A dos años, y más, los efectos “INTRANTIANOS” no se ven

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Después de tantos forcejeos, alharacas a granel, reuniones entre la autoridades locales y los pseudo sindicalistas pertenecientes al área del transporte en el país, congresistas, etc., a los fines de lograr la aprobación y promulgación (24-febrero) de la Ley 63-17, sobre “Movilidad, Transporte Terrestre, Tránsito y Seguridad Vial”, considerada en su momento como la “panacea” resolutoria del mayúsculo caos, desaprensiones y temeridades, jamás vistos a nivel de esa  área, se  continúan desarrollando las actividades a que se refiere la misma de igual manera; quizás yendo de mal en peor cada vez, entre los dominicanos.

Vergonzosas y deprimentes se tornan esas acciones, las cuales constituyen el mejor espejo para cualquier analista u observador, con relación al desorden, anarquía, falta de respeto, institucionalidad, como de autoridad evidente, que se verifican en esta República, con traslación hasta todos los demás sectores nacionales.

Solo hay que disponerse a transitar por las calles y avenidas de la nación, a horas pico, principalmente, para percatarse de lo que en realidad viene ocurriendo en tal sentido. ¡No hay que hacer mucho esfuerzo!

Ahora,  si la decisión es hacerlo como peatón, a pie, se debe tener sumo cuidado, para no tropezar con los vehículos estacionados sobre las aceras,  obstruyendo el paso, o que algún motorista se lo lleve de encuentro, de esos que se desplazan desaprensivamente sobre las mismas, para evadir los taponamientos de automóviles, que ya se han convertido en una costumbre aquí, a  veces hasta provocados por los mismos agentes de la AMET, siguiendo esos líneas superiores bajadas, según la percepción que tienen algunos ciudadanos, para provocar mayores consumos de combustibles, mientras se está varado. Constituyen aquellos, cabe agregar, una de las alcancías del Gobierno.

¡Muy lamentable y desconcertante!; pero, a dos años de haber sido promulgada la precitada normativa, para un orden público tan necesario, y de entrar en vigencia, a partir de que fuera designada la directora del referido instituto, en los primeros días de julio del 2017, los resultados apetecidos no se alcanzan a ver por ninguna parte.

Todo se ha circunscrito a recabar informaciones, dizque para edificación, sobre aspectos lacerantes en ese tenor, que están más que a la vista, desórdenes y caos fehacientes; preparar reglamentos que se quedan nada más que en papeles; como, a muchos bla, bla, bla; titulares para entretener a la población en los periódicos; y, a las chácharas de las bocinas pagadas que mantiene el INTRANT, para hacerle coro.

En lo que sí están haciendo marcado hincapié es en la imposición de multas aplicables a los infractores, con un incremento que luce hasta abusivo, mínimas: hasta RD$10,000, sí son tomadas en consideración las condiciones económicas del grueso de la sociedad dominicana.

Total, aunque todo en ese sentido se quede tal cual está, nada se va a resolver, que no sea satisfacer los aprestos recaudatorios del gobierno. Es obvio que, la gente se habrá de inclinar acá por menos pagar; y, que la rabia continuará, aunque se procure matar el perro de esa forma.

Los males tan profundos que se tienen dentro del sector transporte aquí, dada la envergadura que ya han alcanzado, amen de las desobediencias alarmantes que la ciudadanía inconsciente observa, no se van a resolver con puniciones pecuniarias, por altas que sean. ¡Se necesita de mano dura para eso!

Por ello, se van a tener que definir y aplicar medidas más contundentes. Si es posible, hasta incluir la detención, y prisión carcelaria, en los casos de las flagrantes infracciones acostumbradas a la ley correspondiente, como los recurrentes irrespetos todos, en que se incurra alegremente.

 

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

 

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