Rainieri pide a los jóvenes no dejarse vencer por el pesimismo del momento

76
Frank Rainieri, fundador del Grupo Puntacana

Sugiere mirar el futuro con optimismo

SANTO DOMINGO.- El empresario turístico Frank Rainieri exhortó a los jóvenes a no dejarse “arrastrar por el pesimismo ni aplastar por las dificultades y obstáculos” del momento, porque no es la primera vez que nuestro país y la sociedad internacional enfrente situaciones difíciles.

Hablando para los graduandos de la promoción del 50 aniversario del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) ayer sábado, el fundador del Grupo Puntacana planteó que mirar al pasado permite ver que “los problemas y amenazas” internacionales y los “obstáculos al progreso de países como el nuestro”, no son nuevos.

Recordó que cuando se fundó INTEC, la “sociedad internacional estaba marcada por la “guerra fría” y bajo las “amenazas continuas de una confrontación nuclear”, y el país “apenas se sacudía de treinta años de dictadura y de los efectos de la ocupación de ejércitos extranjeros” en 1965.

Vivíamos –dijo Ranieri- un “ambiente de inestabilidad política, escaso desarrollo económico, alto nivel de pobreza y débil institucionalidad. Era un ambiente poco estimulante”, con poca confianza en el futuro y para invertir y desarrollar proyectos. Muchos marcados por la desesperanza emigraron.

Sin embargo, dijo para apoyar su reflexión, “los fundadores de INTEC no se dejaron arrastrar por el pesimismo ni aplastar por las dificultades y obstáculos. Apostaron por mirar esperanzados hacia el futuro”, seguros de que “podríamos lograr una mejor sociedad y un mejor país”.

Rainieri, señaló que ellos tuvieron “visión, pasión y perseverancia, palabras mágicas con las que asumieron un compromiso con su país”, con un proyecto que les exigía mucho trabajo y pragmatismo, decididos a aportar “un nuevo formato de formación profesional basado en la realidad del mercado laboral y la responsabilidad social”.

Dijo, que entonces parecía un sueño, y hoy “gracias a la decisión, al trabajo y la pasión de estos hombres, INTEC es una realidad que aporta a nuestro país profesionales”, que confirman “el importante legado de sus fundadores y del trabajo perseverante y responsable”. Ha funcionado y ustedes son ejemplo y prueba de que ellos “no se equivocaron”.

Esta Universidad, opinó Rainieri, “ha trazado nuevos caminos en nuestra sociedad y son muchos los que, como yo, conscientes del servicio que brinda a nuestro país, nos sentimos muy orgullosos de haber sido o ser parte de su Junta de Regentes”.

Rainieri relató que “visión, pasión, trabajo y perseverancia han marcado” su camino a lo largo de los años, y explicó que inició su vida profesional a los 21 años, como la mayoría de los que se graduaron en la ceremonia del sábado, y se quedó en el país cuando muchos se marcharon buscando otros escenarios.

Dijo que inició participando en una empresa del sector agropecuario, pero entendió que, si bien era y es una actividad importante, no podía competir con grandes productores agrícolas como Estados Unidos, Argentina, Brasil y otros.

Explicó que tuvo la oportunidad de conocer un grupo de estadounidenses que se interesó en el país y adquirió la propiedad que se convertiría luego en la base de lo que hoy es el Grupo Puntacana. Se sumó a estos inversionistas, entró como accionista y asumió el rol de capitanear el desarrollo de la empresa que convirtió la región en el principal destino turístico del Caribe.

Para sustentar lo que significa el trabajo y la perseverancia, Rainieri recordó que pasaron “20 años antes de que el proyecto Puntacana comenzara a dar frutos”. Por lo que tuvo que “idear otros negocios para sostener su familia. Sé lo que es el pluriempleo”.

“Nada llega gratis”, advirtió Rainieri a los graduandos. “Lo que vale la pena, cuesta trabajo y toma tiempo. Nunca olviden la pasión, es la fuerza interna que mueve al individuo a hacer cosas. Hay que amar lo que se hace, y hacerlo con amor”. Terminó recordándoles que “el siglo XXI está marcado por la responsabilidad social y ambiental”.

 

Texto completo
DISCURSO
FRANK R. RAINIERI M.
SEXAGÉSIMA GRADUACIONY 50 ANIVERSARIO INTEC
Sábado 5 de noviembre, 2022

