CINCO MINUTOS DE LUZ

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Navidad, tiempo de luz, esperanza y milagros.
Por: Lucy Angélica García.

Hemos llegado a diciembre, tiempo de luces, de colores brillantes, tiempo de regalos, de momentos compartidos. Un árbol como símbolo de cobijo bajo su sombra y símbolo de vida, de amor y unidad. Vamos y venimos presurosos (como suelo decir siempre) al gran salón de la Alergia como un precepto divino que inconscientemente debemos cumplir. Qué maravilloso y gratificante es reconocernos y reconocer en el otro nuestra grandeza como seres creados por un Dios que nos ha dado una existencia para reconocer desde todas las latitudes de la tierra, que es posible la hermandad.

Y lo podemos ver y sentir mucho más en
este tiempo en que una masa crítica crece hacia el despertar de nuevos conocimientos a través de la tecnología que de manera organizada dirige al mundo hacia un estado mejor. Aunque se diga lo contrario, este tiempo es una oportunidad de profunda introspección después de haber pasado por numerosas tragedias y mucho dolor, este es un tiempo que viene a disipar la tristeza y la obscuridad, todo depende de cada uno de nosotros, de nuestro nivel de conciencia espiritual cómo asumimos cada evento

Navidad representa nacer de nuevo desde lo profundo del ser, representa nacer hacia nuevos niveles de entendimiento, para romper los paradigmas, las matrices mentales, las creencias que nos limitan y que nos han mantenido exiliados, es tiempo de saber que debemos celebrar muchas cosas diferentes, el nacimiento del Cristo en cada corazón humano, que no es otra cosa que la conciencia global que nos hace vivír y celebrar la victoria de los pocos sobre los muchos, el triunfo de lo sagrado sobre lo profano, la necesidad de luchar contra todo aquello que represente la caída de los más elementales valores humanos. Pero lo que mas representa finalmente es esperanza. Y esperanza es algo que necesitamos ahora más que nunca.

En realidad, esta no es la primera vez en nuestra historia en que el mundo se ve como un lugar sombrío, como también es cierto que hay un sentido más profundo de desesperación y desaliento. Talvez para muchos la confianza es más débil, la voluntad de lucha ha disminuido, las defensas se han agotado, y la apatía es incontrolable. Pero llega este mes de luces y milagros para sacarnos de nuestra desesperación, para reencender nuestra esperanza, y para recordarnos que de nuestra postura depende transformar nuestro entorno familiar empezando como padres y madres ejerciendo el sacerdocio al cual hemos sido llamados con nuestros hijos, pues son ellos las semillas que germinaran en un campo distinto al que tenemos hoy. Ellos son el futuro, aunque en teoría parezca imposible.

Es posible que algunos vean este tiempo como una larga, obscura y solitaria noche, pero también es hora de poner nuestra mirada en la luz, y sintamos el alivio del amanecer en esta Navidad, que literalmente ilumina con su luz la oscuridad de nuestras almas.

Escuchemos el mensaje de esperanza que nos trae el Mesías reflejado en la mirada luminosa de cada niño, aunque tantas cosas nos amenazan hoy en día, (la maldad del hombre en todos sus niveles) los desafíos psicológicos que llevan a muchos a la depresión; la esperanza brilla sobre la niebla del desconcierto, y las luces de Navidad nos recuerda que Dios nos cuida, que a través de los siglos nos ha regalado tantos milagros y que estos existen siempre.

Que este tiempo nos abracemos desde nuestra humanidad más profunda y sensible, y descubramos que solo el amor y la verdad nos hará libres.

Feliz Navidad y un año nuevo de renacimiento y bienestar a todos.

La autora es docente, poeta y columnista internacional ecuatoriana.

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