¡El viaje de regreso inevitable!

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Si pensáramos en eso, qué distinto sería todo. Cursaríamos los hombres cada corriente de vida que nos conceda el Supremo Creador del Universo, libre de egoísmo, apego a las cosas materiales, prepotencia, e ingratitudes.

Siempre se observara, debidamente, la sagrada “Regla de Oro”, que prescribiera al mundo el amado maestro Jesús, ya siendo “El Cristo”, durante su ministerio terrenal: “no hacer a otros, lo que no quisiéramos recibir nosotros”.

Al intitular así esta humilde opinión, nos referimos al viaje de retorno obligado por parte del espíritu encarnado, que es lo que en verdad somos los hombres (general), a partir de la llamada muerte física, a que están sujetos los humanos, tal como convencionalmente se conoce.

Habrá   un día, e instante, específicos, impostergables, en que esa entidad   espiritual tendrá   que regresar de nuevo, desde el plano terrenal hasta su propio espacio sutil, al cual pertenece, y que es la verdadera casa de todos.

Comienza dicho viaje de retorno, el mismo día en que se ingresa al físico; abandonando entonces, por supuesto, el templo carnal en que se habitó por algún tiempo. Finaliza, claro está, la encarnación que fuera emprendida.

En ese preciso instante de entrada al ámbito de la materia densa, se inicia la “cuenta cronológica regresiva”, para su retiro, temporal o definitivo, dependiendo del grado de evolución que se haya alcanzado hasta ahí.

Pero, se advierte por demás, que en términos de concienciarse las personas, durante el discurrir existencial de cada cual, se hace muy poco, normalmente, en ese orden, a pesar de un tiempo razonable ya agotado, respecto de las misiones a cargo con las que nacemos; los mandatos de carácter divino que se deben cumplir; y, mucho menos, sobre las conquistas kármicas dispuestas para el curso de un tránsito terrenal determinado,  que fueran aceptadas de antemano (primera fase del llamado libre albedrio), por parte de la entidad espiritual encarnante.

Antes de proseguir con el desarrollo de lo que aquí se trata de abordar, se hace aconsejable intercalar lo siguiente, a los fines que se tenga una idea, aunque algo superficial, con relación a esos asuntos de las misiones divinas a cumplir, en base a dones, o talentos concedidos, obviamente; y, las conquistas kármicas necesarias asignadas, referentes a puniciones, por actos indebidos en existencias anteriores.

Son definiciones o conceptos relativos esos, que aparecen expuestos en la red de la Internet, y que invitamos a buscar, y leer. Véase:

“Talento puede definirse como una capacidad especial o sobresaliente innata para llevar a cabo una actividad específica. … Se puede decir que un don es lo mismo que un talento. Sin embargo, la palabra don tiene un dejo de sobrenaturalidad, de extraordinario. También se le entiende como un regalo, una dádiva”. Evidentemente, cabría agregar, que son esos otorgados, para ser usados durante la encarnación.

“Karma y Dharma: estas dos palabras orientales significan Castigo Y Premio. En forma más filosófica diríamos mala Acción y mala Consecuencia, y buena Acción y buena Consecuencia”

Continuando con la temática principal, se debe apuntar que, cuánto pueda ocurrir en relación con el aspecto kármico durante la estadía mundanal, humanamente hablando, de ordinario se atribuye a la casualidad, olvidándose, qué no es así; sino, que, “todo es causal”, como bien aseguran los entendidos en la materia. “¡Qué nada pasa sobre la Tierra, por accidente!”, dicen ellos.

A manera de complemento, algo más en ese orden, que se debe señalar de forma precisa es qué, no se está en el plano terrenal por mero azar; sino, debido a un plan espiritual evolutivo, y con una misión divina que cumplir.

De ahí es que, toda corriente de vida obedece a un prediseño; y, que en ésa son contempladas las condiciones y circunstancias requeridas, para el logro pleno de los efectos evolutivos atinentes a la entidad a encarnar de que se trate.

