Tragedias y misiones en una biografía

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Pedro Alfonso Morales

A mediados de febrero de 2021, mi sobrino político, Luis Enrique López, un trabajador del Ingenio San Antonio (ISA), me llevó cuatro regalos hermosos: tres camisas y un libro. Luis Enrique sabe que siempre pido libros como regalos, pero las tres camisas mangas largas me quedaron bien.

El día que fui a la DGI y al Ministerio de Gobernación para realizar trámites y diligencias de mi asociación estrené la camisa color negro profundo. Mientras hacía una fila enorme esperando mi número de atención, seguí leyendo el libro que me llevó mi sobrino grandulón.

Se trata del libro Convirtiendo lágrimas en sonrisas, publicado en Bogotá, Colombia, en marzo de 2020, una biografía escrita por Vivian Fernández García, una nicaragüense de origen cubano, quien después de un accidente aéreo en Honduras le dio un vuelco a su vida.

La obra de 376 páginas con ilustraciones y fotografías, se estructura con una dedicatoria, un poema, una introducción, un prólogo: parte I con 11 capítulos; parte II con 15 capítulos; parte III con 10 capítulos; parte IV con 5 capítulos; y cierra el epílogo, un anexo y una oración.

En realidad, es la autobiografía escrita por Vivian Fernández García, cubana de nacimiento, y narrada en primera persona con amor y dolor, objetividad y subjetividad, cuyo centro está cruzado por cuatro tragedias y una misión espiritual que convirtió sus lágrimas en sonrisas.

Aquella niña nacida el 5 de marzo de 1954, hija de José Fernández y Lydia García, apenas contaba con siete años de edad, cuando su padre tuvo que abandonar su patria el 9 de junio de 1961. Su padre fue detenido durante dos meses después de la invasión de Bahía de Cochinos en Cuba.

Tras un periplo que incluyó La Habana, Kingston, Jamaica y Miami, pudo llegar a Managua por la ayuda de un amigo de su padre. Dos meses después, llegó a Managua el resto de la familia compuesto por su madre y su hermano mayor. Nicaragua se convertiría en su segunda patria.

Ya establecidos en la Colonia Molina en las afueras de Managua con el Motastepe de fondo y, después en Bolonia, vivió una niñez entre árboles, animales, las muñecas, las chibolas, los juegos de beisbol y la escuela del Colegio Americano y el Teresiano de la capital.

Allí vivieron los horrores del terremoto de Managua la madrugada del 23 de diciembre de 1972. La empresa de su padre fue saqueada y algunos de sus parientes fueron enviados a EU. Luego, estudios en Miami y su matrimonio con Carlos Pellas en septiembre de 1976.

En 1979 su padre fue confiscado por los revolucionarios sandinistas y de nuevo algunos de sus parientes se radicaron en EU. Diez años después, el sábado 21 de octubre de 1989, el avión de Tan Sahsa, se precipita en la mañana en el Cerro Hula de Honduras con 146 personas y sobreviven 15.

De ahí en adelante, en el libro se narra la dolorosa historia de esta mujer que logró sobrevivir junto a su marido, quizás más por la fuerza y la valentía de ver crecer a sus tres hijos, que por el dolor mismo que significaba curar las heridas y quemaduras de su cuerpo.

«Un gran maestro llamado dolor» sea quizás de quien Vivian Fernández García aprendió a sobrellevar su vida y dedicársela a todos los niños de Nicaragua que sufren las mismas heridas que ella sufrió en el aparatoso accidente que le cambió la vida totalmente.

De esa tragedia, le vino la idea de crear la Asociación Pro Niños Quemados de Nicaragua (APROQUEN), cuya misión se centra en «Brindar atención médica integral y gratuita a niños con quemaduras y labio y paladar hendido en Nicaragua, así como capacitar a nuestros homólogos en América Central».

Una unidad de quemados intensivos que comenzó en el Hospital Velez Paiz de Managua; una capilla Espíritu Santo, el Studio Gimnasio Ilusiones y un hospital moderno como el Vivian Pellas, son quizás cuatro legados que deja para apoyo a la comunidad.

Al terminar la lectura del libro, se siente que la gran misión de los seres humanos en la vida y el mundo es ayudar uno al otro sin esperar nada a cambio, aun así, se tenga dinero o no. «Un planeta sin sentimientos sería un lugar triste», como dice la autora del libro.

El capítulo 10 de la obra, titulado Y dejé de llorar… inicia así:

Temía que con todo lo que estaba viviendo, entrara en una fase de verdadera locura.

            Me bañaban en una tina de «HUBBARD», aplicando soluciones antisépticas con agua tibia, luego cubrían las heridas con antibióticos.

Protegieron mi piel con gasas, vaselina y otros productos de sulfadeazina de plata utilizada como cubierta transitoria, porque evita la deshidratación y disminuye las infecciones.

El impacto que sufrí al ser catapultada por la explosión sumó múltiples lesiones a las que me había causado la caída del avión.

Una explosión tridimensional con equipo de alta tecnología permitió la observación de varias fracturas y una evaluación más precisa.

Muchas fueron las cirugías practicadas por el doctor Anthony Wolfe, debido a que los huesos del cráneo y de la cara, unidos por articulaciones y cubiertos por estructuras musculares, fueron dañados y no permitían ningún movimiento de la mandíbula.

Telica, León, Nicaragua, 26 de febrero de 2021.

Sobre el autor

Pedro Alfonso Morales Ruiz (Telica, León, Nicaragua, 13 de mayo de 1960) es poeta, escritor, músico y profesor con licenciatura Lengua y Literatura y una maestría en Lengua y Literatura Hispánicas por la UNAN-León y Alcalá de Henares, España, y con una especialidad en Literatura para Niños y una licenciatura en Derecho.

Ha publicado 2 novelas, 12 libros de cuentos, 8 libros de poesía, 5 libros de textos desde 2005, 5 caligrafías desde 2017, 5 libros de ensayos y 1 antología.

 

En los siguientes enlaces conocerás más de su trayectoria literaria:

Literatura, música y docencia de Pedro Alfonso Morales: https://www.acicnicaragua.org/wp-content/uploads/2020/11/Memoria-Pedro-Alfonso-Morales.pdf

https://panamapoetico.com/pedroalfonsomorales/

 

 

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