EL GENERALISIMO, LA PRIMERA REPÚBLICA, EL LIBERTADOR

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Hugo J. Vélez Astacio.

A Ramón, nuestro Moncho.       

Escribir sobre las razones de la caída de la Primera República (1811/1812) de Venezuela, es una causa que la historiografía de ese país, considera muy importante y la atribuye a la pérdida del Castillo de San Felipe en Puerto Cabello; guarnición militar que recién había sido asignada al mando del joven Coronel Simón Bolívar, por parte de su amigo entonces Jefe de los ejércitos de República de Venezuela, el Generalísimo Francisco de Miranda.

No hay duda sobre la relevancia de tal golpe recibido. Este era un poderoso bastión de las fuerza republicanas y se suponía ser una contención principal, ante el avance de la campaña militar emprendida por el Capitán Domingo Valverde de las fuerzas de la realeza; y toma más relevancia aún, dada la grandeza de Simón Bolívar, que visto a través del tiempo como historia a considerar, que después de la caída de la Primera República, llegaría a ser Bolívar de manera deslumbrante una de las grandes figuras tutelares de la humanidad, personaje producto de su audacia, valentía, con visión de estadista y un amor a la libertad e independencia de su  patria, ser llamado El Libertador de América, convirtiéndose en el símbolo de la lucha contra el despotismo y las viejas monarquías, encarnando al hombre, en el libertador, a fines de crear un nuevo orden político de justicia y derechos humanos. Golpe recibido por los republicanos que dio lugar, se realizara una decisión del gobierno ejecutivo republicano, que ha sido un asunto muy controvertido como fue la Capitulación atribuida con exclusividad a Miranda dado los poderes designados, que motivara su entrega por un grupo de oficiales militares de los republicanos entre los que se encontraba el entonces Coronel Simón Bolívar, del Generalísimo Francisco de Miranda, por una supuesta traición a la Patria.

Lo simple de la anterior explicación histórica deja por fuera una serie de consideraciones objetivas, que es una de las razones del presente escrito exponerlas para la comprensión justa de la realidad de entonces. Cabe mencionar, adelantando un elemento que no sobrara más de uno, indicar ser subjetivo, ser el hecho que se ha popularizado como razón, que motivó lo antes indicado, que por entonces el Coronel Bolívar estaba muy sentido y ardido en contra de Miranda a quien aparentemente atribuía el pecado o la responsabilidad de la Capitulación, que restablecía la imposición militar del sistema monárquico en favor de la realeza española.

Lo llano de lo último indicado, que el Generalísimo Miranda traicionó a su Patria, deja a un lado el reconocimiento que Miranda, su vida fue una lucha permanente por la libertad; un sentimiento y una voluntad innegable, cuyo asunto es acorde a su grandeza en cuanto a la independencia de América del coloniaje español. Cabe recordar que tanto Miranda como Bolívar fueron fundamentales en la Revolución Venezolana, que permitió la declaración de la Independencia el 5 de Julio de 1811.

LA INDEPENDENCIA 5 DE JULIO 1811. PRIMERA REPÚBLICA.

Cabe tenerse presente que la Independencia su declaración fue producto de un  proceso nada fácil ni sencillo, cuya determinación fue lograda en la capilla Santa Rosa de Lima de la ciudad de Caracas, que se fundamentó en la abolición de la Monarquía basada en principios republicanos y federales, con aplicación procesal democrático a efectos de su determinación, en donde siete Provincias de las diez existente, manifestaron claramente su independencia absoluta pasando a ser la primera Colonia española de América que lo realizaba. Cabe indicar que gran incidencia tuvo, el hecho de haber una gran inestabilidad política en España ante las abdicaciones de Carlos IV y Fernando VII.

Previo ese mismo año se había conformado una Junta Suprema, como gobierno provisional, pero dependiente de la corona española, pero dada la evolución y el desarrollo de la política se vio precisada a convocar un Congreso General con fines de un régimen constitucional independiente, que constituido no logro transformaciones radicales en favor de los republicanos en el orden social como económico. El desarrollo de las sesiones del Congreso iluminó la idea de la Independencia destacándose Fernando Peñalver, Juan Germán Roscio, Francisco de Miranda, Fernando Toro, Francisco Javier Suárez y jóvenes radicales se caldeaban en las reuniones de la Sociedad Patriótica, el joven Simón Bolívar.

