultas en los Evangelios”, que aparecen publicados en la red de la Internet. Servirían de aguijones bien poderosos hacia las investigaciones debidas por parte de los humanos, desde hace ya buen tiempo.

“Los salvadores del mundo no vienen con el propósito de fomentar divisiones doctrinales hostiles; sus enseñanzas no deben ser utilizadas para tal fin. Incluso referirse al Nuevo Testamento como la Biblia «cristiana» es, en cierto modo, impropio, dado que no se trata del patrimonio exclusivo de ninguna confesión religiosa en particular. La Verdad se halla destinada a beneficiar y elevar a la raza humana en su conjunto. Así como la Conciencia Crística es universal, así también Jesucristo pertenece a todos”. […]

“Hay una distintiva diferencia de significado entre Jesús y Cristo. Jesús fue el nombre que recibió al nacer, en tanto que «Cristo» era su título honorífico. En el pequeño cuerpo humano llamado Jesús se produjo el nacimiento de la vasta Conciencia Crística, la omnisciente Inteligencia de Dios que está presente en cada elemento y partícula de la creación. Esta Conciencia es el «hijo unigénito de Dios», llamado así porque, dentro de la creación, constituye el único reflejo perfecto del Absoluto Trascendental, el Espíritu o Dios Padre”.

Fue a esa Conciencia Infinita, saturada del amor y la dicha de Dios, a la que se refirió San Juan cuando dijo: «Pero a todos los que la recibieron [la Conciencia Crística] les dio poder de hacerse hijos de Dios». […]

Cuántas diferencias en todo lo aquí expuesto, respecto de los postulados, preceptos, y hasta conceptos amplios etc., que dictan, o enseñan, las religiones convencionales en el marco de muchas de sus infundadas creencias. ¿Verdad, o no?

¡A “cranear” entonces, hermanos!

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

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