*El microrrelato y la minificción: una mirada panorámica

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En la foto Ricardo Rodríguez Santos y Mayra R. Encarnación Meléndez aparecen con el Dr. Ramón L. Acevedo Marrero (centro) a quien le dedicaron el libro La era de la brevedad. Foto cortesía de Mayra R. Encarnación.

Por  Ricardo Rodríguez Santos y Mayra R. Encarnación Meléndez

En uno de los extremos del Jardín literario,
lindando con los alcorques de la leyenda,
los macizos de la fábula, los parterres y pabellones de la poesía
y las praderas del cuento, se halla la Glorieta Miniatura.
Hay muchos que al llegar allí quedan desorientados,
porque los relatos diminutos no les permitan
ver el inmenso bosque de la ficción pequeñísima.

La glorieta miniatura
José María Merino

            Los tiempos actuales están marcados por la prisa y el apremio. La tecnología y las redes sociales han impulsado un modo de vida ajorado, definido a partir de la concisión de Twitter y sus 280 caracteres. Quizás esto explique, al menos en parte, el auge entre los lectores, de las formas breves de escritura como el microrrelato y la minificción. Pero ¿qué es un microrrelato? ¿Acaso es un cuento corto, cortísimo? ¿Cómo debo llamarlo? ¿Microcuento? ¿Nanorrelato? ¿Cuento hiperbreve? ¿Quizás minificción? ¿Es un género nuevo? Esta última interrogante se debate entre una gran variedad de teóricos que han estudiado el “fenómeno” desde hace más de tres décadas. Mientras unos afirman que estamos ante una expresión literaria de “naturaleza” distinta, otros exponen la idea de que el llamado microrrelato no es sino un subgénero del cuento, cuyo origen se remonta mucho más allá de la escritura misma.

Irene Andres-Suárez, catedrática de Literatura y Filóloga nacida en España, bautiza al microrrelato como el “cuarto género literario”[1]:

“…lo que hoy denominamos microrrelato, aun pudiendo adoptar ciertos rasgos de las antiguas, es una forma discursiva nueva que se sitúa en el límite de la expresión narrativa y corresponde al eslabón más breve en la cadena de la narratividad, que de tener tres formas (novela, novela corta y cuento) ha pasado a tener cuatro: novela, novela corta, cuento y microrrelato”. (p. 21)

Sin embargo, ella siembra algunas dudas acerca de la naturaleza del microrrelato, pues reconoce que siempre han existido los relatos muy cortos, pero dice que esta definición no incluye todo lo no narrativo; es decir, el microrrelato “…tiene que contarnos una historia” (p. 22). Y aunque está de acuerdo en que su extensión puede llegar hasta las tres páginas, este requiere “…una ajustada economía narrativa, concisión extrema y máxima elisión”. (p.22) Afirma la importancia de lo no dicho, lo sugerido y los silencios como elementos que contraponen al microrrelato con el cuento clásico, lo que requiere un lector comprometido con aportar lo no dicho y rellenar los vacíos.

En suma, según Andres-Suárez, los rasgos formales de los microrrelatos incluyen la ausencia de complejidad estructural, la mínima caracterización de los personajes, el esquematismo espacial, la condensación temporal, la utilización de un lenguaje esencialmente connotativo y la importancia del título. (p. 24) Por otro lado, en cuanto a lo temático, ella señala que gran parte de los microrrelatos están escritos a partir del recurso de la intertextualidad, pues resulta de gran utilidad dado el escaso espacio al que se aspira utilizar.

La académica leonesa expone que el microrrelato surge del cruce y “…evolución… del poema en prosa y el cuento clásico”. (p. 26) Del primero recoge el lenguaje connotativo; del segundo, una narratividad que se centra en los elementos más importantes para contar una historia, aumentando así su intensidad. De modo que el microrrelato tiene sus raíces en ambos géneros, pero ya no es ninguno de ellos, sino un género independiente “con sus propias reglas”. (p. 28)

Por otro lado, el crítico literario y escritor argentino, David Lagmanovich, teoriza sobre el concepto[2] y lo define como un texto “…narrativo muy breve, destinado a ser leído en forma autónoma, o sea, sin nexos aparentes con textos previos o subsiguientes.” (p. 7) Este estudioso aporta a la nomenclatura llamándolos microrrelato, microcuento, minicuento, cuento en miniatura, o minificción, no obstante, reconoce que este último concepto incluye textos no narrativos. (p. 7) También vincula al microrrelato con el cuento, la lírica, el ensayo, la anécdota, el caso, el aforismo y hasta el “graffiti”. (p. 7) Y precisa sus características. El microrrelato debe tener una “…actitud experimental frente al lenguaje, apelar a la intertextualidad, la reescritura de temas clásicos o la parodia de estos, una visión no convencional del mundo y una actitud desacralizadora de la institución literaria tradicional”. (p. 7)