El discurso de Bolívar como diputado correspondiente en la Sociedad Patriótica de Caracas, el 2 de julio de 1811 fue decisivo al expresar que desvirtuaba erróneas ideas de que se estuviese fomentando el cisma, cuando todos estaban confederados contra la tiranía extranjera. Y el 4 de julio alienta políticamente al Congreso, definiéndolo en función del interés general de la América libre, remarcando la importancia y la necesidad de la unidad, “para animarnos a la gloriosa empresa de nuestra libertad”…”Que nos importa que España venda a Bonaparte sus esclavos o que los conserve, si estamos resueltos a ser libres? Esas dudas son tristes efectos de las antiguas cadenas. ¡Que los grandes proyectos deben prepararse en calma! Trescientos años de calma ¿No bastan?…Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana: vacilar es perdernos”. Al día siguiente el Congreso determino declarar la Independencia, cuya Acta fue nominada fuera redactada por  Juan Germán Roscio y Francisco Isnardi. El primer paso estaba dado, aunque como bien lo expone Bolívar en su análisis sobre las causas de la caída de la Primera República en su Manifiesto de Cartagena de Indias el 15 de diciembre de 1812, “la naturaleza de su constitución era tan contraria a sus intereses, como favorable a los de sus contrarios, y el espíritu de misantropía que se apoderó de nuestros gobernantes” eran tan dañino al nuevo sistema republicano en construcción, como grande lo era el imperialismo español por los intereses que defendía. Error grave de la Primera Republica fue no constituir “un ejército bien fuerte que salvase la Republica y repeliese los choques de los españoles”, cuyas fuerzas en la América eran bien grandes, numerosas y sustantivas en lo político, jurídico, económico, en lo social y en lo cultural.

La evolución avanzaba, y a pesar de algunos aspectos aceptables por ser saludables al progreso, el sistema era inaceptable, al descansar en la negación de la libertad como doctrina de opresión propia de todo imperio que las impone en sus conquistas, y que reprime o trata de contener el espíritu que genera la independencia como es la Libertad.

El Acta fue leída y aprobada por el Congreso el día 7 de julio y publicada, por bando, siete días más tarde. Es de indicarse que la composición de diputados en el Congreso muchos eran mantuanos o sea de la clase noble, que más tarde le pasarían la cuenta al Generalísimo Miranda.

GENERALÍSIMO FRANCISCO DE MIRANDA.

Referirnos al Generalísimo Francisco de Miranda es tener presente, que es el único latinoamericano héroe de la Revolución Venezolana, artífice de la independencia proclamada el 5 de Julio de 1811, cuyo reconocimiento tiene grabado su nombre en el Arco del triunfo en Paris. Al hombre más célebre de América del Sur. Mismo quien desde la juventud no dudó consagrar su vida a luchar con alegría por la libertad e independencia no solo de su pueblo, sino en todo país cuya opresión de los coloniajes no permitiera explayar los derechos de los ciudadanos.

Miranda fue en su época una celebridad de carácter mundial, con méritos en la concepción de la unidad latinoamericana. Siempre tuvo presente visualizar el proceso de libertad de su patria dentro lo anhelado para toda América.

Miranda si bien era un hombre muy culto amante de la lectura, era un hombre de acción con firmes principios, que buscaba en el pensamiento un camino hacia la acción. Su orientación hacia el conocimiento de la lectura más progresista y revolucionaria con miras a la libertad de pensamiento, le causó graves problemas institucionales con la Inquisición ante el “delito” de tenencia de libros prohibidos, recibiendo sentencia a los 32 años (1782) del Supremo Consejo Inquisitorial, que no llego a cumplirse por improcedencias de forma y fondo en el proceso administrativo. Lo anterior solo pudo darse al dejar a un lado su magnífica hoja de servicio militar destacada.

Hombre de activa e interesante vida social, la armonizó con su intensa vida militar, al ser un hombre de combate y de acciones relevantes, destacándose en tres grandes movimientos históricos y políticos de su época: La guerra salvadora del logro de la Independencia de los Estados Unidos y las Antillas en la que cabe destacar sus acciones estratégicas en el ámbito militar y de la batalla de Pensacola donde fue ascendido a Coronel por su labor en la planificación y estudio del terreno. Ahí compartió ideas con personajes históricos como George Washington, el General Henry Knox, Samuel Adams, quien llegó a ser Presidente de EE.UU.

