Expresión de barrio en Festival de Viña del mar

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De J. R. Nuñez Corona

Hay que felicitar sinceramente a estos  jóvenes dominicanos por su participación en un festival tan importantes como el de Viña del mar.

Me  emociona su  triunfo porque también es mío, y aunque yo no soy un exponente del genero urbano, pero como ellos vengo del barrio, y he luchado rompiendo corozo para sobrevivir en una sociedad como la nuestra.

Viendo el video de su participación y pensando como los locos, visualicé una realidad plasmada en ese escenario cuando ellos participaban: una sociedad como la de Chile con un nivel educativo por encima del promedio y una clase media alta de esa nación reunida para disfrutar del talento de estos jóvenes dominicanos, que vienen del barrio adentro, de una clase baja (casi subterránea) y con un nivel educativo insignificante (académicamente hablando), de un país que su nivel educativo está por debajo del promedio, es increíble lo visto allí, como los educados babeaban por los incultos.

¿Cómo se da este fenómeno socio-musical?, ¿qué fichas deben moverse para que esto se dé? ¿Cuál es la planificación que se debe ejecutar para lograr esto? ¿Cuál es la inversión que hay que hacer? Son preguntas sin consuelo (y no Despradel).

Hay una realidad que no se visualiza a simple vista, la que hace que desde las dificultades extremas y la pobreza paupérrima surjan fenómenos como estos, en el beisbol, en la música,  en el arte a nivel general, en el modelaje y la actuación, y en un sinnúmero de actividades que hacen del dominicano un ser difícil de matar.

¿Por qué es así? Al dominicano en realidad se le trata de acribillar desde antes de nacer, (una de la tasa más alta de aborto en la región), también de las más alta en embarazo entre niñas y adolescentes, una alta incidencia de homicidios (robos y atracos), deficiencia en la educación, en sector de salud pública, una cantidad extraordinaria de puntos de drogas (arropando a los jóvenes de la sociedad dominicana), una alta tasa de desempleo y otra igual de trabajo informar, y sobre todo una administración incorrecta de los bienes del estado (que se arrastra por décadas).

Repito nosotros los dominicanos somos duros de matar, y yo particularmente apuesto por los jóvenes del barrio, ellos que han sacado la cabeza por nuestra patria, como Feliz Sánchez, Luguelin Santos, un batallón de peloteros en las MLB, otro batallón de cantantes de bachata, merengue, salsa, música urbana y hasta música clásica, en la ciencia como Kathleen Martínez (con recientes hallazgos en la búsqueda de la tumba perdida de la reina Cleopatra), en la NBA con varios buenos jugadores, y en fin, el dominicano saca de abajo para posicionarse.

“Dominicano soy, de mis raíces no voy a olvidarme, soy de una raza tan humilde y tan grande, que de su espera se hacen rayos de sol”.

 

 

 

 

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