Rubén Darío el Señor de los Tiempos

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Por Bayardo Quinto Núñez 

Revive el espíritu de Rubén Darío. Su obra letrística, es inmensa. Fue un poeta, periodista y diplomático nicaragüense. Es posible sea el poeta que ha tenido mayor y más duradera influencia en la poesía del siglo XX en el ámbito hispánico. Incluso, hablar de Darío es de nunca acabar, por su inmensa obra escrita. En la actualidad, es uno de los personajes-escritores-más celebres de la historia de Nicaragua. Es. El máximo representante de la grandeza literaria poética del país. Trascendió fronteras ganándose el título de “Padre del Modernismo”.

Sus temas fueron siempre inspirados por sus precoces sentimientos e imaginaciones.  Alcanzó la madurez como escritor al viajar por el mundo, su ímpetu, sus repentinos amoríos, su libertad de pensamiento, la tragedia de la muerte de su primera esposa, su libertad etílica, junto con su intelecto innato, lo convirtieron en lo que hoy representa.

Rubén Darío, es recordado en toda Nicaragua; muchas calles, parques, colegios, edificios llevan, museos y monumentos  llevando su nombre. Su escritura en el tiempo, se ha convertido en parte de una honra perpetua a su vida y obra. Darío en su obra “Canto de Esperanza”, en una de sus partes conducentes magistralmente nos ilustra: “La tierra está preñada de dolor tan profundo/que el soñador, imperial meditabundo,/sufre con las angustias del corazón del mundo./ Verdugos de ideales afligieron la tierra,/en un pozo de sombra/la humanidad se encierra con los rubros melosos del odio y de la guerra./ Y, en la obra “A Roosevelt”., nos enseña: “ Eres los Estados Unidos,/eres el futuro invasor/de la América ingenua que tiene sangre indígena,/que aún reza a Jesucristo y aún hablas en español”. Y así sucesivamente encontramos infinidades de cosas en la obra de Darío de nunca acabar, enrumbadas proféticamente.

Darío, a  Centroamérica también dedicó poemas inspirados en un profundo sentimiento centroamericanista, sentimiento unionistas. En 1889, en el  “Diario La Unión”, que él dirigía, escribió: “Venimos a ser trabajadores por el bien de la patria; venimos, de buena fe, a poner nuestras ideas al servicio de la gran causa nuestra, de la unidad de la América Central”. Darío, asumió, con plena conciencia, su alta misión de poeta continental, vate por excelencia de las angustias, y esperanzas de los pueblos hispanoamericanos. Ahora, veamos, en la obra “A Colon”, dice: “¡DESGRACIADO Almirante! Tu pobre América/tu india virgen y hermosa de sangre cálida, /la perla de tus sueños, es una histérica /de convulsivos nervios y frente pálida”… Efectivamente, atacaba al invasor (es), a lo protervo de la sociedad,  y etcéteras.

Darío. Develó el alma y nervio de la realidad que avizoraba, pisaba defendiendo a los sin voz-desposeídos-, por ejemplo existe una obra magistral de él “Los motivos del lobo”. Cuando Francisco de Asís se va, el lobo quedó domesticado, pero éste cuando entraba en las casas de los lugareños, observaba lo más oscuro del ser humano,  captó sus tropelías, los pecados. Además, él flagelo que fue objeto, incluso,  ponía la otra mejilla y lo volvían a maltratar. Ello, trastoca su interioridad e hizo sentir la maldad dentro de él y volver aceptar su condición de lobo, de animal. Allí, se cumple “maldita sociedad que nos desprecia”. Francisco  de Asís, al regresar lo escuchó, lo deja y acepta lo que ha arguído. Se va triste, desconsolado. Aún, así, ora por el a Dios, por su alma, por su salvación. Que mejor ejemplo, el redimido o no pretenden andar por buenos senderos  pero en parte la sociedad los destruye, por su “mala levadura”.

Créditos del autor:
Bayardo Quinto Núñez, abogado y notario público, escritor, pintor y músico.

 

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