En la Revolución francesa, participo con éxito en la más importante batalla como fue la de Valmy de la guerra revolucionaria. En Paris hizo amistad con los girondinos como Jacques Pierre Brissot y Jérôme Pétion de Villeneuve. Como General fue miembro del Ejército revolucionario llamado La Convención, alcanzando el grado de Mariscal de Francia. Por igual participó en varias batallas importantes como las de Amberes, Argonne, Tongres y Valmy. Era un hombre destacado, era un hombre de acción. Era un hombre con gran experiencia y profundos conocimientos, con don de mando. Le animaban deseos de gloria, pero con la idea siempre de liberar su Patria, asunto que le hizo tener roce con la nueva Francia y acercarse más a los EE.UU., asunto que le permitió aceptar la invitación de Bolívar en 1810 para sumar esfuerzo que le permitieran la Independencia de su Venezuela.

Miranda no es el precursor de escritorio, no es el ideólogo que antecede a las revoluciones, es el ideólogo que con Miranda se distinguía por ser un hombre apuesto, de aspecto marcial con buena constitución atlética de paso firme, voz clara y enérgica. Siempre se indignó de los mantuanos o sea de la nobleza, misma que le pasó la cuenta en los momentos difíciles como Generalísimo en el proceso de la caída de la Primera República.

Sebastián Francisco de Miranda, conocido como Francisco de Miranda nacido en Caracas un 28 de marzo de 1750 fue un precursor de la emancipación americana del coloniaje del imperio español. Venezolano universal y americano más universal. Líder patriota en la Independencia de Venezuela. Ideólogo, político, militar y escritor. Firme defensor de la soberanía de los países de américa. Anhelaba la unidad de los pueblos, siendo su proyecto geopolítico la Gran Colombia, conformada por Colombia, Ecuador, Venezuela y lo que después sería Panamá.

A pesar del revés en el inicio de Primera República, dadas circunstancias adversas en el empuje contrarrevolucionarios por parte del ejercito de la realeza, la no plena consciencia de la libertad y frutos de la Independencia, la furia de la naturaleza que desorganizo las fuerzas patrióticas creando desconfianza con altas deserciones, las ideas independentistas promovidas por Miranda, determinaron el ímpetu y la identidad de las naciones, para que  líderes como Simón Bolívar, Bernardo O’Higgins, y José de Sucre entre otros militares con sentido de estadistas, no confundieran la línea de la lucha independentista.

Conoció a Bonaparte, quien después de ese encuentro dijo: “¡Miranda! Un don Quijote, pero no está loco. ¡Ese atrevido tiene un fuego en el alma!”, y es que el Generalísimo de Miranda no era un traidor que se prestara a tirar por la borda, el fuego que anidaba en su alma. No era un simple precursor de la independencia (que no deja de ser algo mezquino) de escritorio, o un simple ideólogo “que la pluma y con el arma en ristre, cual cuerdo Quijote, se lanza al mundo para hacer realidad esa revolución que él concibe, con la que él sueña y que, por esas cosas trágicas que posee la vida, acabará con su existencia, en una situación por demás confusa”.

El Generalísimo Francisco de Miranda, murió estando prisionero en el Presidio de las Cuatro Torres o Penal de la Carraca, en San Fernando cárcel de la armada Española, Cádiz, España, un  14 de julio de 1816.

PUERTO CABELLO (30 DE JUNIO 1812).

Lo controversial de este espinoso asunto, que involucra a dos geniales adalides revolucionarios como lo fueron Miranda y Bolívar, en pro de la independencia de Venezuela, y quienes como tales sentaron los ideales libertarios de la América del imperio español, cabe tener presente como antecedente en sus relaciones: que Miranda no dudó en atender positivamente la invitación de Bolívar de regresar a Venezuela para retomar y sumar los esfuerzos en pro de lograr la Independencia de la Patria, “A Miranda, claro está, no había que insistirle: tenía gran deseo de volver”, y Bolívar con cariño lo acoge en su casa, pasando Miranda por alto la forma petulante de la elite caraqueña como eran los mantuanos. Miranda conocía muy bien los desaires de los mantuanos le habían realizado a su padre (Sebastián Miranda y Ravelo), y Bolívar pasaba a ser un representante de esa clase.