Aunque se habla de una extensión del microrrelato que oscila entre las 200 a 300 palabras, la misma está condicionada por elementos culturales. De hecho, Lagmanovich le resta importancia al asunto del número de palabras. Él reconoce la antigua tradición del relato corto, solo o en series. El crítico literario puntualiza que no es hasta mediados del siglo XX que se produce un “sostenido crecimiento, sobre todo en Hispanoamérica…” (p. 9) Este auge incluye desde la multiplicación de publicaciones, congresos hasta cursos universitarios. En fin, Lagmanovich asegura que “se trata de un nuevo género en cuanto tal”. (p. 10) Sin embargo, no dice cómo se diferencia del cuento, por lo que sería entonces un subgénero. Se limita a las características mencionadas arriba.

Frente a la teoría del cuarto género narrativo, o la idea de que estamos con el microrrelato ante un nuevo género, David Roas, en su ensayo “El microrrelato y la teoría de los géneros”[3] defiende la idea de que no hay nada nuevo:

…no existen razones estructurales ni temáticas que doten al microrrelato de un estatuto genérico propio y, por ello, autónomo respecto al cuento. Habría que definir entonces al microrrelato como una variante más del cuento que corresponde a una de las diversas vías por las que ha evolucionado el género desde que Poe estableciera sus principios básicos: la que apuesta por la intensificación de la brevedad […]. El microrrelato comparte el mismo modelo discursivo que regula la poética del cuento a partir de las tesis postuladas por Edgar Allan Poe en 1842 […]: la narratividad y ficcionalidad; 2) extensión breve; 3) unidad de concepción y recepción; 4) intensidad del efecto; y 5) economía, condensación y rigor. (47-76).

Es decir, que la discusión acerca de la “naturaleza” del microrrelato y su distinción como un género con sus propias características apenas comienza; ya sea en Argentina, en México, en España, en Puerto Rico o el resto del planeta. Mientras tanto, la producción de relatos breves crece aceleradamente. Aquí en Puerto Rico, también tenemos excelentes narradores.

Este libro aspira a abrir la puerta para que los interesados en el tema tengan un punto de arranque para adentrarse en el estudio de la teoría y se produzcan estudios acerca de este y, a la vez, mostrar una parte de la rica y variada producción de microrrelatos en el país. En la primera parte, se reproduce un excelente ensayo del escritor y profesor universitario Emilio del Carril, Premio Nacional de cuentos y microcuentos del Certamen 2019 de PEN de Puerto Rico Internacional. Luego, un ensayo del profesor Fernando Valls, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona y autor de un gran número de textos críticos sobre narrativa, nos ofrece un panorama bastante amplio y definido acerca de este nuevo género. Finalmente, publicamos un revelador ensayo del Dr. Lauro Zavala acerca de la minificción, en el que expone un modelo de análisis para distinguir entre un texto narrativo breve de naturaleza clásica, moderna o posmoderna. Además, se incluye una bibliografía que sirve de base para los que estudian el tema. El Dr. Zavala es el teórico del cuento y la minificción más importante de México. Ha publicado una gran cantidad de libros y ensayos que abordan los temas del análisis literario y cinematográfico y la semiótica. El ensayo Hacia una semiótica de la minificción es un texto que forma parte del libro inédito Para una teoría de la minificción.

Posteriormente, se presentan los microrrelatos de autores puertorriqueños. Cada narrador expresa su concepto del género y luego aparecen dos de sus microrrelatos. El criterio antológico de esta publicación busca dar a conocer las manifestaciones literarias recientes del microrrelato en la Isla. La visión y temática es variada; se incluyen dos microrrelatos en inglés, producto de una joven escritora puertorriqueña. Al final, se reproduce una entrevista al crítico y teórico literario Dr. Lauro Zavala, realizada electrónicamente.

Nuestra aspiración como estudiosos de la literatura, con esta publicación, es mostrar nuestra “Glorieta” y que esta nos lleve a todos a apreciar la extensión del bosque, nuestro bosque, mínimamente vasto. Ojalá puedan orientarse.

Referencias

Andres-Suárez, Irene. Antología del microrrelato español (1906-2011): El                                   cuarto género narrativo. Cátedra, 2018.

Lagmanovich, David. Abismos de la brevedad: seis estudios sobre el
microrrelato
. Universidad Veracruzana, 2013.

