Iracundo

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Julio Portillo

Las Naciones Unidas es el foro mundial más importante. Anualmente, en el mes de septiembre, en Nueva York sede de la ONU, se realiza la Asamblea General, donde Jefes de Estado y de Gobierno, exponen sus ideas sobre las relaciones internacionales y presentan la realidad de sus países. Esos discursos, por lo general, se llevan escritos, por razones de tiempo y porque no se debe improvisar.

La televisora nacional de Venezuela, haciendo gala de la parcialización ideológica que la caracteriza, no transmitió los discursos de varios Presidentes latinoamericanos, que no pudieron evitar referirse a la grave situación venezolana. El mandatario Nicolás Maduro se presentó al estrado nervioso e iracundo, es decir, hablando con insultos.

Dedicó su intervención a insultar al gobierno de los Estados Unidos y a todos los gobiernos que ha tenido este país desde el 4 de julio de 1776 en que obtuvo su independencia. Llamó a varios países latinoamericanos satélites de los Estados Unidos. Muy especialmente acusó a los gobiernos de Colombia, Chile, México y Estados Unidos de ser los responsables del supuesto atentado del 4 de agosto en Caracas.

Al referirse al pueblo de Venezuela informó que este se encuentra con fuerza y de pié y que no padece ninguna crisis humanitaria. No estuvo lejos de la realidad. Con fuerza resiste la dictadura, de pié está en inmensas colas en los bancos para obtener efectivo, en las farmacias y mercados, en kilométricas colas de vehículos para dotarse de gasolina o para obtener la cedula de identidad o pasaporte.

No dijo que se le negó al Vaticano y otros Estados el envío de ayuda humanitaria. Negó que hubiera una emigración de venezolanos a otros países. Y la otra parte del discurso, fue de lugares comunes, a saber, el bloqueo a Cuba, la situación de Siria y Libia, el problema palestino-israelí y el recuerdo al heroísmo de Mandela.

El auditorio de la ONU estaba casi vacío. Varias delegaciones anunciaron que no asistirían en protesta contra el déspota. No conoce Maduro lo que es la majestad que debe exhibir un Jefe de Estado, no sabe lo que es la Comitas Gentium y lo inconveniente que es para la nación que pretende representar seguirle sumando enemistades.

Denuncia Maduro intervención, pero le pide a Estados Unidos que envíe el FBI para esclarecer el misterioso intento de magnicidio. Insulta a Trump pero quiere estrecharle la mano. A todas luces una intervención contradictoria.

Esta reseña de lo ocurrido en Nueva York son datos para la Historia de la Diplomacia en Venezuela y el mundo, porque esta ciencia es testigo del tiempo y este episodio de indignidad debe quedar registrado para el juicio implacable de las futuras generaciones.

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