Los mantuanos desde el inicio de la Primera Republica mostraron una aversión de la clase en contra de las gestiones de Miranda y más consistente y firmes cuando como Generalísimo al frente de los ejércitos republicanos, en miras de defender La Republica, estos manipulando las realidades con fines de desprestigiar a Miranda, lograron su cometido hasta dar lugar a la imputación de hacer creer que era un vil traidor a la Patria. Más se imponía la lucha y la causa de sus destinos.

El 10 de octubre, Miranda, acompañado de su secretario Tomás Molina, sale de Inglaterra rumbo a Venezuela, previa escala en Curazao. Por su parte Bolívar, en el navío Sapphire de la Real Armada Inglesa, emprende el regreso a Venezuela el 21 de setiembre. Llega al puerto de La Guaira el 5 de diciembre de 1810. Ambos se integran activamente a la vida política venezolana.

La caída de Puerto Cabello, no se debió a la simple razón de la toma y sublevación de parte los presos del imponente castillo San Felipe, en cuyos calabozos se destinaban a los prisioneros realista y españoles. La caída de Puerto Cabello fue la acción que en ese momento “rebasó el vaso”, como conjunción de una compleja circunstancia, en la que se conjugan una serie de factores, en la entra en vigor la traición, el desequilibrio militar de la campaña militar emprendida por el Capitán Valverde, la inestabilidad social y la falta confianza en las instituciones de la Republica, como consecuencia del terremoto del 26 de marzo de 1812, que destruyo gran parte de Caracas y otras provincias, la inquina y el azuzamiento desestabilizador de la elite mantuana, nunca conformes con la dirección del Generalísimo de Miranda, que se sumaran para lograr las continuas deserciones de soldados en los ejércitos regionales de los republicanos.

Toda una compleja situación aunada a una no muy convincente agrado social y económico de la sociedad con el sistema en formación por la nueva Republica que “hacía de tripas corazón”, en cuanto al presupuesto para mantener el pago de salarios y necesidades básicas fundamentales. Hemos de recordar un aspecto muy delicado y hasta cierto punto desconcertante, entendible sí consideramos que la relación entre los líderes, se había venido enfriando, por asuntos de naturaleza culturales, y de temperamentos que se contraponían de alguna manera influenciados por lo que enseña la vida y la experiencia, Miranda era ya un hombre “con buenas millas corridas” con 60 años de edad y Bolívar tan solo de 27 años. Miranda partidario de una política indulgente y pensante hacia los españoles, y Bolívar más impulsivo, con ansias y plenas energías de avanzar más rápido en los cambios estructurales del sistema recibido.

Y mencionábamos como aspecto delicado y desconcertante, por no estar muy claro de las razones intimas que tuvo Miranda, cuando preocupados todos los republicanos ante el avance militar de la campaña del Capitán Domingo Valverde, el Ejecutivo decide encargarle el mando del ejército con plenos poderes, Miranda pone una sorprendente condición: Que el hombre de su mayor confianza como luchador efectivo por la libertad e independencia, NO integre el ejército, haciéndose presente una pugna dramática, que hace de Bolívar apelar, logrando que Miranda ceda. ¿Qué había sucedido? ¿A qué se debió esa actitud de Miranda?  El problema dramático por la sorprendente condición puesta por Miranda, que afectaba el sentir de Bolívar hacia Miranda, y su honor como luchador probado en contra de la realeza, solo nos hace especular y creer que fue debido al desprecio que éste (Miranda) le tenía a los mantuanos, quienes era una clase social poderosa que se decían ser muy distantes de gente como Miranda, y cuya complacencia era más bien con el sistema de la realeza. Los mantuanos desde el inicio habían rechazaron toda vinculación con Francisco de Miranda. El Marqués del Toro era uno de sus principales representantes, y Bolívar guardaba buenas relaciones con el Marqués de Toro, quien en el momento de conocer tal situación lo solventó nombrando a Bolívar como su ayudante.

Al final de ese escabroso aspecto el Generalísimo nombró al Coronel Simón Bolivar en la jefatura militar y política de Puerto Cabello. Por su valor estratégico? Tampoco disponemos de argumento válido sustentado en fuentes históricas o de manifestación de parte de Miranda. El 2 de mayo de 1812, el joven Coronel republicano de Simón Bolivar es nombrado Jefe de la guarnición de Puerto Cabello, en cuyos calabozos se destinaban los prisioneros españoles y realistas. El 4 de mayo al ingresar a Puerto Cabello, asumió el mando.

