La simpleza de la vida sin complicaciones

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Por: Carlos Martínez Márquez

¿’’No es la vida cien veces demasiado breve para aburrirnos’’? Friedrich Nietzsche

Un día como cualquier otro, despierto inmutable cada mañana; la misma con su propio colorido, diseñada, para enunciar la ordenanza cronológica del accionar del día. Como de costumbre: disipo mis tribulaciones y me refugio en la música, para recorrer en cada lírica, los contenidos que mantengan la llama de esperanza de un porvenir mejorado.

A pesar de los tantos arraigos de incertidumbres que nuestra sociedad experimenta-(creo) necesario- preservar la confianza y estar listos para contrarrestar el mal que nos acecha a cada instante. Reflexiono genuflexo, cuando me pongo de pies y abro mis ojos, que por suerte, es un indicador, de que es otra oportunidad que la vida me otorga, para describir en mi memoria los avatares del día.

Ya, en casa, el árbol de navidad se ha encendido, motivo suficiente para iniciar un fin de año que se aproxima, para dejar de lado el escenario adverso que los medios y redes sociales nos invaden cada momento. El balance de este año 2018 no ha sido el mejor, pero gracias al estoicismo del pueblo, no hemos sucumbido en los escombros del lado oscuro, que amenaza sistemáticamente la esperanza de un mejor porvenir. Ojala, tengamos, un año distinto y con mejores propuestas y resultados, para bien de todos.

Me ha tocado vivir en dos siglos distintos, el siglo 20 me brindo una infancia integra, sana y llena de ilusiones, en donde el romanticismo era el surrealismo vivido intensamente, plasmado en lienzo sintético, en la que el tiempo, se encarga de diluirlo como un percal que pierde sus colores, de lo tan intenso brilla el sol sobre ello. Mientras escribo estas líneas, pienso lo cuan hermoso fue aquello del recién siglo pasado. La eclosión del siglo actual, produce el desove del acceso de altas tecnologías y comunicaciones fluidas, que nos trasladan a cualquier lugar recóndito del planeta, pero, sin el mayor reparo de revertir la parte existencial que nos afecta, por las tantas interrogantes de nuestra existencia.

Rindo tributo a la simpleza, sin permitir que la vida me afecte de modo desproporcionada, el habito de vivir como príncipe a bajo costo; me gusta hacer mofa a la complejidad, que de pronto aparece de manera violenta, y como nos complicamos por asuntos nimios (a lo sin sentido, a lo insólito que provoca a veces, alterar mi estado de ánimo). Por eso, quiero llevar una vida sin reperperos, con ganas de realizar cambios estratégicos en el día a día, acudo a lo retro que nutra mi existencialismo, para  acercarme al pasado noble que me vio nacer. Mi alimentación es básicamente análoga, nada que envidiarle a la carta, que muchas veces me toma tiempo elegirla, por estar inventando lo gourmet. Me crie con un guiso de comida simple y con la que crecí, sin arriesgar la salud integral.

Quiero además, testimoniar, que mi vida está dividida en casi tres etapas; me ha dado lo mejor, de lo mejor, de lo mejor. Soy rico en todo excepto en dinero, porque no necesito nada más que lo preciso para estar de pies. La humildad es riqueza, es abundancia de lo que se ostenta de manera espiritual, la que sirve para crecer como ser humano, la que nos sensibiliza ante la tragedia de los demás y la que nos hace seres extraordinarios

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