Cuatro minicuentos: ¡La reo voluntaria!; El espejo liado y cornudo (a); Insistentes lamidas; ¡Si fuera pecado envejecer!

361

¡La reo voluntaria!.-   (A mi amiga Escritora Karly Gaitán)

Un día, una joven y niña del  corazón, llamada Karly, bajo el inclemente sol, y la soberbia del tiempo protervo, furtivamente, fue a la tienda de la esquina de su casa a comprarse una pijamas amarilla, pero como se equivocó de color, tuvo que regresar a la tienda para devolverla, porque era pijamas a rayas la que quería, esa era su trama predilecta. Con suerte, se la cambiaron, por ser conocida de la vecindad, y por su personalidad afable. La guardó en su ropero. Nunca la usó, hasta que vino el Gendarme y/o Justicia del Covid-19, inició a usarla como una notable presidiaria voluntaria. Conforme el tiempo, las rayas se fueron destiñendo, porque la pandemia, no cesaba de lanzar latigazos severos por doquier. Nunca refunfuñaba por haberse convertido en reo voluntaria.

Así, transcurrieron los años y, Karly en la adultez, a pesar de todo, disfrutaba de su inmenso entorno, y con lo que hacía. Sibilinamente fue adaptándose a los tiempos de la época. El tiempo ido en su mente, lo hacía  suyo, para no dejar escapar, sus pensares. Su casa. La transformó en una cárcel voluntaria. Ese compás  de espera, le otorgó más años de vida, de mucho provecho. Envejeció, como todos, y su alma se regocijó como aquel canto de un Mirlo Inocente.

Ella, pensó en muchas ocasiones: "Estoy presa-prisionera-, pero no de mi alma, porque sigo en la vida, es mejor, que estar finada (o), incluso  me da tiempo  para pensar, repensar sobre este mundo impregnado de todo!!!." Y, así, el tiempo ido, se transformaba en util.!!!. Igual, en muchos fue así.

El espejo liado y cornudo (a)

El espejo es un cornudo (a), ni se mira, ni me ve, aunque lo tenga de frente, de mi mente ha desaparecido el espejo. Ni siquiera he tenido tiempo de verme en el.

Insistentes lamidas

Como todas las mañanas, don Arnulfo se despertó ante las insistentes lamidas de su  perro. Pero luego recordó: lo había matado la noche anterior. Abrió los ojos. Su esposa estaba encima de él, y le lamía la cara. El hombre se incorporó a medias. ¿Amor, qué rayos…? Entonces, se dio cuenta: que, a ella, también la había matado.

¡Si fuera pecado envejecer!

Juana con sus  80 años y vive en un Hogar de Ancianos. Es una de las tantas señoras olvidadas, como si fuera pecado envejecer. Sin embargo, en los días que está triste, se dirige  a sus aposentos, saca una de una  caja algo y se lo lleva a su rostro, este  se le ilumina como un sol y sonríe tiernamente.
-Roberto ese día no resistió:-¿doña Juana que tiene en la caja?-.
-Es el mejor regalo que me han dado mi nieta Lucía, quien en ese entonces tenía 8  años-y, me expresó-, que, allí venían unos caramelos con envoltura de aluminio y, como la caja es muy bonita, decidió llenarla también de mucho amor, esperanza, besos, para los días que no pudiese venir a verme. Ese día fue la última vez que la vi, pero aquí tengo su terneza  que me acompañan y me dan vida, día y noche. Gratos recuerdos inolvidables-finalizó expresando la abuela a Roberto-.

Acerca del autor de los minicuentos:
Bayardo Quinto Núñez, Abogado y Notario Público, Escritor, Pintor y Músico
Correo: tac_tictac@yahoo.com

SHARE