Roas, David. “El microrrelato y la teoría de los géneros”, en: Andres-Suárez, I.
(eds.). La era de la brevedad. El microrrelato hispánico. Menoscuarto,
2008.

***Publicado originalmente como parte de la introducción del libro La era de la brevedad. Antología de microrrelatos puertorriqueños y ensayos sobre el género. Editorial Areté Boricua, 2021

El pasado 16 de diciembre este libro recibió el Premio Nacional de Poesía en las premiaciones del PEN de Puerto Rico Internacional, en la Categoría Libro Híbrido. Este libro fue publicado por la editorial Areté Boricua, 2021.

 Rastreadores de caudales

 Dra. Mayra R. Encarnación Meléndez
Arrojo al aire un sustantivo redondo. Antes de que caiga, con un disparo único, certero, logro que un adjetivo lo perfore en el centro mismo. Hago malabarismos con los verbos, camino por la cuerda floja de una sintaxis riesgosa. En medio de contorsiones extremas, azoto con mi látigo las palabras hasta obligarlas a saltar por los aros de fuego de un sentido inesperado. Entonces, en toda su variedad y esplendor, con lujosa minucia de oropeles, surge el circo. El público es usted, el espectáculo es unipersonal, por favor, elogie las fieras y no les cuente nada a los que están esperando fuera.

Ana María Shua

…comienzo el viaje

¿Cómo penetras en el mundo de la narrativa desde la hiperbrevedad, la intensidad de un rayo y la magia de cada amanecer?  ¿Cómo narrar desde la condensación y alcanzar el étimo?

El microrrelato nos sumerge en el dominio de la palabra como potencia que conquista en el tiempo y el espacio. Es el comienzo de un viaje en un tren de alta velocidad… Nos remontamos a la dimensión de la intensidad de la palabra, estrechada por los paisajes, las aventuras y una parada semifinal inexplorada.  Como puntualiza Dolores Koch, el microrrelato:

[…] demuestra ciertos elementos de anarquía intelectual y espiritual. Primeramente, juega irreverentemente con las tradiciones establecidas por la preceptiva al escaparse de las clasificaciones genéricas, y se complace en romper las barreras entre cuento, ensayo y poema en prosa. Juega con la literatura misma en sus alusiones y reversiones. Juega con actitudes aceptadas mecánicamente ofreciendo o redescubriendo perspectivas. Juega con el concepto de la realidad, la desproporción y la paradoja. Su autor se vale de variados recursos narrativos, y sorprende al lector con un despliegue de ideas, de palabras, o un punto de vista insospechado (4).

El saber relatar desde la plurisignificación y encaminar al lector a violentar el silencio enaltecen la materia prima en el oficio de la escritura. La mirada -como pasajero del tren- nos conduce a reenfocar en distintas instancias la condensación del entrecruzamiento de la cartografía narrativa. ¿Cómo el narrador sumerge al lector en el espacio de la ficción o en la recreación temática desde la concisión de la palabra?  En este sentido señala Francisco Álamo Felices:

La teoría sobre el microrrelato, dentro de esta esfera del pragmatismo literario, incide sobremanera en el particular papel que el lector desempeña en esta modalidad narrativa, subrayándose que, frente a un tipo de lectura acomodaticia o mecánica, la micronarración activa, más que en cualquier otra forma narrativa, un lector activo, co-partícipe y co-creador (178).

El apego por la inmediatez y la banalidad del espectáculo nos emplazan a sacudir al lector a jugar un papel de rastreador de caudales. Sumergidos en el paso del tren, ¿a qué apuesta la mirada del lector?   ¿Cómo el lector abre el cajón semántico tramado en pocas palabras, pero ensamblado para detonar los sentidos?

Definitivamente, el microrrelato obliga al lector a construir significados desde un marco interactivo diferente.   La concreción en la naturaleza narrativa detiene la mirada lectoral. Por consiguiente, nos incita a deconstruir los siguientes universos:

  • desenredar la urdimbre narrativa;
  • repensar las intertextualidades;
  • revisitar las historias contadas en otros tiempos y con otros registros;
  • zarandear la subversión del orden canónico;
  • establecer linderos entre el final, el título y el corpus literario.

Como fundamenta Rosa Navarro Caudales al afirmar: “La microficción no es solo una nueva forma de escribir: es también una nueva forma de leer” (254). De esta manera, como lectores nos instalamos frente al dominio de lo dicho en un marco de búsqueda o descubrimiento. Bien lo establece David Lagmanovich en Abismos de la brevedad: “Si bien se mira, cada uno de los microrrelatos logrados es un modelo para armar, para usar en otro contexto una expresión cortaziana”. (cap.1 párr. 757).