No olvido mi sorpresa el día en que le pregunté a mi primo Eduardo Latorre, pasado rector de esta universidad, que en paz descanse, sobre el propósito de las reuniones de un grupo de reconocidos intelectuales y profesionales de nuestro país, en el Colegio Dominicano de La Salle. Me respondió con una sencilla pero impactante frase: “Vamos a fundar una universidad”.
Lo que entonces parecía un sueño, gracias a la decisión, al trabajo y la pasión de estos hombres, es una realidad que aporta a nuestro país profesionales que, como ustedes, son la confirmación del importante legado de sus fundadores y del trabajo perseverante y responsable de sus educadores.
Hace 50 años a muchos les hubiera parecido un sueño la decisión de fundar una universidad con las características de INTEC. Pero ha funcionado y ustedes son un ejemplo de su valor para la sociedad y una prueba de que sus fundadores no se equivocaron.
Esta Universidad ha trazado nuevos caminos en nuestra sociedad y son muchos los que, como yo, conscientes del servicio que brinda a nuestro país, nos sentimos muy orgullosos de haber sido o ser parte de su Junta de Regentes. Cada profesional formado en sus aulas es una pieza más en el andamiaje del progreso social y desarrollo de la República Dominicana.
Nuestro reconocimiento también a quienes han dedicado su vida a INTEC porque han contribuido con creces a crear los recursos humanos con los que se construye un mejor país.
Sé que ustedes como jóvenes profesionales recién graduados, al tiempo que celebran su titulación sienten también el peso de la responsabilidad de un nuevo comienzo, e inquietud ante el inicio y los retos de su vida profesional. Sobre todo en estos tiempos tan competitivos y de muchas maneras difíciles.
Estamos frente a una pandemia que no está totalmente superada, amenazas para la estabilidad mundial de una guerra en Europa, inflación mundial, calentamiento global, desordenados flujos migratorios, ausencia de solidaridad social y males sociales como la corrupción y despilfarro de los recursos y la falta de compromisos con el desarrollo en toda su dimensión, solo para citar algunos ejemplos.
Pero, aunque el panorama luzca negro, recuerden siempre que “nunca la noche es más oscura que justo antes de amanecer”. Y lo recuerdo, no como consuelo, sino como punto para la reflexión.
Una mirada al pasado les permitirá darse cuenta de que los problemas y amenazas para la sociedad internacional y los obstáculos al progreso de países como el nuestro, no son situaciones nuevas.
Hace 50 años cuando se fundó INTEC, la dinámica de la sociedad internacional estaba marcada por la llamada “guerra fría” y bajo las amenazas continuas de una confrontación nuclear. Nuestro país apenas se sacudía de treinta años de dictadura y de los efectos de la ocupación parcial por ejércitos extranjeros. Vivíamos un ambiente de inestabilidad política, escaso desarrollo económico, alto nivel de pobreza y débil institucionalidad. Era un ambiente poco estimulante, con poca confianza en el futuro y poco entusiasmo por las inversiones y desarrollo de proyectos. El futuro no se veía claro y muchos, marcados por la desesperanza, decidieron emigrar.
La escritura china que utiliza dos pinceladas para escribir la palabra crisis, significando peligro u oportunidad, tenía pocos seguidores para la segunda opción en nuestra sociedad. Sin embargo, los fundadores de INTEC no se dejaron arrastrar por el pesimismo ni aplastar por las dificultades y obstáculos. Apostaron por mirar esperanzados hacia el futuro, dispuestos a trabajar arduamente y con la seguridad de que podríamos lograr una mejor sociedad y un mejor país. Tuvieron VISIÓN, PASIÓN Y PERSEVERANCIA, palabras mágicas con las que asumieron un compromiso con su país que cumplieron con el trabajo arduo y una dosis de pragmatismo, animados en todo momento por un sentido de misión diferente: aportar a nuestra sociedad un nuevo formato de formación profesional basado en la realidad del mercado laboral y la responsabilidad social.
Permítanme ahora compartir con ustedes algunas de mis experiencias de vida. Comienzo por decirles que VISIÓN, PASIÓN, TRABAJO y PERSEVERANCIA han marcado mi camino a lo largo de mis años. Inicié mi vida profesional a los 21 años, edad que probablemente tienen muchos de ustedes. En aquellos tiempos, mientras muchos organizaban su equipaje para salir del país en búsqueda de otros escenarios, yo decidí quedarme y descubrir oportunidades.
Pensaba que el futuro de nuestro país estaba en la agricultura, así que participé en la creación de una pequeña empresa de fumigación y preparación de tierras. Aunque la experiencia fue más o menos exitosa, pronto aprendí que aunque podíamos producir, no podríamos competir con el desarrollo tecnológico de Estados Unidos, Brasil o Argentina y que, aunque era y aún lo es, una actividad muy importante, no sería la que transformaría nuestro país .
Ese despertar me preparó para el cambio de escenario en mi vida y por un hecho fortuito, llegó la oportunidad del turismo. Mi primer contacto con el turismo llegó por un reportaje de la revista LIFE sobre una villa pesquera en el litoral pacífico mexicano donde se rodaba la película “La Noche de la Iguana”. Con el éxito de la película, el lugar adquirió fama y la pequeña villa se convirtió en un nuevo modelo de desarrollo económico: el turismo.
