La reelección

0
232

J.R. Nuñez Corona

Dicen que el domingo de resurrección debería ser un domingo de reflexión, aprovechando eso, y ahora que se mueven vientos de reelección me gustaría compartir con ustedes un cuento que escuché hace tiempo por ahí, dicen que fue captado de la vida real o vida presidencial. Y dice así:

Había una vez, un Doctor que era a la vez presidente de un país en el mundo, en el mismo trayecto del sol, a él le gustaba le gustaba inaugurar muchas obras del estado en plena campaña reeleccionistas, pero un día se le formó tremendo alboroto en una de esas actividades, llenándose el lugar de confusión y pánico.

En el alboroto decenas de guardias armados hasta los dientes se movilizaban de un lugar a otro violentamente pisando fuerte sus botas, entre la multitud de civiles que habían acudidos al lugar en busca de la fundita colorá o morada (no recuerdo bien el color), las fundas contenían varios alimentos a punto de vencer que el excelentísimo señor presidente de la republica le entregaba mano a mano a todos los presentes en una larga fila que parecía interminable.

En esas actividades el Doctor también ayudaba monetariamente a algunas personas,  las cuales se colocaban en otra larga fila para recibir una papeleta de un peso oro (cuando eso era mucho dinero).

Había otra larga fila de niños y adolescentes, en busca de muñecas y bicicletas, aunque las bicicletas eran escasas y solo los bien pegados al régimen alcanzaban algunas de ellas.

El presidente tenía problema en la vista desde hacía algún tiempo, razón por la cual siempre entraba un fardo de papeletas de un peso en el bolsillo derecho y en el otro algunas papeletas de cien, antes de salir de la ave. Máximo Gómez.

Las papeletas de un peso estaban destinadas para los pobres que acudían desde muy temprano a la actividad presidencial atraídos por la fundita y el peso que todos sabían que daban, aunque  la  fila daba pánico de lo extensa que era, pero era necesaria y obligatoria hacerla para estrechar la mano del presidente y en ese momento culminante: discretamente delante de las cámaras el mandatario le entregaba el peso, el cual llenaba de alegría a los salientes de la fila. Quizás por eso todos posaban sonrientes a las cámaras de los diferentes periódicos que siempre ponía en primera plana una foto de la actividad presidencial o real.

Las de cien pesos estaban reservadas para personalidades del lugar que acudieran donde el Doctor en busca de ayuda o aquellos dirigentes de oposición que decidieran apoyar al presidente públicamente.

Precisamente el alboroto se originó en la fila de un peso, cuando el primero en la fila recibió su papeleta y de inmediato salió como un loco de la actividad saltando en un pie por todo el camino, iba de un lado a otro como un chivo jarto de jobo alegre como ningún otro, el excelentísimo Sr. Presidente al percibir tal actitud de inmediato se puso chivo y le ordenó a uno de sus generales que lo detuvieran lo más rápido posible, pero el hombre desapareció con su papeleta en mano entre la multitud como por arte de magia, era mucha la gente que había, incluso habían un grupito vociferando: “Balaguer si sabe, si sigue con Morales”, donde quiera que se movía el presidente también se movía ese grupo a vociferar lo mismo.

Los guardias movieron cielo y tierra para encontrar al hombre de la papeleta, pero nada, parecía que se lo había tragado la tierra.

El Doctor se mostraba insatisfecho por la incompetencia de la guardia presidencial y suspendió la actividad por el enojo tan grande que sentía, uno de los generales se le acercó al presidente con mucho respeto y cuidado tratando de entender el incidente y le preguntó al oído:

-¿Doctor qué fue lo que hizo el hombre de la papeleta?

Y el Presidente aún muy enojado le respondió:

-No era de un peso, era de cieeeen.

El pobre hombre jamás apareció, incluso la oposición lo cuenta como uno más de los desaparecidos en el gobierno de los doce años.

 

 

 

Comentarios