…sacudo la caja de Pandora

En esta antología titulada La era de la brevedad, además de estudiar la génesis narratológica y los fundamentos discursivos del microrrelato, sentimos la necesidad de esparcir simientes para el mundo lector.  ¿Cómo confronta el mundo lectoral la condensación, la hibridación y la metaficción?  Navarro Caudales nos apunta en esta dirección:

La brevedad del género no permite descripciones morosas ni retratos detallados de personajes, sino que fragmenta la realidad y necesariamente se llena de elipsis y vacíos que el lector debe completar. Entran aquí en juego los mecanismos intertextuales, y el emisor recurre a personajes conocidos, míticos o tipo que le ahorran la demora en descripciones (254).

La confluencia de voces nos provoca a descubrir lo desnarrado y a visitar los habitáculos de las ausencias-presencias de la narración.  ¿Con qué fervor de rastreador de caudales nos instalamos frente al texto literario y codificamos los misterios del oficio de la escritura? ¿Cuántas lecturas sonámbulas son invocadas por los microrrelatos? Desde la función lectora, ¿acudimos a desempolvar el mare nostrum extraliterario? He aquí el proceso de hilar y deshilar para devenir en el éxtasis lectivo. Ródenas de Mayo nos abre el paso sobre este particular:

[…] lo «desnarrado», que sería lo que no ocurrió en el mundo ficcional, pero podría haber ocurrido y el lector advierte que tal posibilidad incide poderosamente sobre la significación del texto. Lo desnarrado concierne, así, a las opciones descartadas tanto por el autor como por el narrador o los personajes, y afecta tanto al discurso como a la historia (7).

La brevedad en la construcción narrativa encamina al lector a la búsqueda de significados y potencia la seducción o el placer de sentirse provocado por la edificación del discurso y su cadencia.  Esta activación del sujeto lector cumple con la apropiación del fenómeno literario.  Desde este punto de vista, Navarro Caudales esboza la función del lector:

Brevedad e intertextualidad exigen un lector capaz de reflexionar después de la lectura, de actualizar las estructuras, de descifrar los códigos retóricos tales como las metáforas, de decodificar las interferencias; un lector consciente de que ningún texto se lee independientemente y de que la lectura continúa después de que esta ha ocurrido […]   (255)

…parada semifinal del tren

Entregamos estos ensayos y los trabajos creativos con el fin de desencadenar miradas plurivalentes y lecturas cobijadas por la continuidad del diálogo. (¿Dónde se detuvo el tren? ¿La parada es final? ¿Esta parada genera otras epifanías?)

P.D. “Si nunca me extravié en el jardín de los senderos que se bifurcan es porque fui fiel al proverbio que exige: en la encrucijada, divídete. Sin embargo, a veces me pregunto, la felicidad, ¿no es elegir y perderse?”.

El jardín de los senderos, Ana María Shua

Referencias

Álamo Felices, Francisco. “El microrrelato. Análisis, conformación y función de sus
categorías narrativas”. Signa, no. 19, 2010, 161-180.             http://revistas.uned.es/index.php/signa/article/view/6233. Consultado el 20 de
febrero de 2021.

Koch, Dolores. “Diez recursos para lograr la brevedad en el micro-relato”. El Cuento en
Red,
no. 2, 2000, 3-10. http://bit.ly/elcuentoenred. Consultado el 22 de febrero de
2021.

Lagmanovich, David.  Abismos de la brevedad. Seis estudios sobre el microrrelato.
México, Editorial Veracruzana, Kindle ed., 2013.

Navarro Romero, Rosa. “El espectáculo invisible: las claves del microrrelato a través de los textos de Ana María Shua”. Castilla. Estudios de Literatura, no. 4, 2013, 249-269. https://revistas.uva.es/index.php/castilla/article/view/171 Consultado el 20 de febrero de 2021.

Ródenas de Moya, Domingo. “Contar callando y otras leyes del microrrelato”. Ínsula: Revista de Letras y Ciencias Humanas, no. 741, 2008, 6-9.  https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2715057 

***Publicado originalmente como parte de la introducción del libro La era de la brevedad. Antología de microrrelatos puertorriqueños y ensayos sobre el género. Editorial Areté Boricua, 2021

[1] Antología del microrrelato español (1906-2011): El cuarto género narrativo. Cátedra, 2018.

[2] Abismos de la brevedad: seis estudios sobre el microrrelato. Universidad Veracruzana, 2013.

[3] “El microrrelato y la teoría de los géneros”, en: Andrés-Suárez, I. (eds.). La era de la brevedad. El microrrelato hispánico. Menoscuarto, 2008.

 

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