La ficción del desarrollo Dominicano

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Por: Profesor Cristobal Rosado

 La República Dominicana es uno de los cuatro países que tienen la mejor infraestructura vial en toda América Latina, a la vez, distintos organismos nacionales como internacionales han reconocido el robusto crecimiento del PIB, que lidera   el crecimiento regional con cifras que promedian 6.5% por año. Partiendo de estas dos primicias podría pensarse que los dominicanos hemos logrado algún desarrollo humano, sin embargo, la verdad es muy diferente, hay una extraña relación entre lo que se pinta como desarrollo con la miseria que asedia la mayoría de los dominicanos.

Es probable que los datos del Banco Central no falten a la verdad, pero es un infame engaño  hacer creer que tenemos algún desarrollo debido a esos números.

Lógicamente, el crecimiento económico debería influir directamente en el desarrollo de la nación, pero no es el caso de República Dominicana, todo lo contrario, ha sido la causa del atraso y del miedo colectivo a un futuro incierto en que antes de salir del mondongo, los niños ya se tienen una enorme deuda por pagar.

Si el problema del supuesto crecimiento del país se debiera exclusivamente al endeudamiento, las cosas podrían tener una salida en el futuro, pero hay otras cosas aún más inquietantes, la explotación acelerada de todos los recursos naturales, oro, plata, níquel, bauxita, mármol, ámbar, Larimar, minas de arena, ríos, arboles centenarios, la tierra del Estado, y hasta las áreas protegidas, como la Cueva de las Maravillas, parques nacionales, playas, la zona colonial, etc.

El punto es que por ahora esos minerales ayudan con el pago de los intereses a la deuda externa, sin embargo, como no son inagotable pronto terminaran, y hay que preguntarse ¿Qué pasara con nosotros?.

Lo peor, esto se ha estado haciendo sin que los dominicanos reciban la mínima de las compensaciones, pues  se supone que lo único que le queda al pueblo cuando llega ese desarrollo son los empleos, así,  mientras se hacen las construcciones la gente trabaja, puede hacer una pequeña casa y a la vez se cotiza el retiro. Sin embargo, como no se regula ni se cumple la ley del 80-20, entonces el 90% de la mano de obra agrícola, sector construcción, hotelería, minería, etc., es extranjera. Eso significa que una vez agotadas esas fuentes, nos quedaremos sin pito y sin flauta, no tendremos ni siquiera la esperanza de un ranchito porque otros fueron los beneficiados, y solo para que unos empresarios ganen mas.

Pero seria muy mediocre que alguien no reconozca la gama de caminos,  carreteras, autovías, túneles y elevados que se han hecho a lo largo y ancho del país, mas la siembra de cemento, varillas y arena, tampoco es sinónimo de desarrollo.

La razón por la que nos embriagan las dudas son las notificaciones de una deuda externa que ya es insostenible, y un gobierno que ha venido acumulando déficit económicos en todos los presupuestos desde los tiempos de Leonel Fernández. No se puede asumir el dinero acredito como parte del crecimiento.

En el otro ámbito, si algo realmente ha sido una traba para el desarrollo dominicano han sido las megas construcciones leoninas, si, eso que se quiere vender como progreso es el maquillaje de nuestra caricatura de país fallido, la foto que todo el mundo ve desde que arriba por Punta Cana, Las América, el Aeropuerto Luperón o el Cibao, etc… Sin embargo, en cada una de esas obras se ha escabullido el dinero de salud, educación, seguridad ciudadana, el dinero de los ayuntamientos, nuestra seguridad social, etc…

Basta con imaginar que la autovía del coral costó, 4.5 millones de dólares el Kilometro lineal, mientras que en Alemania, un Kilometro lineal de carretera, de mejor calidad, solo cuesta 116 mil dólares. Con razón solo nos han hecho por donde poner a correr las maquinas y no han pensado en nada mas.

Estos razonamientos no son nuevos, existe incluso un conjunto de doctrinas con el nombre de  “georgismo”  precisamente para identificar las relacionan del supuesto progreso con la miseria humana. Tampoco es algo que solo este pasando en nuestro país, pues en estos momentos el mundo ha centrado el debate en la enorme Crisis civilizatoria que ha generado el centrismo, las migraciones, la falta de equidad, etc…, sin embargo, en ningún  país se ha expandido tanto la brecha como en dominicana.

Llora ante la presencia de Dios la acumulación de desigualdad social, que abarca toda la historia republicana, con consecuencias ambientales y culturales devastadoras en todo el engranaje social, político, económico, hábitos de vida cotidiana, cultura del agua y todos los sinónimos del retroceso, que es lo opuesto al desarrollo.

Un país en el que brota la cultura del robo, la delincuencia, sin educación,  sin luz, sin agua, sucio, en el que reina la impunidad, las violaciones constantes a la constitución, a las leyes, a los derechos fundamentales, hay que decir “el desarrollo es un mito”.

Profesor Cristobal Rosado es historiador

 

 

 

 

 

 

 

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