Ante la campaña del Capitán Valverde, La crítica situación social, política y militar que se vivía hacía presagiar funestos males para la República. Las deserciones aumentaban cada vez más. “La República había quedado reducida “a una estrecha franja del litoral, que por el occidente apenas pasaba de Valencia, por el sur terminaba en San Juan de los Morros, y por el este quedaba cerrada por las selvas de Barlovento, muy cerca de Caracas” (Mijares, 1987, p. 208). Por otro lado, como señala Veronique Hébrard (2002, p. 437), la violencia de la guerra y el tenerse noticia de la llegada a Puerto Rico, en enero de 1812, de cuatro mil refuerzos enviados por España, había obligado a las nada gratas movilizaciones de masas, a la primacía de lo militar sobre lo político. Como el Ejecutivo el 4 de abril de 1812 otorgó facultades extraordinarias al Congreso, se ingresó al peligroso y temido estado de excepción y con el cual la Constitución quedaba suspendida.

La Primera República recibe su tiro de gracia el 30 de junio. Dicho día la importante Plaza de Puerto Cabello, ubicada a 50 kilómetros al norte de Valencia, cae en poder de los realistas como consecuencia de una traición. En dicha plaza, en el castillo de San Felipe, se encontraban casi todas las armas y municiones que poseía la República; además, en ella estaban recluidos importantes presos políticos enemigos de la revolución: nada menos que los principales autores de la contrarrevolución de Valencia”. (Paredes Muñante).

Para remate ese día funesto de la noche del 30 de junio al amanecer del 31, el Coronel Bolivar no se encontraba en el castillo de San Felipe lo que bien pudo haber frustrado la revuelta de los presos y traición de Francisco Fernández Vinoni, un subteniente de las milicias de Aragua de origen canario, quien se sublevó junto a los presos. Traidor  quien años después en 1819 el Libertador de Bolivar, al reconocerlo entre los presos después de un triunfo logrado en la Batalla de Boyacá, le dio su merecido fusilándole a lo inmediato. Lo anterior es válido sin dejar de reconocer que lo ocurrido el 30 de junio de 1812 es un hecho, propio de una lógica consecuencia del avance arrollador de Monteverde. Fue un golpe letal para la revolución en ciernes y en proceso de formación. Bolívar en carta al Generalísimo de Miranda el 12 de julio de 1812, lo reconoce, al indicarle que Venezuela estaba “herida en el corazón”, herida de muerte. Lo anterior es muy importante para entender no solo el contexto de la realidad de entonces, en cuanto a la viabilidad de la continuación de la Primera República, sino para además para entender el paso que estratégicamente se dio, como fue la Capitulación, que en el momento no se comprendió el significado que se pretendía, sino que fue objeto de desinformación y manipulaciones en contra del complot y golpe de estado en contra de Miranda de parte de los mantuanos.

Previo el 4 de julio y el 6, el desconcierto y mezclando el abatimiento con la esperanza, hace de Bolívar expresarle que su corazón está destrozado porque Puerto Cabello se ha perdido pero que tiene la esperanza de que esto se revierta, sin saber a ciencia cierta la realidad con que el Generalísimo Miranda con el ejército de Venezuela lidiaba. El abatimiento de Bolívar era total y por ello le dice a Miranda: “mi espíritu se halla de tal modo abatido que no me hallo en ánimo de mandar un solo soldado”, solicitándole unos día para poder recobrar la serenidad perdida.

El golpe fue contundente y podríamos decir decisivo para el futuro de la naciente Primera República. Se apertrecharon con más de 3.000 fusiles, gran cantidad de pólvora, municiones y piezas de artillería. El panorama a favor de los intereses de la realeza ​era visible, por lo que tanto el Generalísimo Miranda, como el Ejecutivo republicano, maniobraron en otro campo.

CAPITULACIÓN. ENTREGA DE MIRANDA.

Para el real entendimiento de este paso realizado, que ha sido tradicionalmente abordado por la historiografía venezolana a simplemente tratarlo como un hecho histórico que permitió el fin de la Primera República, y en gran manera sin aclarar ni entrar en detalles importante de razones, que no fue una acción inconsulta de Miranda, que permita dilucidar y esclarecer la lamentable y hasta censurable por no decir condenable captura y entrega de Miranda por parte de un comando de las fuerzas republicanas, entre los que se encontraba el atormentado y muy dolido Coronel Bolívar, a la enemigas fuerzas de la  realeza, que hizo que muriera en tan solo cuatro años, ante la rudeza y cruel estadía en la prisión designada.

