Ley 16 -19, un nuevo engendro prohibicionista

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La “ley  16 -19, que prohíbe el uso de la  hookah en lugares públicos y privados”, recién promulgada, apuesta de nuevo al modelo prohibicionista y represivo, que más que aportar a resolver el fenómeno  de las drogas, ha contribuido a agravarlo. Con argumentos desde la perspectiva salubrista se intentan disimular ejercicios   autoritarios basados en la mal llamada guerra contra las drogas, que solo puede ver medidas represivas como respuestas a los problemas.

Prohibir hookah o  pipa de agua, o cualquier otro instrumento no contribuye en nada a reducir la demanda de drogas, y atenta contra los derechos individuales de las personas. Lo que si va a lograr es empujar a la ilegalidad a las personas usuarias, y por lo tanto a incrementar los apresamientos, la judicialización,  y la corrupción, que siempre obtiene ganancias con medidas absurdas como estas. La “ley  16 -19,   es en realidad  un  nuevo engendro prohibicionista.

Ya en  abril del 2017, el Ministerio de Salud, desde una perspectiva correcta, emitió la “Resolución Nº 00003, que regula el uso de la hookah o pipa de agua”, pero no hubo interés en aplicarla. El camino correcto es la regulación, pero pesan más los alardes autoritarios.  Fumar en sentido general, sin importar la sustancia que se consuma es dañino para la salud. El tabaco es  la droga más dañina que ha usado y usa la humanidad en toda su historia. Sin embargo, la solución no es prohibir a las personas que fumen.

Sorprende la promulgación cuando el presidente de la República ha afirmado que “se deben diseñar nuevos modelos, pues “los actuales no nos están llevando a ayudar nuestros fines”. Que ha llamado  “ser audaces en la búsqueda de soluciones y a explorar nuevos modelos, si los actuales se muestran insuficientes”. Que se ha referido a las actuales políticas como causantes de “un desastre humanitario, que tiene su origen demasiado  a menudo en políticas mal concebidas y peor ejecutadas”.

Las sociedades más conservadoras son  las que más prohibiciones establecen para luchar contra las drogas, pero son justamente las menos eficaces, las que ven crecer el tráfico y consumo, y problemas asociados. Mientras más conservadora es una sociedad más serán las medidas prohibicionistas.  Las prohibiciones no contribuyen con la educación de las personas. Si el país quiere realmente avanzar en materia de drogas, debemos dejar de lado estos modelos que son más alardes autoritarios y   mediáticos  que soluciones efectivas.

Nuestros gobernantes  harán un gran aporte para la reducción del consumo de drogas, cuando legislen para masificar la prevención, para diversificar y fortalecer las estrategias de tratamientos y reinserción social. Cuando dejen de lado la discriminación y el estigma contra las personas usuarias de sustancias. Cuando reconozcan las estrategias de reducción de riesgos y daños. Cuando la investigación,  la formación de profesionales y técnicos para la reducción de la demanda de drogas, sean parte de nuestras estrategias de forma prioritaria,  como están haciendo los países que desarrollan estrategias coherentes en materia de drogas.

 

Juan Raddamés de la Rosa Hidalgo.

Psicólogo.

Director Ejecutivo Casa Abierta.

Febrero 2019

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