Fatalismo y humanismo existencial: 77 minutos

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Caminar en Navidad  con los traumas encendidos, que  rivalizan,  frente a vitrinas explosivas con árboles y Papanoeles escandalosos, unos miserables jacarandosos  y ótros,  pordioseros de barrios,  que tratan de reir con ojos tristísimos en las calles de la Gran manzana, con secuelas de la depresión económica y de  guerras mundiales,  nos muestra la película Blast of Silence de  Allen Baron, estrenada el cuatro de abril de 1961 en los Estados Unidos y protagonizada  por él,   como Frankie Bono  ‘Baby Boy’.

Una película de arte y culto, extemporánea, que pasó sin ser reconocida, un film noir que reinventa las décadas de los sesenta y setenta,  con gestos marcados, definidos del asesino por encargo, una especie de sicario, psicópata potencial, del bipolar, una poética de la  locura en los antros, burdeles, en blanco y negro del cine clásico de los años 40 y 50.

El retorno al tiempo con nostalgia, orfandad, con amigos y novia de su adolescencia (Molly McCarthey) marcan la  vida del asesino profesional, que vive en Cleveland, Ohio y viaja  a Nueva York,  para asesinar al mafioso Troiano (Peter Cliene) con un revólver calibre 38, con silenciador (símbolo).  La explosión del silencio en plena Navidad, o habla del asesino con poder,  le confiere el silenciador, porque está negado a hilar, nombrar y contar su vida, esa carencia de diálogo, de darle voz y nombre al trauma que revive en repeticiones al no ser procesadas, y para él, es mas práctico, ejecutar a sueldo. Los sentimientos y el ambiente festivo le hacen cometer deslices y,  en este último mes terrible de Navidad, de afrenta y estrés, marcarán  su naufragio, al querer tomar la ‘felicidad’ con su novia del pasado, a quien trata de forma violenta, y la cámara nos lleva a esos instantes compulsivos pasionales y retrata a un hombre solo, carente de amor, que confunde las atenciones y cariño…  hay una transferencia psicológica, que provoca distanciamiento y obsesión por el rechazo, más deseo pulsional, y recrea, su última tabla de salvación, que él intuye e incluso en forma reflexiva decide abandonar el oficio, pero, el compromiso con  sus ´´jefes’’ le someten a cumplir …

El  protagonista ‘’baby boy’’ es  como todos nosotros y nosotras,  que llevamos ternura y la ca sa materna, la niñez, y necesitamos el contacto afectivo y él,  cree por unos instantes,  que puede burlar al tiempo o ser uno mas del grupo humano, y no ser un  extraño, ‘necesita’ ser feliz, tener un regalo, un arbolito, alguien.. condicionamientos enraizados, de ´´familia feliz´´, cuando en realidad las familias son laboratorios, pescan al chivo expiatorio o son manicomios socializados, como las drogas permitidas, y muy pocos aceptan  las contradicciones del pensar y sentir, del  corazón, los deseos … aquí ‘’baby boy’’ ingenuo siente o cree amar a su novia de la adolescencia y no se permite racionalizar ‘cabeza fría’, es puro instinto cual niño.. ¿por qué no se puede estar todo el tiempo en primavera o en Navidad, o recrear nuestros estados anímicos  en forma consciente?

El código, el cánon, las normas, condicionalmientos nos atan a funcionar bajos sus criterios y muchos claman ser felices porque les nace del corazón y eso ¿será en verdad…?por supuesto,  que hay momentos de goce, que nada tiene que ver con los regalos o materiales costosísimos; y en verdad vivimos tiempos difíciles  y cada persona procesa su trauma como pueda o ni siquiera muchos  saben  de sus traumas, y  los ‘’olvidan’’  o están bien represados  en el inconsciente… y este asesino profesional habla a través del silenciador sus traumas y la gran paradoja es que, renace en su ley , en esas imágenes, en el  frío helado decembrino, en las aguas al ser ajusticiado,  y notamos que ansiaba cambiar,  amar,  y este personaje oscuro, romántico y poético le canta a la humanidad en sus imágenes, al decirnos que hay otros entramados, modos, para reconstruirnos y no solo esperemos navidad..

El ojo del director,  escritor y actor Baron se adelanta a estas épocas de hunter consumista, objeto o coso sexual, depravaciones instaladas, de mentiras institucionalizadas, de un mundo al revés, de un mundo virtual de aceptación hipócrita, de  estados de felicidad consumistas del rebaño devorador, y es permitido por el individuo, quien todavía se cree libre, y todavía se disfrazan los regalos …

Nada nos es ajeno y extraño en Navidad y en este nuevo renacimiento las familias deberían orientar y preparar a vivir con mas sencillez, con menos y mas resiliencia  perceptiva, con lecturas en terapias cognitivas conductuales, psicoanáliticas o humanistas, ejercicios…  porque los  excesos están a la orden del día y las culpas invalidan la psiquis;  quizás,  puedan drenar o disimular el dolor y el miedo, pero, hay mas violencia en este sistema predador, que  se repotencia en pandemia.  Creemos que las burbujas familiares son punta de lanza para neutralizarlas y laboratorios de esperanza y pilares de nuevas formas de vida.

Nada es casual  en la película, desde la gestación y alumbramiento del ser se recrea el fatum, destino que conforma las mentes en escalas y niveles, nos muestra la autodestrucción de la especie, con sus congéneres y el bullicio navideño se siente mas desgarrador en soledad.

Estas crisis existenciales con registros fotográficos dantescos, de belleza terribles,  de 77 minutos de  calles marginales Neoyorkinas, edificios sucios y herrumbrosos, son fotogramas de Merrill S. Brody, y hay un narrador en off, con  voz magistral de Stander,  casi sin diálogos, casi documental, con la   banda de jazz Meyer Kupperman .  Algo que me llama la atención en el zoom del  rostro grueso, barbado de gestos afeminados, del  Gran Ralph, amigo de su infancia (Larry Tucker) que  le conseguiría el arma,  es la imagen descriptiva del cuarto sucio,  del tipo,  solterón descuidado, obeso, con un amor desmedido por sus mascotas, las ratas de cloacas, a quienes alimenta con devoción y las pone en regateo con su amigo para que le pague bien… asi comienza la cadena de errores del antihéroe, como, es asesinarlo por rabia al exigir mas dinero…

Las emociones y rituales se despiertan en este último mes del año, y hoy en pandemia necesitamos estar mas prevenidos, porque somos hipersensibles y en algo calma el consumo desaforado; se visibilizan las brechas sociales, las clases, necesidades y rostros, que tratan de ocultar el miedo, la soledad, su mostro sagrado, o bestia que habita en el ser;  y muy pocos se responsabilizan de concientizar sus sombras e instintos y es más fácil los extremos o libre albedrío, que  desarrollar la sencillez o quietud o como decían las abuelas:  no dejar a los zamuros cuidar la carne y guardemos  pan para mayo.   Escrito por Ana Anka

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