Hemos de recordar que la Primera Republica había nacido a partir de la proclamación de la Independencia el 5 de Julio de 1811, y estaba minada en su desarrollo para su sana formación, al determinar que la Republica se regiría bajo un sistema federal del que las provincias y la población no estaban preparados ni se tenía la plena consciencia para su eficaz ejercicio, con un mal que por naturaleza como lo indico Bolívar en su manifiesto de Cartagena ser: “tan contraria a sus intereses, como favorable a los de los contrarios”, que eran poderosos y se sentían afectados en sus intereses. Las convulsiones de los mantuanos y de la iglesia, eran tan dañinas como el cataclismo del terremoto que se dio el 26 de marzo de 1812 que destruyó Caracas y Mérida, asunto que “de haber estado gobernado solo por una autoridad no habría tenido los efectos nefastos que produjo en la evolución de la revolución”.

La campaña militar del Capitán Monteverde hacía critica la situación de la Republica, por lo que el Gobierno decidió dar la jefatura del ejército con poderes plenos, lo que en esa época era otorgar y crear una dictadura, que en primera instancia se pensó en el Marqués del Toro, pero a pesar de las varias derrotas militares sufridas y era poco conocedor de las artes militares, se decidieron por entregársela a Francisco de Miranda, el 23 de abril de 1812, por lo que el poder ejecutivo lo nombra como comandante en Jefe de las fuerzas patriotas con el cargo de Generalísimo. La angustiante crítica situación la que se vivía, empezaba por que el gobierno republicano no poseía un ejército propio.

La situación se agrava con la sublevación de los negros de Barlovento el 24 de junio, acentuada por una conspiración de oficiales de alto rango del ejército republicano para deponer a Miranda. La lucha y la guerra no solo eran contra las fuerzas del imperio español, sino un asunto de clarificaciones patrióticas en el seno de las fuerzas nacionales. Las deserciones por razones diversas, “castigo divino según la iglesia, lo del terremoto” y el transfuguismo en las filas patrióticas de pasarse a las fuerzas contrarias, eran todo un alto dolor en la jefatura de las fuerzas nacionales.

Todo lo anterior conjugado fue evaluado por Miranda, así lo estrictamente militar por lo que el Generalísimo después de la caída de Puerto Cabello, planteó al ejecutivo del Gobierno la posibilidad de negociar una paz decorosa, como asunto estratégico a fines de crear condiciones que más adelante pudiera retomar y así afianzar la Republica. De lo anterior cronistas que vivieron esos acontecimientos como historiadores de entonces, y del siglo XIX, no coinciden en sus criterios. Las negociaciones para la capitulación y su suscripción tenían que realizarse guardando todas las formalidades del caso para no viciarlas e invalidarlas.

“La decisión de Miranda no fue un acto inconsulto. Miranda, el 12 de julio, desde su cuartel general de La Victoria, convocó a los miembros del Poder Ejecutivo que le habían encargado el mando absoluto político y militar, Juan Germán Roscio, Pedro Gual, Antonio Fernández de León, Francisco Espejo y José de Sata y Bussy), así como otros miembros pertenecientes al Poder Judicial y al director de Rentas. Fruto de esa reunión fue la redacción del documento fechado el mismo 12 que no deja duda de la legalidad de la decisión asumida. Allí se señala que Miranda, teniendo presentes a miembros del Poder Ejecutivo Federal, al diputado del honorable Congreso y mayor general de este ejército, ciudadano José de Sata y Bussy, funcionario del Poder Judicial de la provincia de Caracas, Francisco Paúl, y el director general de las Rentas de la Confederación y de la misma provincia de Caracas, ciudadano Antonio Fernández de León, les manifestó el crítico estado militar y político consecuente de la pérdida de la plaza y puerto de Cabello y costa de Ocumare y Choroní, ocupadas por el enemigo, y al no contar la confederación con hombres ni armas suficientes para continuar la guerra con posibilidades de éxito, no quedaba otra solución que proponer a las fuerzas enemigas un armisticio y cese al fuego que trajese la paz acorde con la mediación ofrecida y publicada por Inglaterra. La propuesta de Miranda fue aceptada por unanimidad, dejando a su prudencia y pericia político-militar su ejecución y cumplimiento” (Rumazo/Paredes Muñante).

