Phoema y minicuentos : Vientre y preñez del universo; Vericuetos de la mente” Relinchan los espejos

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Por Bayardo Quinto Núñez

Canto a la bandera, escudo
del universo, a su majestad,
a los colores, a los tiempos idos
y venideros, a los astros,
al mar, a las tempestades,
a la madre naturaleza,
y todo lo que polula en el,
y que escarban grueso
a poca altura o rechoncho
en nuestra piel, que ruge
como una piedra preciosa,
que apetece para
raptar la esencia del
sentimiento y mente,
así, se a orilla en la
piel para continuar
cantando a los tiempos
como un toque
de misticismo, premeditación
en el lenguaje óptimo
de imágenes, y elementos
victimario de este mundo
sibilino mordaz.
Así, el lenguaje del mundo,
universo, nos complace,
con sus átomos,
partículas de átomos,
polvo cósmico, neutrones,
protones, positrones,
células cósmicas galácticas
a una velocidad superluminica,
ejercida desde el espacio
universo con su vientre preñado,
como objeto del leal
significado de plena
autonomía, con bifurcación
de independencia.
Siendo, la mejor y, pura
enseñanza proveniente
de la sala del
servicio místico
del universo, sin cobranza
de honorarios.
Esa es la majestad
humanista del vientre
preñado del universo…!!!

Minicuentos
Vericuetos de la mente
En los vericuetos de la (su) mente Maritza se encontraba degustando un té, y de pronto como una culebrita sonrió y puso la mano para recoger algo que estaba en el piso, era una cartera masculina, y se la entregó a su dueño.

-Muchas gracias, no sabe cuánto le agradezco-le dijo Manuel-
-De dónde es usted-preguntó Manuel-. E iniciaron una conversación entretenida, llena de vericuetos dentro de los pasillos de la mente.

Se. Comentaban entre ambos que, habían viajado y sufrido mucho. Llegó la despedida y Manuel prometió saludarle la próxima vez que le viera, y si se terciaba tomarse otro té mientras continuaban charlando. Ella contestó: “que no había ningún problema”, pero de pronto ella volvió la cabeza atrás, se estaba colocando furtivamente y cuidadosamente, sobre el hombro un objeto extraño, era un pañuelo, sin duda para intentar capturar durante unos minutos el amplio pozo de su soledad. Pero en instantes de segundos Manuel no vio el pañuelo y Maritza ya no estaba, entonces en ese momento discurrió Manuel y pensó: “estaré soñando o delirando solo sé que vi una realidad, que importa lo que sea, la vida continúa”.

Relinchan los espejos
Era un espejo de mano y de pared, este siempre pernoctaba sólo cuando se iba su dueño y por supuesto nadie se veía en él, como que no existía, y quizá tenía razón el pobre espejo, entonces los demás espejos se burlaban irónicamente de él, pero cuando por las noches su dueño a los espejos los guardaban en el mismo cajón estos dormían a pierna suelta satisfechos, ajenos a la preocupación del neurótico dueño, solamente ahí se sentían liberados, cantaban, bailaban, hacían de todo, pero un día un espejo se rompió, los demás se afligieron y se decían unos a los otros ¿y ahora que hacemos?, entonces el espejo antiguo dijo: esperemos que amanezca haber que dice nuestro dueño, ni modo, peguémoslo y esperemos que pasa mañana.

Pasó la noche y llegó el mañana, el dueño abrió el cajón de los espejos sacó uno por uno, y al sacar el espejo roto dijo: y a este qué le pasó, seguro por estar relinchando se rompió voy a llevarlo al ¡médico¡

Acerca del autor de estas obras letrísticas
Bayardo Quinto Núñez Abogado y Notario Público, Escritor, Pintor, Músico.
Correo: tac_tictac@yahoo.com

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