¡Destacable: lo malo de Trujillo! ¿Y lo bueno qué?

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¡Nunca todo es malo por completo! Cada sistema, cuál que sea, tiene siempre sus pros, como sus contras. Y, la actitud más asociada con lo inteligente, respecto del entorno en que el mismo haya sido aplicado, es descartar las cosas indeseables; pero, a su vez adherirse y preservar, en términos de emulación y continuidad, las reportadas como beneficiosas para la gente, por parte de quienes tengan la oportunidad de suceder en el mando de un país, si es que del ámbito superior político se trata.

Lamentablemente, ese parecer no es el que se estila en Dominicana, donde la continuidad de estado, por ejemplo, solo se observa en el orden de lo que haya sido más conveniente para los mandantes idos, en cuanto a lo personal se refiere; y, a lo que por supuesto, aspirarán también los que vengan.

Innegable es que, lo demás se tira por la borda; habrá de brillar por su ausencia, cada vez con mayor ahínco, incluyendo cuánto bueno se haya hecho en favor del pueblo. El “copismo” necesario en ese sentido último, ¡no va! Por el contrario, de ordinario, lo que fue se interpreta como malo.

Todo el nuevo que viene a dirigir los destinos nacionales llega con su librito debajo del brazo; con la agenda que piensa aplicar. Lo que hizo el anterior, por excelente que se reporte, de común se pone en el olvido. Jamás se prosigue con nada relativo; a veces por egotismo, o conveniencia gerencial, respecto de lo personalizado y desaprensivo a lo que se aspire.

En adición, se recurre a todo tipo de retaliación posible; a las denigraciones innúmeras que se puedan difundir. Claro, todo en pos de ocultar verdades; vender las imágenes negativas que se quiera; mantener confundidas a las personas que se encarguen de investigar sobre lo ocurrido,  asociado con lo anterior de que se trate; y, de alguna manera, procurar evitar cualquier  exigibilidad de imitación posible inherente, respecto de las ejecuciones ajenas favorables para el país; como,  el correr riesgos probables de reclamo de bienes que indebidamente  hayan heredado los sucesores; pasaran de manos de forma oportunista más bien; haciendo provecho de las debilidades  institucionales que caracterizan a esta nación.

En el orden de lo que se expone, es más que evidente cuánto ha venido ocurriendo en Dominicana, respecto del régimen que acaba de cumplir 57 años de su derrocamiento, cuya conmemoración  muchos celebran a toda voz, mientras que otros lo recuerdan con cierta reserva y comparabilidad asociada con la trágica situación que hoy vive esta nación, colmada de corrupción, impunidad, narcotráfico, inseguridad ciudadana, descalabro institucional, falta de salubridad, y de otros servicios sociales; venta del patrimonio público, endeudamiento externo galopante, incluso hipotecándose la soberanía nacional, entre otras cosas detectables.

Pero,  cosas como esas, que en aquel entonces se podían ver en grado mínimo, si acaso se verificaban, y que hoy parecen flores en plena primavera,  no mueven a preocupación alguna a  los políticos de nuevo cuño, y a sus adláteres de estilo, que solamente se dan a la tarea  de destacar a nivel de las primeras páginas de los periódicos locales, como a difundir por medio de la radio y la televisión, cuántas cosas malas se puedan atribuir a la llamada “Era de Trujillo”.

Es obvio que, de que las hubo, ¡es innegable! Pero, por qué razón, solo la amplia difusión referente a esas nada más; mientras, sobre las buenas, que irrebatiblemente también fueron muchas, nadie dice nada. Y, más lejos aún está, hablar de la emulación debida. Todo lo contrario, detractar en gran medida sí, queriendo ocultar de ese modo, como el condicionar mentalmente a la población, para que no exija enmendar la “apestosa” realidad actual que prevalece entre los dominicanos.

Los miedos al retorno de logros tales para el país, que limitarían bastante el accionar desaprensivo de los trúhanes políticos modernos; y, amén de eso, el que eventualmente los “afortunados” tengan que retornar al Estado nacional los bienes de la familia Trujillo, que por tantos años han venido usufructuando, están poniendo a temblar a tantos “señorotes” aquí, que hoy ostentan grandes riquezas “heredadas”. Y, más todavía, después que el nieto del “Jefe” (Ramfis Trujillo) hiciera pública sus intenciones de aspirar a la presidencia de la Republica en Dominicana. ¡Ay mamacita!, con razón cunden los temores.

Por eso, ¡hay que destacar lo malo, y callar lo bueno acaecido, durante aquel régimen de fuerza!; que, de seguro, muchos hoy aquí prefieren la instauración de algo similar, a pesar de los pesares, aunque encabezado por un dictador con una mentalidad avanzada; donde la crueldad, la represión ultra, y los encarcelamientos, no prevalezcan.

Pero, se entiende, que sería la ´única forma de sacar a flote a este país; liberarlo de todos estos políticos, ladrones de cuello blanco en su mayoría, que lo han depredado, y que continuamente vienen burlándose de la población, sin que nadie ose ponerles el frente.

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com.

 

 

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