Se inició un activo proceso de negociación difíciles se realizó en distintas reuniones, comisionados, ofertas y contraofertas efectuadas desde el 12 de julio al día 25 de julio con la firma de la capitulación de San Mateo. Cabe confirmar que Miranda consultó con el Poder Ejecutivo Federal antes de ratificarla. “El documento de la Capitulación es breve y claro al  constar  de 11 artículos, que describe la forma como será entregado el territorio de la República, el material de guerra así como se estipulan las obligaciones de los republicanos de retirar sus tropas del área de operaciones y proceder al licenciamiento de las mismas. Uno de los artículos se refiere al empleo de fuerzas para tomar posesión de todos los pueblos y lugares de las provincias de Caracas, Barcelona, Cumaná y Margarita” (Bencomo Barrios). Monteverde ansioso a lo inmediato procedió a ocupar la ciudad de La Victoria. Antes de continuar, debemos indicar que la capitulación del Generalísimo Francisco de Miranda Jefe del ejército de los republicanos, ante el capitán de fragata Domingo de Monteverde como comandante del ejército realista el 25 de Julio de 1812, fue el acto que puso fin a la existencia de la Republica surgida a partir de la proclamación de la Independencia el 5 de Julio de 1811; y que lo que motivó que oficiales del ejército republicano entre los que encontraba el Coronel Bolívar creyendo haber sido una traición a la Patria a cambio de recibir una paga económica, capturaran a Miranda al amanecer del 31 de Julio de 1812, y entregaran a las fuerzas de realeza al mando del Capitán Monteverde, para ser enviado a España prisionero y morir en prisión el 14 de Julio de 1816. El enojo del Coronel Bolívar era de tal naturaleza, que incluso creía había sido motivo de la perdida de Puerto Cabello, que al capturarlo era de la opinión de ejecutarlo sumariamente en el acto de captura.

La realidad era distinta. Miranda no Capituló ni por capricho, ni por venderse, ni por traicionar a la Patria, ni por ser decisión unilateral, ni por cobarde. Miranda era un militar estratégico en sus acciones. Cuando daba un paso hacia atrás, era para dar dos pasos adelante, porque al día siguiente de la Capitulación decidió marcharse con la intensión de volver retomando la lucha. Para ello asunto de tal naturaleza el sigilo era necesario, aunque cabe reconocer que esta vez le resultó fatal a su destino. La razón de su ida, no fue del conocimiento de Bolívar. El Coronel Bolívar manejaba información errada creyéndose que Miranda simplemente huía como traidor, además de tener información tergiversada y manipulada, afectando sensiblemente su entonces temperamento impulsivo con el que se dejó llevar, por su  sentimiento profundo de dolor de haber perdido la comandancia de Puerto Cabello, que le nublaron su mente, de reconocer que el Generalísimo Miranda era un patriota probado incapaz de traicionar los intereses supremos del destino de su patria y de venderse por una mezquinas monedas al final de su vasta vida de lucha en pro de la independencia de América. Asumimos que el breve tiempo para lograr su captura y la presión de tener encima guardianes del ejército del Capitán Monteverde, turbaron tan lamentable decisión integral de la captura y entrega de Miranda. La verdadera traición rondaba la situación específica. Miranda previo partir en la nave, decidió dormir en tierra como huésped en casa del hasta entonces comandante patriota Manuel María de las Casas, quien actuó en pro de los intereses del Capitán Monteverde al ordenar, ya capturado Miranda cerrar el puerto de la Guaira a fin de evitar la fuga de fuerzas republicanas. Este si resulto un verdadero traidor, prestándose a entregar a Miranda a las fuerzas del Capitán Monteverde.

Irónicamente Miranda se iría en el mismo vapor inglés “Sapphire”, en que había regresas Bolívar, después de su misión a Inglaterra en 1810, cuando invitó a volver a Miranda.

EL LIBERTADOR SIMON BOLIVAR.

