The power of the dog

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Es el título de la película, un western, drama, de suspenso que atrapa y seduce al espectador, fue  estrenada,  en noviembre del 2021, con el guión de Jane Campion, fotografía de  Ari Wegner (magistral en la cámara, que  sostiene partes de la prosa del libro original The power of dog del estadounidense Thomas Savage), diseñador de producción Grant Major con imágenes  poéticas,  que se rodaron en  en la isla sur de Nueva Zelanda, y con el uso de teleobjetivo para crear ’un encuadre  lo mas rico posible’’ nos dice la directora de fotografía Wegner. El título está ajustado a uno de los salmos de la biblia, que dice ‘Libra de la espada mi alma, del poder del perro mi vida’.

Se pueden analizar bajo diferentes ópticas y una de sus riquezas son las metáforas poéticas, en tierra de Montana, con el fondo de cerros rocosos, y que solo pueden ver y escuchar en la ladera a un  perro, Phil y Peter.

El símbolo del perro es explorada y manejada en este film, porque es el instinto, intuición, olfato, ese lobo o lupus, canis lupus,  recién nacido  impulso, cerbero, cancerbero a perrito domesticado y  fiel o faldero, que anida en ese inconsciente en relación con la naturaleza agreste, dura y desconocida del afuera y adentro, que habita en cada humano, que muchas veces la vida o las vidas le repasan, al no conocerse y verse en sus contradicciones.

Riquisima sensualidad, manantial de erotismo en cada toma y secuencia del mundo de los hombres y en su desnudez en el río, sin desperdicio las imágenes nos cuentan, en una especie de sueño y estar despierta, en conexión emocional y en silencio,  nos arropan los rios profundos psiquicos.

En todas las épocas las relaciones familiares han sido difíciles y en la película apunta al resentimiento, traumas, incomunicación, soliloquios, duelos, odio, venganza, amor y sueños de Phil (Benedict Cumberbatch)  y su hermano George, en apariencia antípodas, son  vaqueros pudientes con grandes hatos de cabezas de ganado,  caballos y  automóviles, con  madre y padre en la ciudad.

Phil  representa el lado animal salvaje, terrenal, sucio ‘apestoso’ , la  oscuridad con respecto a George  Burbank (Jesse Plemons) que,  es la contención de impulsos, impasible, adaptado a esa realidad de 1925, que busca a alguien para no estar solo…

El drama se prende cuando George se casa en secreto con la viuda Rose y van a vivir a su casa con el hijo adolescente Peter, un delgadísino, enclenque, delicadísmo y  temeroso con ojos desorbitados, que ama hacer flores de papel; el choque de mundos es inevitable, cuando Phil no acepta a su cuñada y en forma obsesiva le declara una guerra psicológica, cacería al borde,  que logra dominar la situación, y  élla sufre de los nervios y se calma con el consumo de alcohol (dipsómana), mientras el hijo estudia medicina en la ciudad.

El marido siempre está fuera por los negocios y el capataz,  su hermano Phil se encarga de la casa y de ‘vigilar’ a la débil Rose, pero, el fortísimo Phil tuvo a su mentor Bronco Henry, a quien describe, como su dios, salvador, y tiene un lugar oculto de ofrendas en un río, posee revistas de cuerpos desnudos y en  ritual secreto se embadurna con el fango en comunión erótica con la naturaleza, y se percibe ambivalencia, autocomplacencia, atracción a los cuerpos de varones desnudos, y sus gestos varoniles en cada zoom es poesía, una piel resbaladiza, acuosa y en las escenas de  las tomas de hombres vaqueros desnudos con sus caballos.., qué hablan y qué cuentan, algo de canto amoroso dolido resuena en esa naturaleza de machos jinetes y ante el dolor se calman al silencio de piedras y corriente del río, se ríen y tienen los miembros cubiertos con los sombreros al descansar…

El hechizo de mas de dos horas recreativas nos halan al mundo interior de la psiquis, que con sus contradicciones de odio y misoginia le hablan del poder atractivo de los supuestos opuestos, él se niega a ese deseo naciente y se siente más cómodo dirigiendo hombres y enseña a montar a caballo a Peter;  vamos a creer de buenas gana al hijo de Rose, el Peter entrampado en esa pregunta, que muy pocas veces nos hacemos los padres y los hijos. Acaso somos infalibles al criar?  Porque todos y todas creemos que somos buenos padres y madres y también se lo creen los hijos, que son buenos hijos e hijas; hay una especie de creencia sacra que, no nos equivocamos en la crianza, porque, como se supone que el amor todo lo cura o es suficiente, y  no nos atrevemos a hacer autocriticas y menos a juzgarlos.

En la película, Peter ya no acepta perder a su madre, porque su padre se suicidó y decide eliminar ‘’obstáculos’’ esa es una clave del drama, no es sólo la paciencia,  si no eliminar los obstáculos ante problemas’ que era una de las enseñanzas, y su padre le acusaba de ser duro o cruel y de esto se sorprende o casi ríe Phil y éste insiste,  que ante los problemas es mejor  tener paciencia y fortaleza, y ya en otra escena, para la madre, nada es ‘inalcanzable’ y casi que induce al hijo… son discursos, claves linguísticas,  en medio de largos silencios que  horadan la psique del espectador, y ya, las imágenes sinuosas nos señalan porvenir…

Es terrible cuando los hijos e hijas deciden ‘salvar’ a su madre o padre y necesitan asesinar con calma, premeditación y así, en un  entramado, en un ritual se teje la soga con el cuero, esan manos fuertes bañadas de Phil, incluso en un zoom la herida nos sumerge a la debilidad del soñador phil, un  poeta lupus, que aúlla en su ley con la mano herida, y se apura para nada,  al encuentro con Bronco o quizás se reencontró con Peter, quien, en la silla de montar de Bronco se mimetiza y domina la escena, hay conexión emocional…

No sabemos nada de esa última noche,  y qué pasó al intercambio de miradas, roces de labios a través del cigarrillo y de los cuentos de su maestro Bronco Henry.  La última imagen a través de la ventana es el principio de la’vida’ del joven y que ironía, mientras la pareja de luto,  se besa, los ojos saltones parecen lagos de agonía o de un cuervo…

    ESCRITO POR ANA ANKA

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