¡Lo que se veía venir! ¿Por qué extrañarse entonces?

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Una sociedad totalmente degenerada, carente de valores casi por completo; repleta de inseguridad ciudadana; llena de drogas por doquier; analfabetos con “cuadre”; musiqueros, y canta malo, con vestuarios estrafalarios, aretes, tatuajes, clinejas, cachuchas mal colocadas, etc. ¡Ese es el escenario dominicano actual, lamentablemente!

Además, y para completar el panorama, una nación sin verdaderos guías espirituales, como políticos con condiciones, que procuren enmendar; y, reencausar esta sociedad por caminos diferentes, con miras a un regreso apreciable de lo que fuera otrora, aun sea parcial.

Es evidente, que la principal causa que provoca tal descalabro social nuestro, es la desaparición de la familia, como célula primaria; en términos de su verdadera esencia; como, de los valores, y responsabilices inherentes a cada uno de los miembros que la compongan.

También de los aportes a lo general ciudadano, en el sentido de los comportamientos a observarse siempre.  La base principal considerada sucumbió.  Ya no queda nuestra de cuánto se tuviera en ese sentido. Penoso el giro, ¿verdad?

Con relación a eso, siempre recordamos algunos decires de los mayores, basados en las experiencias acumuladas, y los años vividos, respecto de que esas carencias, y actitudes personalizadas impropias vendrían; como, aquello de que, se presentarían tiempos en los que ya no habría padres para hijos, como tampoco hijos para padres. Hoy se tiene una fotografía fiel de la concretización de esas predicciones. ¡Cuánto sabían esos viejos!

Los núcleos familiares efectivos, compuestos por progenitores y vástagos, han ido desapareciendo casi por completo. Son cosas del pasado.

En la actualidad solo se tienen grupos formados bajo un mismo techo, en los que participa cada uno de tales miembros, queriendo hacer cada cual lo que le viene en gana, sin asumir las responsabilidades y deberes que le son inherentes.

En ese sentido, algo muy puntual fue expresado por la doctora Caroline Myss, en su valiosa obra: “La Anatomía del Espíritu”, que parece haber sido olvidado por completo, lamentablemente.

Dice ella: “una familia, acepta la responsabilidad física y espiritual del hijo que ha traído al mundo, al participar en la ceremonia del sacramento del Bautismo”.

Luego, ¿por qué no cumplirla después? ¿Se tiene ahora el Bautismo solo como un simple acto social? ¡Serían dos interrogantes a plantearse hoy!

En razón de lo expresado más arriba, nadie debe extrañarse entonces, por lo que viene ocurriendo en Dominicana, nuestro foco principal de atención; como, también en otras latitudes observables, cercanas y lejanas, en que se evidencia el mismo descalabro   social.

Obvio que, todo es el producto innegable de las siembras que se ha venido llevado a cabo desde hace años, y que ahora están repollando con mayor fuerza, en países como éste en que vivimos; de antaño, en manos de políticos desaprensivos, y corruptos por demás, que son los que de ordinario gobiernan. Naciones que carecen de una educación efectiva, tanto académica, como la imprescindible hogareña, en adición, dejada de lado por completo.

Donde los instructivos más notables para los niños, adolescentes y jóvenes, son las degeneradas redes sociales, como la despreciable televisión, donde nada que sirva se puede aprender, por los contenidos que regularmente se exhiben en esos medios de comunicación, repletos de enseñanzas amorales; como de inducción a degeneración sexual; delincuencia y criminalidad, etc., para completar.

En consecuencia, ¿qué se puede esperar entonces?  Lamentablemente, aún falta mucho por ver. Lo peor no ha llegado, y está al doblar de la esquina.

Autor: Rolando Fernández

 

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