Pensando la Universidad

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Por Francisco Luciano

Este año la Universidad Autónoma de Santo Domingo, UASD, se verá abocada a renovar sus cuadros académicos electivos: Directores de recintos, Centros y subcentros, coordinadores de cátedras, directores de escuelas, decanos y vicedecanos, así como del rector y los vicerrectores. En junio 15 (víspera de Corpus Cristy) será la votación que definirá indefectiblemente al próximo rector, dado que existe una marcada polarización entre los dos aspirantes al puesto. El escogido, deberá asumir el 16 de Julio (Dia de la Trinitaria) con el reto de afianzar los avances alcanzados en importantes aspectos de la vida institucional de la academia durante el cuatrienio encabezado por la doctora Emma Polanco Melo, así como para retomar las tareas pendientes.

Es innegable que durante el periodo 2018-2022, la Universidad Autónoma de Santo Domingo, además de superar con éxitos los retos de una inédita pandemia aún vigente, logró recuperar parte de su buen crédito ante la colectividad nacional al extirpar de su seno la anacrónica anarquía que por décadas pernotó en sus bocas calles, expresadas en la quema de neumáticos y pedreas contra la propiedad pública y privada, así como desalojando la caterva de vendedores ambulantes que convertían en un vertedero los alrededores de su sede central en Santo Domingo.

El adecentamiento de su planta física expresada en la higiene de sus instalaciones icónicas como el polideportivo Tony Barreiro, las edificaciones de Educación Física y el remozamiento de los edificios de la Facultad de Ciencias de la Salud con hincapié en los Laboratorios de Medicina (LM), el Paraninfo Dr. Defilló y en toda el área de Ciencias Morfológicas, merecen mención especial.

Pese a la pandemia, sin incrementar tarifas a los alumnos y egresados por los servicios que se brindan y sin el apoyo presupuestario que amerita, la presente gestión universitaria descontinuó la perversa practica de retener de manera ilegal las retenciones a los gremios, a la cooperativa institucional y a la ARS-UASD, permitiendo que estas instituciones mejoraran su desempeño extraordinariamente para beneficio de los servidores universitarios.

A tiempo, logró la gestión que ahora concluye, atender las demandas de justas mejorías salariales de profesores y empleados por vía de sus gremios, garantizando los semestres académicos programados y manteniendo el flujo de estudiantes, tanto de nuevo ingreso como realizando las investiduras programadas a un ritmo de más de once mil egresados por año.

Significativa fue la armonía entre la rectoría y los decanatos expresadas en la constante consulta y el respeto a los fondos generados por dichas unidades.

Paralelo a la instalación de la educación servida de manera virtual con la asunción de una de las más modernas y amigables plataformas disponibles en el concierto de las universidades en línea, se asumieron las pruebas de admisión POMA y PAA como base para orientar la toma decisiones amparados en los resultados, se avanzó en el rediseño y adecuación curricular de importantes carreras, al tiempo que se incorporaron otras nuevas, ensanchando la oferta formativa del Universidad y del país, amén de la consolidación de la imagen internacional de la Primada de América.

La incertidumbre que genera la inestabilidad económica de los servidores al no tener garantías plenas de recibir, en las fechas establecidas, los emolumentos que le sirven de sustento, desapareció durante la presente administración universitaria en una clara demostración de capacidad, para mediante una planificación adecuada en el uso de los fondos, privilegiar lo importante aun en medio de la precariedad.

Muchas cosas quedarán sin resolver e insatisfacciones deberán haber, en una institución que padece no solo de déficit financiero, sino de déficit de atención y constancia en su quehacer cotidiano: a) La modernización del registro universitario, b) Una mayor conexión de la Universidad en su relación con el Estado y el empresariado, c) El necesario aumento de la oferta de asignaturas a los alumnos, d) La modernización de muchos de sus procesos rutinarios, e) Un cambio de paradigma en la política de talentos humanos para hacerla más institucional y menos clientelar, f) Más transparencia e integralidad en la selección del personal docente, y un etcétera al que podrían agregarse muchos ítems., pero ese es el reto que tienen las instituciones trascendentales y complejas como la UASD.

Como en todo cambio de mando, con una de las opciones podría correr el riesgo interrumpir lo alcanzado regresando al empantanado pasado de dinosaurios que se resisten a la transformación para regodearse en su zona de confort asumiendo el criterio de que “la UASD es más vieja que la República y siempre ha sido así”, retornando a la época del análogo y cañengo ábaco en desuso.

O podremos darnos la oportunidad de escoger a quien garantiza la continuidad y mejoría de lo alcanzado para avanzar con pasos firmes hacia la Universidad actualizada, moderna, y conectada, porque querámoslo o no, estamos en la Era Digital, donde lo análogo perimió, y ello impone la necesidad de reestructurar propuestas, planteamientos y actuaciones para la sociedad y sus instituciones, siendo la Universidad Pública la institución llamada a liderar ese proceso para que resulte armónico, equitativo y justo.

Si la UASD debe jugar ese rol, es una decisión que el profesorado tendrá en sus manos el próximo 15 de junio 2022.

El autor es docente de la Facultad de Ciencias de la Educación.

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