Versainograma a los infames ladrones de mi patria

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Por Miguel Espaillat

1 – Perdone usted poeta Pablo Neruda, si me monto o sigo la ruta de su “Versainograma a Santo Domingo” para también al igual que usted, desahogar mis frustraciones contra un sistema y hechos que a todo revolucionario, cristiano o ateo con conciencia, le rompe el corazón, le produce indignación y hasta locuras.

Pablo, me dirijo a usted, a mi pueblo y al mundo desde esta atormentada tierra dominicana a la que usted llegó cantando su poema en una dulce tarde de febrero de 1966.

2 – En esa ocasión usted escribió:

Vamos a recordar lo que ha pasado allí,

desde que don Cristóbal, el marinero,

puso los pies y descubrió la isla,

¡ay, mejor no la hubiera descubierto!

porque ha sufrido tanto desde entonces,

que parece que el diablo y no Jesús,

se entendió con Colón en ese aspecto.

3 – Pablo, en esos versos, usted escribió sobre los conquistadores españoles, describiéndolos como demonios, que buscaban oro, y lo buscaron tanto, como si les sirviese de alimento, y que enarbolando a Cristo con su cruz, los garrotazos fueron argumentos tan poderosos, que los indios vivos, se convirtieron en cristianos muertos.

4 – ¡Pero, ah cosas de la vida!, 55 años después de su Versainograma, yo no escribo de aquellos españoles, ni de los gorilas nacionales, ni de los invasores del 65, sino, de los posteriores gobernantes ladrones, que como lobos hambrientos le han caído encima a los recursos de mi pueblo, dejando la carroña, a los cuales también le entran como buitres.

5 – Pablo, yo como usted, no he querido asumir el olvido y el silencio; en lo que tanta maldad y la indiferencia de muchos, me duele hasta los huesos. Los único es, que a diferencia de aquella época, en el presente, poetas y pueblos hablamos sin el miedo y la ignorancia propia del reinado de aquellas dictaduras. Hoy, en contraposición a aquellos tiempos, el conocimiento se enseñorea hasta en los sin zapatos, porque gracias a los revolucionarios y a las revoluciones, al internet, y a la predica de los poetas y de otros escritores de avanzada, nos hemos vestido de pantalones largos.

6 – Poeta, usted juzga que Trujillo, junto a Johnson fue el hombre más malo de este mundo. ¡Querido bardo!, ahora los hay tan malvados como ellos! Nuestros gobernantes, diputados, senadores, ministros y jueces, los hay, que son buitres, cerdos, ratas, hienas, víboras…

¡Estos, no matan ni torturan en locales cerrados como hacían los esbirros de Trujillo en la “Cuarenta”!

¡Ahora lo hacen peor, matan de hambre y precariedades a todo un pueblo a cielo abierto!

7 – ¡Poeta, esta gente se han robado todos los bienes del pueblo! Se han enriquecido de la noche a la mañana apropiándose de las tierras e industrias que habían sido mal habidas por Trujillo. Ayer llegaron al poder, pobres o paupérrimos. De ellos, el pueblo dice ¡“llegaron en chancletas y hoy andan en yipetas”! ¡Poeta!, esta gente, robando lo que es del pueblo, se han construido mansiones, comprado fincas, yates, helicópteros, aviones, relojes y carros de lujo. La comida de ellos es gourmet y sus bebidas las más caras, y sus cuentas bancarias son de miles de millones, mientras nuestro pueblo, languidece en la miseria y mil calamidades.

8 – Pablo, nuestra patria, pese a su lucha y a sus tantos mártires, sigue siendo un mar de pobreza, de tormentos y desesperanzas, y un reino de ladrones, de gorilas y usureros.

9 – Poeta, en nuestra patria, la Constitución es letra muerta, un pedazo de papel, donde en el poder se instala cualquier degenerado, como son los ríferos, los narcotraficantes, y los infames que usan el poder para enriquecerse a costa del sufrimiento infinito que con sus robos les causan a sus congéneres. Nuestro Congreso Nacional, es una guarida de esos perversos especímenes.

10 – Pablo, usted dijo: “Santo Domingo con su pueblo armado, borró la imposición de los violentos: tomó ciudades y campos, y en el puente, con el pecho desnudo y descubierto, aplastó tanques, desafió cañones.

11 – ¡Pero, oh poeta amado! Cuanta sangra de patriotas en vano derramada. Hoy, esta tierra atormentada sigue en manos, y gobernada por sus peores hijos. Los de hoy son ladrones impenitentes. Ellos les han robado a los niños, a los ancianos, a los pobres. A ellos le roban el pan, la salud, el techo. Con sus robos, estos demonios, le han tronchado al pueblo el derecho a una existencia digna.

12 – Poeta, todavía corre impetuoso el viento, pero ahora caliente y destructivo, porque con vesania, esta nueva camada de lobos instalados en el poder, hasta con la flora y fauna vienen acabando. A ellos, con tal de hacer dinero, les importa un bledo la suerte del “Medio Ambiente” de la isla. Con esta codicia insaciable, el país ha sido víctima de sus poderosas fauces. A los ríos, bosques y montañas, y hasta sus congéneres que consideran cosas, o entes inferiores, los ven, como mercancías para hacer negocios lucrativos. Poeta, no es una metáfora, sino, sino una realidad, esta gente son vampiros, sanguijuelas, que se alimentan de la sangre de su prójimo. Lo humano y lo espiritual es ajeno a todos ellos. Hablo de bestias apocalípticas.

13 – Ahora no son cuarenta y cinco mil hijos de perra, sino cuarenta y cinco mil hijos del diablo que han bajado a esta patria desde el mismo infierno.

14 – Poeta, se da el caso, que sus versos fueron premonitorios: “Vinieron a poner en libertad a los ladrones, y a los demás hay que meterlos presos”. Y allí están disparando cada día, contra dominicanos indefensos.

15 – Hoy esos malvados, muertos por causa natural o por suicidio se les reconoce como próceres de la patria. A ellos, como a aquellos, se les rinde honores de Estado. Por la muerte de algunos de ellos la bandera se baja a media asta. Por la muerte de esos canallas se decreta día de luto nacional, sin embargo, por tres bomberos que han muerto apagando un incendio, la enseña tricolor no se la baja a media asta. A los humildes servidores de la patria, se le prohíbe llorarlos, a los vientos y al pueblo.

16 – Poeta, fue usted quien expresó: “me gustan los soldados vivos en su patria, pero que en la ajena como invasores, los prefiero muertos.

17 – Poeta Neruda, permítame decirle, usted no está solo en su protesta, ni nuestro pueblo tampoco. La indiferencia es un pecado, tan grave como el mismo latrocinio que combatimos. Por ello, mi grito de denuncia, de indignación y de protesta es semejante al suyo.

18 – En otro plano, yo al igual que usted, a los ladrones de mi patria los prefiero muertos. Y después de muertos, no serán muertos buenos. Sino, lo que fueron. Ladrones vulgares, bandidos, desalmados, gente infame, grandes traidores a la patria…

Conclusión escéptica (conclusión pendeja)

Si la justicia terrestre no pudo o no puede castigar los crímenes de estas escorias, Dios se encargará de ello. No puede haber impunidad para quienes fueron verdugos de su prójimo. La impunidad no es de Dios. Pueda que la misericordia sí, pero la impunidad no es misericordia. Dios es justicia y karma.

El que tenga oídos que oiga…

New York, NY 10/31/2021

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