La redención ante la muerte y el estertor que no claudica

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Por: Carlos Martínez Márquez

‘’Si alguien te pone las manos encima, asegúrate que no la ponga en alguien más’’ Malcom X.

Hay quienes tienen la concepción de que la muerte tiene una connotación religiosa o un designio concebido por la persona. Otros dicen ‘’le llegó su hora’’ por vía del ignoto mensajero […] más sin embargo, creo, que hay muertes, que si podemos evitar, la que no debemos estar oteando bajo ningún motivo.

Cada ser tiene un lado oscuro, que alberga en la siquis, una espiral de violencia, que quizás nunca llegue a manifestarse. En nuestras estructuras genéticas, puede haber células importantes, alojadas en el cerebro, que modifican nuestro comportamiento. Eso no se advierte al nacer. Poseemos una zona de nobleza en nuestro accionar en la vida, pero de repente, puede ocurrir desequilibrios emocionales que transgreden la capacidad de convivencia en nuestros entornos.

En el núcleo familiar se están generando violencias inusitadas, que jamás observe en el pasado. Estamos enredados en telarañas, en un mundo ‘’anormalmente’’ lleno de ira, la ignominia a la que estamos sometidos, es una traición a los preceptos, a las buenas costumbres y a la buena convivencia. La bestia se comporta como medusa multiplicadora de obsesiones, derivando en sus entrañas tanta violencia que va perdiendo el sentido de la razón, arrasando como vientos en el desierto, la bonhomía del ser, hasta dejarnos en la ceguera y oscuridad absoluta.

El mensajero de la muerte es estridente y por encima de su rostro… ‘’la burka’’ cubre al justiciero del daño que va a provocar y sellar la suerte del indefenso que pagara con sangre, su inocencia e ingenuidad. La violencia aporta la tinta de sangre, que los diarios vierten sobre el papel, en la que cada día, quedamos cada vez más absortos de como el crimen ya pasa a ser el pan nuestro de cada día. El desafío a la autoridad, el irrespeto y desconsideración a la sociedad, la indiferencia de una justicia que cada vez más expresa con desgano […] el escaso decoro que todo ciudadano anhela y demanda. Las estadísticas son números fríamente espeluznantes de como día a día, la mujer, el ser más vulnerable y desprotegido, cae ante el verdugo, que al parecer, compro un título de propiedad, para hacer lo que le dé la gana, de mancillarla, vilipendiarla y desfigurarla física y emocionalmente.

Al verdugo ya no le importa que su mundo se le venga encima, la oscuridad no le permite ver con claridad, la consecuencia de su desgracia. La sociedad, los hijos, la creación de un proyecto que desde principio llena de esperanza, la representación de  una familia ejemplar; ‘’eso no cuenta, al parecer’’. Eso no es lo que se nos vende cuando promocionamos un producto de buena presentación, el engaño al primer mordisco, brota pus del desalmado y de los ojos endemoniados advirtiendo que ira  a pescar con toda furia.

Lo de Anibel González, no fue una anunciada crónica de muerte, sino, una sentencia en donde el único culpable y su verdadero verdugo, fue la justicia que le fallo. Su muerte era evitable y no fue fruto de un designio religioso. Su llanto, su alma y  su suplica era el estertor de un final desesperado; hoy el sistema carga con esa cruz que pesara por siglos y recaerá sobre los hombros de aquellos que corrompen su investidura, vendiéndose con usura, al mejor postor. La complicidad fue lo que se llevó, a  (la malograda mujer) de encuentro, la mala práctica jurídica se apodero de un expediente claramente inapelable; es por eso, que hoy toda la sociedad y ante los ojos del mundo, llora la desdicha de esta joven y estoica dama.

El sistema, una vez más, nos fallo.

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El autor es graduado en Negocios, escritor y articulista.

 

 

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