El concienciarse sobre esas esotéricas realidades, según aseveran aquellos que conocen sobre esa materia – espiritualidad; no religiosidad popular -, si es lo que se entiende da sentido y propósito real a eso que convencionalmente llaman vida los humanos, cada subsistencia física, lo que hace siempre sentirse conforme con todo lo que acontezca durante la misma.

Que la vida es UNA, eterna e infinita; y, que las personas disfrutan de fragmentos de Ésa, denominados “corrientes de vida”, dispuestos esos, para “Expresión y Manifestación Divina” en el plano de la materia densa, y otros asuntos, durante dichos lapsos de tiempo.

Que todo se habrá de producir a través de los hombres (general), y las demás especies acompañantes, como Atributos del Supremo Creador que en verdad son.

Esa estadía cronológica humana, en lo atinente al plano físico de la materia, visto solo en ese orden de la presencia física de la especie, e ignorándose los porqués de las razones principales de cada existencia, que es lo que nos ocupa ahora, se reporta siempre, solo como “vanidad y aflicción de espíritu”. Esa es una concepción muy externada y comprobada.

Por tales motivos se hace creíble, el que se entienda en el contexto científico, “que la vida humana no tiene en absoluto ningún sentido. Los humanos son el resultado de procesos evolutivos ciegos que operan sin objetivo ni propósito”. Así se expresa en la obra: “Sapiens. De animales a dioses”., página 428. Yuval Noah Harari).

Bien se puede asociar ese pensar científico con el señalamiento del Predicador, y que aparece en la Sagrada Biblia: “Miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu”. (Eclesiastés 1-3,2 Corintios 11:16-33).

Es obvio que, se viene a este plano por un tiempo cronometrado de antemano, y luego se tiene que regresar a la verdadera casa, el plano espiritual, portando un solo equipaje: los resultados de las realizaciones encomendadas desde allí; como, del terreno evolutivo ganado en adición, producto de las buenas obras llevadas a cabo por iniciativa propia, durante cualquier encarnación que concluya.

En tal sentido, qué se hizo, en términos de la misión divina asignada; como, con respecto a la conquista de la porción del karma maduro seleccionada, el acumulado, y aceptada previamente por el Alma (el espíritu encarnado), cabe recalcar, antes de ingresar al plano terrenal

Todo hombre que se ha puesto a indagar y reflexionar sobre el porqué fuera creada la especie humana, de seguro ha arribado a la conclusión de que esa respuesta solo puede ser hallada a nivel del plano espiritual.

Que el propósito por el que cada cual, espíritu encarnado, está en la Tierra, es representar al Supremo Creador de todo, y Manifestarle; como, el conquistar las cargas kármicas necesarias, y “puestas sobre los hombros”, evolucionar.

Luego, como la ciencia convencional, por lo regular, siempre ha estado divorciada de lo divino, por entenderse, en su marco de ejercicio, que lo único válido, es lo comprensible, lo verificable en el contexto de la mente humana, es lógica la concepción de que la vida, tal y como se concibe, convencionalmente, no tenga sentido, ni propósito alguno.

Ahora, yéndose uno al contexto de lo esotérico espiritual, en el ámbito metafásico, sí que habrá de encontrarle sentido y un propósito, muy importante.

También se podrá discriminar entre lo que es la VIDA en realidad, presente en cuánto existe en el Universo, que los entendidos consideran como sinónimo de DIOS, incluso; y, los fragmentos de Ésa que se conceden a los humanos, llamados “corrientes transitorias”, para los fines señalados. precedentemente.

Finalmente, es preciso apuntar que, la temática aquí abordada, no es muy fácil de explicar, como tampoco de entender. Pero, de seguro vale la pena intentar ambas cosas. ¿Por qué?

Primero, para edificación de aquellos que no han tenido la oportunidad de indagar nada en ese sentido; y, segundo, en pos de que todos esperemos preparados para partir, ese obligado viaje de regreso al mundo espiritual, nuestra verdadera casa.

Autor: Rolando Fernández

 

www.rfcaminemos.wordpress.com

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