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Julio Portillo

No es Cristo, Dios, que anunció el Reino de los cielos. No es Nostradamus que pronosticó el perfil de los Papas del futuro. No es Simón Bolívar que en 1815, en la Carta de Jamaica, visualizó el futuro de la América, diciendo que Venezuela sería siempre un cuartel por culpa de las ambiciones militares.

No es Julio Verne, que a finales del siglo XIX hizo predicciones, anunciando el viaje del hombre a la Luna, el helicóptero, internet y las doscientas leguas de viaje submarino. No es Francisco Herrera Luque, el escritor venezolano que predijo en sus novelas, la separación de Venezuela del Zulia como “República de Perijá” y de los Estados Bolívar y Amazonas como anexionados a la República de Guyana. No son los Niños de Fátima a quienes en 1917 se les apareció la Virgen y ellos anunciaron la primera y segunda guerra mundial y revelaron que Rusia se convertiría al catolicismo.

Es el dictador Nicolás Maduro quien ha predicho que Venezuela será una potencia en el año 2050 y que como consecuencia los venezolanos aguanten el hambre, la desnutrición, todo tipo de calamidades. Faltan treinta y dos años para llegar a esa fecha y ya los economistas que anuncian para finales del 2018 una hiperinflación del 50.000%, dicen que Venezuela necesitará cincuenta años para recuperarse del desastre al que la ha llevado el chavismo.

En efecto, este país atraviesa la mayor crisis que haya sufrido en toda su historia. Cada día aumentan las carencias. A la falta de alimentos y medicinas, repuestos del parque automotor, se suma la escasez de transporte aéreo, urbano e interurbano. Se pronostica que para finales del 2018 habrá más de diez millones de venezolanos en el exterior, fundamentalmente provenientes de la clase media, que son los que han tenido acceso a la educación superior y por tanto movilizan el desarrollo del país en varias áreas.

Un sargento militar gana diez veces más que un médico o un profesor universitario, porque a la dictadura del Nicolato le interesa la pacificación de los cuarteles como que recientemente a los oficiales que fueron ascendidos se les hizo firmar una carta de lealtad al tirano.
La crisis eléctrica está llegando a grados inimaginables. Regiones como el Zulia, la primera provincia del país, acusa ya cortes eléctricos de más de veinte horas, con los estragos que eso produce en el comercio, la industria y en los hogares, donde las familias ven destruidos sus electrodomésticos y sus alimentos refrigerados.

La principal fuente de riqueza, proveniente del petróleo, se encuentra en una situación de extrema gravedad. PDVSA la industria que extrae, refina y comercializa los hidrocarburos, se encuentra desarticulada. Los profesionales de la ingeniería y otras áreas de la misma, emigran a otras latitudes, contratados con mejores sueldos y sin la persecución ideológica a que venían siendo sometidos.

Se espera como esperanza inmediata que cuando pase la distracción del futbol mundial, el venezolano despierte y reaccione.

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