Arroz con mango, retrospectiva en USB

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Por: Carlos Martínez Márquez

‘’ Tener un hijo es como hacerse un tatuaje en la cara. Sera mejor que te comprometas’’. Elizabeth Gilbert

El árbol de tamarindo, estuvo allí desde siempre, en un rincón del patio cuya sombra era permanente y con un cálido sol que jamás nos fue insoportable. Madre solía bañarme a la intemperie, el cual disfrutaba muchísimo antes de preparar el almuerzo, con una puntualidad religiosa, que cuando escuchábamos el ruido de la sirena, del cuerpo de bomberos, ya estábamos todos sentados en la mesa. Esa era la rutina pautada al regresar de la escuela.

’Cita con el viajero mundial’’, era el programa de orden, que escuchábamos sentados en la mesa, y el sabor de la comida era impecable, el estofado de trocitos de pollo y las carnes de aquel entonces… eran de incomparable calidad. Nada de aditamentos, la comida preparada con exquisito gusto  y placer, con la que mi madre ponía mayor empeño para nuestro paladar; dejaba el alma y el corazón en los fogones para deleite de la familia. Tras el momento de haber concluido de almorzar, empezaba a escucharse la sonora matancera, mientras degustábamos un  postre fuera que hubiera en la nevera.

Recuerdo aquellas piezas musicales de los diplomáticos de Colombia, música instrumental que era reservada para el reposo y que invitaba a una siesta profunda, despertando posteriormente  a las cuatro de la tarde. Mi hermana menor seguía mis pasos, éramos inseparables, ambos nos ajustábamos a la disciplina hogareña, al llegar la tarde entrabamos en otra honda, con música del ayer, que eran canciones de la vieja ola y que al aproximarse el momento de la cena, entonces, empezaban a escucharse las mejicanadas por ‘’Guarachita’’. Pedro Infante y Javier Solís estaban en sus mejores momentos. Hoy día conozco y consumo las canciones de antaño, porque había una cultura de compartir lo que se escuchaba y lo que veíamos en la televisión. Los enlatados nos llegaban de México, tanto las películas de Cantinflas como las telenovelas; Rahintel canal 7 y Radio de televisión dominicana- (‘’no había más nada’’)-  y eran programaciones que concluían la transmisión no más allá de las diez de la noche.

Las ocho de la noche marcaba el reloj para irnos a dormir, mientras papa escuchaba serenata continental, aquella famosa programación de nueve a once de la noche con ‘’cien canciones y un millón de recuerdos’’, con eso cerraba su rutina diaria tras haber agotado su día laboral; ya para el día siguiente, madre despertaba a la madrugada, para acicalar la cocina y empezar hacer el café, mientras el cabeza de familia sintonizaba la emisora en donde iniciaba su día, escuchando piezas borinqueñas, al ritmo del coquí,(canciones campesinas de la época), que nos llegaban  desde Puerto Rico.

Los hijos bien criados y educados, son activos importantes para entregarlos a la sociedad y a la vida, con un sentir y deber de compromiso que enaltezca el orgullo de la nación que representan; en estos tiempos de descomposición social, se necesita rescatar, los valores inculcados de nuestros ancestros. En la medida que tengamos buenos hijos, tendremos menos delincuencia y menos violencia. El descalabro se observa sin poder ver una luz al final del camino. Creo, que la proliferación de la familia, con padres irresponsables, es el detonante mayor para que tengamos jóvenes desalmados y con malos hábitos, con tendencia a desviarse del camino correcto. Al recorrer las calles y lugares periféricos, veo niños en las  calles a horas que se supone deben de estar en sus camas, y eso es mal síntoma, de que cuando lleguen a la pre-adolescencia, no tengan tutores que les corrijan y pongan correctivos tendentes a disciplinarlos.

La juventud de hoy está orientada al reguetón, a la bachata y a la  hooka. Son combinaciones que los colocan al margen de lo que sucede en el mundo. No leen, ni siquiera los periódicos que nos llegan de gratis y los libros que no muerden, a eso mucho más, le temen.  La familia adquiere prestigio y respeto como ‘’el role model’’ a seguir, proyectando una constante línea vertical que responda a los estándares que nuestra sociedad exige. Me siento frustrado de ver tanta gente de esta generación, que irrespeta y desconoce las normas que conlleva a ser un buen ciudadano; hoy estamos frente a una difícil situación en la que la gente solo piensa  para sí mismo, sin considerar a los demás; es un deterioro que nos lleva a la destrucción colectiva y que difícilmente podamos revertirla. Ya eso se ha convertido en una cultura que raya en lo irracional. Los tiempos han cambiado y esta es otra época, donde todo se ha prostituido, en todo el sentido de la palabra. Para poder sacar un producto mejorado de cara a los próximos veinte años, se necesitara trabajar desde inicio en las escuelas y que los padres adquieran la responsabilidad, de contribuir en la crianza de sus hijos, sin que recaiga todo la carga al estado. Eso sería una vil irresponsabilidad de los padres que solo traen hijos al mundo, sin la debida planificación para evitarlos.

Aun albergo la esperanza de que los jóvenes de próximas generaciones, tengan mejor suerte para devolverle a esta sociedad, el espacio perdido, el decoro y la decencia, que es lo que hace orgullosa a la familia y a la nación. Gracias a Dios, por haberme incubado en una familia buena y noble, con principios y valores incalculables, donde el afecto, el amor y el respeto al prójimo, ha sido el éxito de mi comportamiento en los años que llevo de existencia, a todos los que tuvieron que ver con esa formación de la que hoy puedo hablar; mis padres, a quienes jamás pude devolverles con crece todo lo que ellos- (con abnegación y cariño me ofrecieron), para que hoy me sienta útil y responsable de mis actos, sin herir sentimientos y sin llevar una vida desordenada. Esa es la mejor herencia que he podido exhibir. No todo se ha perdido!

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