¡Leer Biblia en escuelas! Lo que no se ha tenido en cuenta

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Cuando nuestros políticos en el poder, y demás sectores hegemónicos aquí, quieren desviar la atención respecto de los grandes problemas nacionales, de inmediato se buscan una temática sustitutiva, y la lanzan al “escenario” público local, para que se esparzan las opiniones y comentarios “desplazantes” de lo que se quiere, entre la población, como las centellas que emanan de los petardos que se fabrican para los llamados fuegos artificiales conmemorativos, al momento de estallar.

Ahora, el tema es la lectura de la Biblia en las escuelas y colegios de país, que sale a la luz pública, a partir de la resolución que sometiera ante la Cámara de Diputados, la legisladora Besaida González del Partido Quisqueyano Demócrata Cristiano (PQDC), quien solicitó a través de la misma el cumplimiento de la ley No.44-00 en que estipula “la lectura e instrucción bíblica en las escuelas públicas y privadas de la República Dominicana”. La misma fue devuelta a la Comisión de Educación. ¿Cuántos años tiene esa disposición, y por qué no se ha aplicado? ¿Resolución para qué?

Se consigna en la citada pieza legislativa que, “la Biblia es la fuente primigenia y esencial de los principios y valores cristianos, constituyéndose en el libro más importante en la historia de la humanidad por sus enseñanzas y el concepto moral que transmite al hombre”, sobre lo cual no cabe ninguna duda. (Periódico digital “El Sol”).

Como era de esperarse, de inmediato aparecieron los pareceres a favor y en contra de la lectura del Sagrado Libro en las aulas del país, externados por otros congresistas, verbigracia, la connotada Faride Raful, que no está de acuerdo, según fuera publicado, como educadores, religiosos, e importantes personalidades de la nación. Todos los criterios vertidos se deben analizar y ponderar, para “no errar en el blanco”, como se dice.

Erróneamente, se está ligando el asunto hasta con concepciones de orden politiquero, al decirse que, dentro del PRM, hay muchos evangélicos que podrían no sentirse bien con eso de que no se permita la lectura de la Biblia en las escuelas, según han expresado algunos perremeistas, y que eso provocaría en esos religiosos, el no sufragar en favor de los candidatos de esa entidad política.

Ahora, más que notorio se reporta el hecho que, no se haya tomado en consideración, independientemente de la normativa legal que mande la lectura de que se trata – ley No. 44-00 – ya sea de forma obligatoria, u optativa, como del enfado que puedan mostrar los llamados evangélicos, o protestantes, la categoría de las Sagradas Escrituras que contiene la Biblia, en términos de espiritualidad, incluso tintadas de esoterismo puro muchas de ellas; como, metáforas,  parábolas diversas, a las cuales hay darle mucho cráneo para tratar de comprenderlas, aun sea de manera parcial.

Que, no obstante, las tantas traducciones, interpretaciones y acomodamientos que sea han llevado a efecto con relación a las mismas, no todo el mundo está en capacidad de entenderlas, como de extraerles la quintaesencia. De ahí las diferentes sectas religiosas convencionales que se tienen en el mundo hoy, y fundamentan sus enseñanzas en dicho libro.

Entonces, mucho menos es una obra para ponerla en manos de estudiantes como los nuestros, y exigirles entendimiento, ya que no son secretos para nadie las deficiencias que arrastran en tal sentido; que apenas saben leer y escribir; que desconocen por completo lo que es lectura comprensiva, posiblemente hasta más allá del bachillerato. No nos engañemos, que los precedentes de las evaluaciones realizadas están bien a la vista, y no solo aquí, sino en el exterior también.

La Sagrada Biblia contiene una filosofía espiritual muy intrincada. Claro, es algo que no se detecta a través de una simple lectura y recitar de pasajes, como versículos allí plasmados, tal es lo que de ordinario se estila entre los religiosos convencionales socializados, sino de profundos y sosegados estudios, traslativos hacia el ámbito de lo esotérico, con lo que tiene una innegable relación, aunque quizá algo indirecta podría decirse, debido a la generalización implícita de los usuarios a que se dirigió, por lo que eso, no lo advierten los lectores superficiales.

La Biblia fue escrita originalmente en tres idiomas: arameo, hebreo y griego, y para llevar eso a todos los que están en uso hoy, ¡no es muy fácil! Hay frases en ella cuya traducción se hace prácticamente imposible. ¡Qué le echen hilo al bollo!

Sus enseñanzas se corresponden, principalmente, con la llamada “Era Cristiana”, la de Jesús el Cristo, conocida también como “Pisciana”, que, según los entendidos, está concluyendo ya, para dar paso a la Acuariana, que tiene otro Avatar como representante, cuyo nombre es conocido hoy en los ámbitos esoteristas con nivel.

No tan fácil entender ese Gran Libro, que se tiene como el más importante en esta etapa de humanidad. Los eruditos y grandes estudiosos, jamás osan poner en duda su contenido. Lo que más se atreven a decir es, “que no entienden muchas cosas de las en él están plasmadas”.

Creemos que, la Biblia es para estudiarla, no simplemente leerla, en las casas, en la solemnidad de los hogares; no en aulas escolares, y menos, si es que de grados inferiores se trata. ¡Qué los que engendran, hagan el trabajo que les corresponde!; y, los políticos, qué se dejen de estar inventando.

Son los padres quienes se deben encargar de la orientación, o formación espiritual de los vástagos, que es un compromiso que se asume durante la ceremonia del sacramento del bautismo, mayormente conocido en el catolicismo religioso.

Según la doctora Caroline Myss, en su valiosa obra: “La Anatomía del Espíritu”: “una familia, acepta la responsabilidad física y espiritual del hijo que ha traído al mundo”, al participar de esa ceremonia”.  Luego, ¿por qué no cumplirla?

Como es obvio, eso implica cuidados, salvaguarda, etc. Ahora, de todo quieren que se encarguen las escuelas. Por Ahí es que anda la susodicha ley, cuando de seguro los estudiantes aquí podían leer y escribir mejor; como, la iniciativa actual, en cuanto a requerir su aplicación desde el Congreso Nacional mismo, que, dicho sea de paso, cabe reiterar, no es necesario.

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

 

 

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