América Latina, la fosa común de la pobreza

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Por: Carlos Martínez Márquez

‘’Nada tan parecido a la pobreza, que un enano de enorme cabeza, brazos cortos y panza  inflada, y que  no armonizan con el cuerpo’’. El Che

Uno de los temas neurálgicos existentes desde hace décadas en américa latina, lo ha sido, la carencia de conciencia de quienes manejan el estado, respecto a la educación y el modo de gobernar. Ningún régimen ya sea democrático, socialista o comunista es del todo bueno o malo; la voluntad política es la fuente primordial para sentar las bases de las estrategias de desarrollo que cada gobiernos se trazan como objetivo para los años subsiguientes. Los pueblos sobreviven  a través de la magia del engaño y la ilusión de gobiernos ineptos, que solo priorizan sus necesidades personales, para amasar riquezas y con la indiferencia que les caracterizan, construyen una fosa común para sepultar la esperanza de los votantes que caen en la trampa cada cuatro años.

La corrupción y la pobreza siempre han ido de la mano; ambas se constituyen en una visagra para inocular la enfermedad del  mal necesario, que de manera vertiginosa se reciclan entre sí. La pobreza en américa latina no existe, lo que si prevalece es la injusticia y la desigualdad. En la medida que crece la corrupción, posiblemente la segunda también. Es decir, mayor corrupción, muy en particular en el sector público, reduce las posibilidades de crecimiento y distorsiona las acciones gubernamentales, causando un gran cintillo de pobreza.

América latina en su conjunto ha sido medida por transparencia internacional, respecto a los países europeos, que de una escala del 1 al 10, alcanzamos la más alta en cuanto a la corrupción estatal y que países como Finlandia, Nueva Zelanda, Suecia y Holanda se sitúan en la escala de corrupción de 1.0 o menos. Estos indicadores muestran de cómo se manejan los gobiernos con relación al desarrollo que debe exhibir una nación. La corrupción no debe estigmatizarse como algo cultural de los pueblos, no creo en ese argumento, no. Es algo que tiene que ver con la correlación verdadera entre los niveles de corrupción y la mayor desigualdad en el ingreso. Los malos hábitos de quienes manejan la cosa pública, reducen la calidad del aparato de gobierno, convirtiéndolo en una vía más diligente para lucrarse y concomitantemente haciendo de los partidos políticos, instrumentos para el enriquecimiento ilegal y la búsqueda de prospectos que estén dispuestos a entrar en la ruleta de la corruptela y en el oprobio insaciable de dinero.

Hoy día, el fenómeno migratorio en la región, se debe a que no se piensa seriamente en los aspectos más relevantes para elevar la dignidad y calidad de vida de los pueblos. Miremos el espejo de lo que está sucediendo con el tema de la caravana de ciudadanos hondureños, tratando de entrar en masa hacia los Estados Unidos, alentados por grupos que responden al ala demócrata para hacer quedar mal la política migratoria de Donald Trump. George Soros es uno de los artífices de que se esté generando el caos, sin darse cuenta de que dicha estrategia le favorece más al presidente Trump que a los propios demócratas. Los americanos se han dado cuenta de lo que está sucediendo con esa aventura y sin lugar a dudas, el martes pueden haber grandes sorpresas. Se trata de un malestar generalizado a nivel de latino américa. Extrapolo este asunto por lo mismo que reflexiono sobre la desgracia de la pobreza y la desidia de los gobernantes de crear el caos y el nefasto accionar de enriquecerse en perjuicio de los pueblos. Estamos inmerso en un oleaje eclipsante de esperanza y anhelos, que solo con el derecho a la educación de calidad podemos sacar a nuestros hijos adelante. De que nos sirve un porcentaje elevado de recursos para educación, si los presupuestos en sus ejecuciones no se agotan en su totalidad? De esos recursos se toman para otras cosas que no van a ninguna parte. Es una desgracia vivir en países donde la agenda de gobierno es solo pensando en crear un imperio y perpetuarse en el poder. Que es lo que estamos pagando? ¡Qué gran desgracia!

El autor es escritor, articulista, bachelor en negocios, traductor bilingüe y docente en lenguas extranjeras

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