La Brecha Sexual: una discriminación inaceptable

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Por José Luis Ortiz Güell

En el ámbito de las relaciones sexuales entre hombres y mujeres, existe un gran desequilibrio que se ha mantenido durante siglos, otra muestra de patriarcado y del machismo que llevamos a cuestas durante siglos.

Esta desigualdad es evidente en la forma en que los hombres y las mujeres son tratados en la cama, donde los hombres a menudo obtienen una mayor satisfacción sexual que las mujeres.

Esta brecha de satisfacción sexual es un problema global que afecta a todas las relaciones, desde parejas heterosexuales hasta relaciones homosexuales y bisexuales. Para muestra de ello sólo unos datos estadísticos, que difícilmente pueden cuadrar, pero nos llevan a reflexionar.

La sexualidad humana es un tema complejo que nos lleva a reflexionar sobre los cambios sociales y la evolución de nuestra vida afectiva. Los datos recabados muestran que hay desigualdades entre hombres y mujeres tanto en la lealtad como en el disfrute sexual.

El 25% de las mujeres con marido o pareja son infieles, mientras que el 85% de los hombres lo son. Esto refleja una clara discriminación entre ambos sexos, ya que se espera que las mujeres mantengan una conducta más fiel que los hombres.

Por otro lado, el hecho de que un 20 % de las mujeres obtenga clímax sexual durante las relaciones sexuales, frente a un 86 % de los hombres lo consiga, en el mismo caso indica que hay un desequilibrio en el placer experimentado por ambos.

Además, el 99% de los hombres y mujeres tienen relaciones prematrimoniales o antes de constituirse como pareja estable, y más del 20% de las novias están embarazadas en el día de su boda, reflejando una realidad social cada vez más abierta al sexo antes del matrimonio o de formar pareja.

La desigualdad en las relaciones sexuales surge a partir del sistema patriarcal en el que vivimos, donde los hombres son vistos como los únicos sujetos con derechos y privilegios sociales.

Esta perspectiva se refleja en la forma en que los hombres son vistos como dominantes y las mujeres como objetos pasivos, lo que les impide gozar plenamente de sus relaciones sexuales. Esto también se ve reflejado en la forma en que los hombres a menudo controlan el ritmo y el curso de la actividad sexual, mientras que las mujeres se ven obligadas a someterse a su voluntad.

Además de estas desigualdades sociales, hay otros factores contribuyentes a esta brecha de satisfacción entre hombres y mujeres. Por ejemplo, los estereotipos de género perpetuados por nuestra sociedad también juegan un papel importante en esta desigualdad. Los estereotipos de género dictan cómo deben comportarse los hombres y las mujeres en la cama, lo que puede limitar la capacidad de las mujeres para expresar sus deseos sexuales libremente o incluso pedir lo que quieren. Esta inequidad no solo es injusta para las mujeres, sino que también daña la salud mental y emocional de ambas partes.

Si bien puede parecer inofensivo o incluso divertido para algunas personas, no se trata solo del sexo. Se trata de respetar el consentimiento entre ambas partes y respetar sus necesidades individuales. Si bien hay muchas formas en que las personas pueden ser creativas con su intimidad sexual, no hay excusa para abusar de tu pareja o limitar su placer sexual. Es hora de luchar contra esta desigualdad e instaurar un nuevo tipo de relación basada en el consentimiento mutuo y el respeto por ambas partes. Solo así podremos lograr un equilibrio real entre hombres y mujeres en la cama.

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