¡Innegable!

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Lo que daña el sistema de la llamada “democracia representativa”, principalmente, es la inversión económica que los políticos tienen que hacer para comprar voluntades ciudadanas, y cubrir los costos requeridos, en pos de satisfacer sus deseos de poder; como, las artimañas frecuentes, y demás actividades conexas, lícitas, e ilícitas en ocasiones, a que de ordinario se recurre.

También, el retorno de los patrocinios económicos a los proclamadores durante las campañas electorales. Sí, hay que compensar con creces a los poderosos empresarios que catapultan a los mandantes seleccionados, y que siempre lo hacen, en busca de las compensaciones futuras de estilo.

Las preguntas obvias serían entonces: ¿cómo se va a los Estados, solo a servir a los pueblos? ¿Y lo que se gasta, cómo recuperarlo? ¿Quiénes están en disposición de invertir, para nada más ir a trabajar por los demás congéneres compatriotas?

Solo el atributo de un verdadero patriotismo, humanitario a la vez, induciría a llevar a cabo tareas como esas, a la gratis. Es evidente que, ya tales condiciones personales no existen, lamentablemente; son cosas del pasado remoto. El ejercicio actual de la política es un gran negocio, más que otra actividad loable.

Además, todos aquellos que destinan parte de sus recursos financieros para costear aspiraciones de ese tipo, atan luego de las manos, a los que logran alzarse con el poder. A posteriori, hay que darles lo suyo a esos buitres, vale reiterar; y, concederles reciprocidades de todo tipo, sin importar los perjuicios que se desprendan en contra de las poblaciones.

Es más, sobra decir que, dentro de ese sistema de la mal llamada “democracia representativa”, los ciudadanos sufragan, mayormente, en favor de los grupos patrocinadores, los cuales se convierten grandes beneficiarios, y protegidos del poder prevaleciente.  Los promovidos, se vuelven luego títeres de los que gastan sus cuartos para catapultarlos, a partir de estar disfrutando de los cargos públicos alcanzados.

Cuánto dinero se tiene que gastar en lo particular, para poder optar por una candidatura, con el respaldo de cualquier partido político, cuando es con una forma de elección inherente al modelo se trata, a los principales cargos electivos (presidente de la República, vice, senador, o diputado, alcalde, etc.) ¡No son cheles!, como se dice popularmente. Y luego, esos hay que recuperarlos, agregándoles, por supuesto, suficientes beneficios.

También, y como complemento, se les tiene que dar a esas organizaciones (negocios, a las claras), en algunas partes es entendible, tal se hace en la nación dominicana, la friolera de dinero necesaria para sus operaciones y despilfarros acostumbrados, que la aporta el mismo pueblo, a los fines de costear parcialmente las aspiraciones proselitistas de algunos de sus miembros destacados, mediante el pago de fuertes gravámenes impositivos. Es la subvención estatal de que disfrutan los partidos del ruedo, localmente, establecida por ley, verbigracia. ¿En cuántos países se hará igual?

Entonces, qué se puede esperar de los gobiernos así conformados, en lo que solo participan personajes con marcados intereses creados; inversionistas en pos de pingues beneficios individuales y grupales. ¿Se pueden cifrar en ellos esperanzas de reivindicaciones sociales algunas, que favorezcan a las clases más necesitadas de los pueblos, que mitiguen, al menos, sus necesidades más perentorias? ¡Muy difícil!

Lo que van es a engordar, a cada paso, la corrupción estatal, ya una práctica establecida de forma consuetudinaria; hacer fructíferos negocios. En fin, a buscárselas. No hay tal representación de nadie, que no sea la de ellos mismos, en todas sus andanzas desaprensivas, como las ejecutorias lucrativas por las que se inclinan.

Eso de pensar en pueblos cualesquiera se queda para los proselitismos electorales. Y, visitar, además, como es obvios, los barrios carenciados; meterse por callejones sucios, y codearse con los pobres mal olientes, para hablarles mentiras y hacerles falsas promesas. ¡Los precedentes están de sobra!

Buen tiempo éste hoy, para apreciarlo de nuevo en Dominicana: un año pre-electoral. ¡Ay mamacita! A embaucar incautos; tirar cuartos estatales hacia arriba; iniciar construcciones de obras, aunque se queden después por la mitad, etc. ¡Todo, bultos y pantallas!

Solo durante esos procesos electivos tienen validez los depauperados; se les abraza y se besan, aunque luego los políticos tengan que friccionarse con “alcohol etílico”, para evitar eventuales contagios infecciosos. ¡Cuántos pendejos que se dejan manejar por todos los trúhanes que participan del ejercicio!, y no levantan cabeza aquellos

Luego, ¡de qué democracia representativa se puede hablar! Todo lo inherente a esa, tal es concebida en el presente, no es más que: libertinaje, manipulación y engaños. ¿Se puede negar eso? ¡Cabría preguntarse, con imparcialidad!

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

 

 

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