Chile y la intervención Dominicana del 1965

61

Por: Homero Luciano

El año antes de la ocupación militar estadounidense a la República Dominicana, asumía la presidencia en Chile Eduardo Frei Montalva, quien con una visión distinta desarrollaba en su incipiente gobierno, una política internacional que procuraba colocar a Chile a la vanguardia de la política exterior en América Latina.

Es así, que consumada la intervención militar a Santo Domingo por el ejército norteamericano en Abril del 1965, el gobierno Chileno fue una de las voces más enérgicas que denunció tal atropello. Pío Gabriel Valdez, ministro de Relaciones Exteriores, conjuntamente con Alejandro Magnet, embajador Chileno ante la OEA condenaron la intervención de que era victima la patria de Duarte; invocando que la misma se contraponía a la carta y principios de ese organismo, lo que provocó que Estados Unidos enviara a Chile al Sr. William Averell Harriman, diplomático y Subsecretario de estado, para calmar los ánimos del presidente Frei respecto a la solidaridad del gobierno Chileno con el pueblo dominicano.

No solamente el ejecutivo chileno fue actor de primer orden en solidaridad con el pueblo dominicano. También lo fue el senado.

En la memorable sesión celebrada en el senado Chileno el Miércoles 5 de Mayo del 1965, Ulises Correa Correa, miembro del Partido Radical de Chile, vice presidente del senado, miembro de la Comisión Permanente de Relaciones Internacionales y Permanente de la Defensa Nacional y quien encabezó la misión oficial que visitó la República Dominicana, en ocasión de la toma de posesión del presidente Juan Bosch el 27 de febrero del 1963, fue protagonista en la solemne sesión, de la repulsa de parte de los senadores, al ultraje de la soberanía nacional.

La solidaridad del pueblo de Chile con la República Dominicana, tiene a nuestro juicio, su mayor expresión, cuando desde el punto de vista de las letras y las artes, se sumó la voz del gran Pablo Neruda, al escribir el poema “Versainograma a Santo Domingo” y que estimo oportuno en estos días de recogimiento y reflexión compartirles este fragmento:

“Cuarenta y cinco mil hijos de perra / bajaron con sus armas y sus cuentos, /con ametralladoras y napalm, / con objetivos claros y concretos: / «poner en libertad a los ladrones! / y a los demás hay que meterlos presos!» / Y allí están disparando cada día / contra dominicanos indefensos. / Como en Vietnam, el asesino es fuerte, / pero a la larga vencerán los pueblos. / La moraleja de este cuento amargo / se la voy a decir en un momento / (no se lo vayan a contar a nadie: / soy pacifista por fuera y por dentro!): / Ahí va: Me gusta en Nueva York el yanqui vivo / y sus lindas muchachas, por supuesto, / pero en Santo Domingo y en Vietnam / prefiero norteamericanos muertos”/…

 

SHARE