Para finalizar he querido compartir unas reflexiones contenidas en mi libro “Historias de nuestra historia” atingentes a este tema último sobre la entrega de Miranda, a propósito que El Libertador Simón Bolívar, cabe decir que también era humano. La historia está marcada no solo por grandes acontecimientos, sino también por el proceder y legado de grandes hombres, que en el curso de sus vidas contribuyeron heredando principalmente a sus nacionales un camino a seguir. La característica de esos hombres fue luchar por hacer valer sus causas, generalmente desde la llanura, en contra de los molinos de vientos, asentados por intereses poderosos y arraigados centenariamente en el tiempo; que para derribar sus aspas, requirió hacer de esos celebres, hidalgos distinguidos en pro de la libertad, próceres de la independencia de sus naciones, amantes de la justicia, del bien y prosperidad de sus naciones.

Como líderes y héroes de sus movimientos, a fines de lograr   el éxito de la causa emprendida, en grande contribuyó la firmeza y perseverancia de su voluntad para lograr mover las voluntades de los demás. Todo cambio hace necesario provocarlo y lograrlo es fundamental no solo desearlo, sino más bien quererlo. Nos mueve el interés de contribuir modestamente con la historia, al dar a conocer algunos aspectos que por muy escabrosos sean estos considerados en el juicio de la balanza integral de sus figuras;   como seres humanos esos genios o héroes, su reconocimiento debe contemplar no solo la brillantes y fulgor de sus hazañas, sino también por muy oscuras todas aquellas acciones, que siendo verdades penosas o censurables pudieron tener esos genios, en el acontecer de sus vidas como grandes hombres, como es el caso del libertador Simón Bolívar.

Sin dejar de reconocer la inmensidad de la obra del Libertador Simón Bolívar, padre de cinco naciones en la lucha contra España. Naciones que bajo su dirección, ganaron su independencia para fundar sus republicas. Gran obra de grande figura, bien expuesta en palabras del historiador nicaragüense Jorge Eduardo Arellano, cuando afirmó, que Bolívar ha sido  El principal gestor de la revolución emancipadora de Latinoamérica, en todo fue colosal y uno de los pocos seres que han sido dirigentes de la acción, en el lugar de la acción y al frente de la acción”, para ser tenido más que a ninguna otra figura de la historia de América Latina, ser considerado como una figura legendaria señalando el camino libertario, después de ser consecuente y tener éxito con su juramento, de cuando siendo  un joven de tan solo 22 años, un 15 de agosto de 1805 en la cima del Monte Sacro (Monte Aventino), una de las colinas que rodean a Roma, acompañado de su primo Fernando del Toro, pero dirigido por y a su maestro Simón Rodríguez, mismo que abominaba el despotismo, opresión típico del sistema colonial, dijo: “Juro por Dios de mis padres y por mi país, que mis manos no se cansaran, ni mi alma reposara hasta que rompa las cadenas que nos atan a España”.

En correspondencia a la afirmación que la historia no se hace con cifras, sino con grandezas, justo es reconocer que El Libertador Simón Bolívar gano las batallas de Boyacá, Carabobo, Pichincha, Ayacucho; que durante 15 años dirigió con gran destreza como genio estratega militar en más de 500 batallas en las hoy republicas de Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia y Perú, y sobre el poder de las armas, Bolívar poseía el de la palabra y conocía el arte de usarla. Toda guerra es cruel y dolorosa, y episodios reprochables y de crueldad nunca faltan. Muchos abundan y se hacen presentes al aplicar recíprocamente entre los contendores, la ley del Talión, propia de acciones atroces.

La historia registra acerca del gran estratega militar, como lo fue el  Emperador Napoleón Bonaparte, que en abril de 1799 antes de evacuar a su ejército por mar de vuelta a El Cairo, haber provocado la acción reprochable de la muerte masiva de todos los apestados, mediante alta dosis de sedante letal compuesta de opio y otras sustancias, coincidente con un incendio de gran  magnitud a todas luces inducido por él, donde un hecho de tal naturaleza no pudo faltar la mano de Bonaparte, en el local donde estaban recluidos como enfermos pestíferos.

Bolívar no fue ajeno a cometer gravísimos errores que la guerra le impuso. De ahí que el Libertador Bolívar, posiblemente consiente que también era humano, al final de sus días dijo: “Esperad hasta después de mi muerte, para que me podáis juzgar sin prejuicios. Nunca deben levantarse monumentos en vida de un hombre, éste puede cambiar, puede llegar a traicionar (la justeza de la causa). Nunca me tendréis que acusar a mí de eso, pero esperad, esperad, os lo repito”.

El autor: Escritor e historiador

Managua, Nicaragua 14 de mayo de 2023.