De manera casual me relacioné a un grupo norteamericano que había adquirido una propiedad en lo que hoy es la próspera comunidad turística Punta Cana, entonces un lugar aislado y de difícil acceso llamado Yauya. Los norteamericanos adquirieron millones de metros en un país que nunca habían visitado, una propiedad prácticamente inaccesible a la que solo podía llegarse por aire, mar o mulo en una larga travesía por tierra virgen.
No sabían qué hacer con la propiedad y recordando el artículo de la película y la pequeña villa mexicana, les sugerí construir 10 cabañitas y una pista de aterrizaje. Cuando mencioné la compra de un tractor y una planta eléctrica, no entendían para qué y tuve que explicarles que había que abrir un camino para llegar y que no había agua ni electricidad en el área. También cambié su nombre por el de Puntacana por la facilidad de su pronunciación en diferentes idiomas. Fue un arduo comienzo y un largo trayecto el que recorrí antes de llegar al éxito.
Pasaron 20 años antes de que el proyecto Puntacana comenzara a dar frutos. Por lo que tuve que idear otros negocios para sostener a mi familia, incluyendo una discoteca, Neón, que de seguro muchos de sus padres conocieron. Sé lo que es el pluriempleo… Puntacana es el destino turístico más conocido de nuestro país, tiene la menor tasa de desempleo y cuenta con recursos humanos de primera.
Fue el inicio de un recorrido que planteaba un cambio de escenario que asumí sin temor, guiado por la visión que me hizo concluir que el turismo tenía un potencial enorme en el mundo, en el Caribe y en la República Dominicana.
Pero la visión no era suficiente. Perseveré contra viento y marea. Hasta mis padres me exhortaban a dejar Punta Cana y buscar otro trabajo más estable. Yo continué con ahínco y fe y mucho esfuerzo.
Cuando hicimos el aeropuerto, después de 8 años esperando el permiso, se evaporaba más gasolina que la que vendíamos a los pocos aviones que allí aterrizaban. Yo tenía que levantarme los sábados a las 5 de la mañana para recoger un agente de Aduanas y otro de Migración para llevarlos a Punta Cana, a recibir el único vuelo que llegaba. Y al terminar, me devolvía con ellos a Santo Domingo para ir a trabajar en la discoteca, que constituía mi mayor fuente de ingresos.
Pero yo creía en lo que hacía y confiaba en el futuro. VISIO
ÓN, PASIÓN, TRABAJO Y PERSEVERANCIA. Fueron y siguen siendo el eje de mi vida profesional y personal.
Y son estos los ejes que hoy les propongo como faros en sus caminos para la búsqueda de un desarrollo personal y profesional, sin olvidar su compromiso con nuestro país y su familia, anclados firmemente en la honestidad y la responsabilidad.
Creo importante decirles que no siempre terminamos en el camino que iniciamos. Las sociedades y los países no son estáticos, tampoco nosotros. A veces tenemos que cambiar de rumbo y acometer nuevos caminos: es ahí donde reside la visión. Ser capaces de “ver” y aceptar las realidades porque, si bien tenemos que soñar, no menos cierto es que también tenemos que ser realistas, pragmáticos y ajustarnos sin temores a los cambios.
Recuerden siempre que la perseverancia, es una virtud que nos acerca a nuestros objetivos y que incluye la capacidad, la voluntad y el temple para alcanzar una meta, sobreponiéndonos al cansancio, los contratiempos y la frustración. Una cosa es iniciar nuevos caminos y aceptar realidades y otra muy distinta, cambiar de rumbo porque creemos encontrar un camino más fácil o porque nos dejamos llevar por el inmediatismo tan dañino y tan en boga hoy en día.
Nada llega gratis. Lo que vale la pena, cuesta trabajo y toma tiempo lograrlo. SIN PRISA PERO SIN PAUSA es nuestro lema en el Grupo Puntacana y puedo asegurarles que hemos llegado.
Nunca olviden la PASIÓN. Es la fuerza interna que mueve al individuo a hacer cosas. Hay que amar lo que se hace, y hacerlo con amor. Y cuando hay pasión en lo que se hace, la rutina es desplazada por la dedicación.
Finalmente, terminó la letanía de consejos recordándoles que el siglo XXI está marcado por la responsabilidad social y ambiental.
No podemos vivir de espaldas a estas realidades que afectan no solo a nuestra nación sino al mundo entero. Tampoco podemos obviar la obligación moral y humana de preservar y garantizar la sostenibilidad del desarrollo y el acceso a una vida digna para todos los seres humanos.
Vivan sus propias vidas, sus propias experiencias y sus propios sueños sin olvidar su compromiso con la sociedad que los rodea y la nación donde viven. Y menos aún con la universidad que les ha formado. Ejercer con ética su profesión junto a su vocación de servicio y participación social, contribuirá a una mejor sociedad y una mejor nación.
Empecemos la construcción de los próximos 50 años guiados por la vocación de servicio en función de las grandes mayorías y el comportamiento ético, convirtiendo estos dos valores en prendas que adornen el corazón, el pensamiento y la conducta de quienes se definan como intecianas e intecianos. !Felicidades y que Dios los bendiga!

SHARE