La vejez a destiempo y el decricaje que mata pasiones

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Por: Carlos Martínez Márquez

’El dinero es como el papel higiénico: cuando se necesita, se necesita urgentemente’’ Upton Sinclair

Dejando la política un tanto de lado y los temas de crisis mundial, como es el caso de Venezuela, que desde hace días, ocupa la prensa, acaparando la atención de la comunidad internacional, se me ocurre escribir algo distinto, como la de hacer una descripción con términos que se desprenden de la formalidad de nuestro lenguaje y que a su vez, nos causa tanta jocosidad, que de momento, encontramos una dosis de antígeno para erradicar el estrés.

En días pasados me encontraba platicando con amistades sobre lo que es vivir en la opulencia, que vivir en condiciones holgadas, nos da un aspecto distinto a los que no tienen acceso a ese bien pecuniario como lo es el dinero. Cuando en la vida se ostenta de todo, nuestras expectativas emocionales y auto estima aumentan. En tanto para los demás, quienes siempre viven bajo presión económica, la existencia es una tortura china. Imaginémonos la vida de personajes del jet set, estrellas de Hollywood, artistas o personas poderosas en la política mundial, al igual que deportistas de alto rendimiento, con buena paga y el empresario: son personas que en donde quiera que van o  residen, tienen a su disposición un personal de servicio (cruceteándose) por todas las instalaciones donde se encuentren.

La nómina de sirvientes son considerables, ‘’cada quien, para cada cosa’’. ¿Se imaginan la vida del multimillonario Bill Gates; la extravagancia de lujo de Beyonce y J-Z, o, Jlo y A-Rod, Donald y Melania Trump, o tal vez la afroamericana, mundialmente conocida Oprah Winfrey? Bien, fijémonos en sus apariencias: estos personajes, no saben lo que es vivir en ‘’olla’’ y que obviamente, no aparentan decricaje alguno. Estar en ‘’olla y decricaje’’ son términos muy nuestro, que surgen de cualquier rincón periférico de la vecindad o barrios, y que causa tanta risa, que nos burlamos de nuestra suerte y carencia. A estos personajes de opulencia, se les cambia sabanas diariamente, al igual que los set de toallas para cada parte del cuerpo y en colores blancos, buenos ambientadores con olores a Jacinto, o esencia de Bouquet, etc.

Desayunan, almuerzan y cenan a la carta, ya sea en restaurantes o en sus flamantes residencias, botellas de vinos para relajar la motilidad intestinal (‘’hacer estomago como se dice popularmente’’) al momento de degustar las exquisiteces servidas en la mesa, y  en medio de todo eso, una plática con léxico refinado. Cuando observo al otro lado de la acera, me doy cuenta de ese otro estilo de vida de marcado contraste… los  ‘’elfos revejíos’’, con panzas hinchadas y enormes cabezas, pavoneándose por las esquinas donde sirven frituras, salami o cualquier otras alternativas como las carnitas, orejitas y hociquito de puerco, etc. Veo, además, como los jóvenes de estos tiempos, que nacen en una familia con dificultades y estrechez económica lucen envejecientes a destiempo, se les ve la piel deteriorada y labios resecos, pidiendo a gritos suplementos multivitamínicos, para compensar el déficit de vitaminas que hay en sus cuerpos.

Y, si se diera a la inversa con los personajes de vidas despampanantes con relación a  los de periferias? Entonces, tendríamos un retrato en blanco y negro con medio de contrastes, en que me hace pensar que estuve en presencia de algún suceso en la tierra, como la caída de un meteorito, que los habría dejado con la piel descolgada, narices destempladas, ojos absortos de miedos y desdentados y sus miembros encogidos, haciéndolos parecer figuras prehistóricas. Todo ese glamour se va a ‘’pique’’ y los encantos se evaporan con el tiempo.

El decricaje pasa desapercibido cuando se vive en medio de la abundancia, y el semblante de la gente fuera de revista. No perdamos la Fe, pero, por favor no incursionen en política para buscar fortuna. La pócima de la juventud está en sobrellevar una vida sosegada y humilde, y la grandeza esta en no envidiar a los demás, ni odiar al prójimo y sonreír eternamente. A cada quien nos toca un pedacito de lo que nos corresponde en la vida.

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