¿Trabajan más los hombres que las mujeres?

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Por Fabio Mendoza Obando

De muy chico he sido muy observador, me ha gustado serlo, lo he tomado como un proceso que me induce al aprendizaje, y además  pensando que en el futuro lo observado se puede convertir en historias. Creo que es  un ensayo de refuerzo para quienes nos gusta escribir. También  esto me ha permitido que al final puedo sacar  mis propias conclusiones de lo que ha sucedido en mi entorno. En una conversación  como mi amigo poeta y compatriota Josdan Ojeda, me  dijo que los que escribimos después de observar nos  convertirnos en ´´caza historias´´ y estoy de acuerdo.

He tenido una obsesión desmedida  muy particular por observar con detalle el trabajo que hacen las mujeres en todos los campos. Me gustaba ver de una manera admirable  a mamá en sus quehaceres cotidianos como madre y ama de casa, yo sentía que ella era una heroína en su profesión, porque cada acción de su trabajo para mí era un acto de heroísmo. Mi madre era la primera que estaba en pie, se levantaba a las tres de la mañana a dar inicio a sus labores en el hogar  y era la última en irse a dormir hasta que todo quedara ordenado.

En todos los hogares existen normas que se deben cumplir al pie de la letra. Hay parámetros definidos que son como inviolables y que hasta equivocados pueden ser, pero en ese momento no se miraban de esa manera, aparentemente eran correctos. Los principios son los que nunca cambian.  Es cierto que nos enseñan de una manera ciertas cosas pero al transcurrir el tiempo son objetos de cambios, y eso es lo importante. Y durante toda mi adolescencia escuché repetidamente debates que se hacían  del trabajo que hacemos los hombres y el que hacen las mujeres.

En mi barrio una vez hubo una discusión entre vecinos muy  acalorada que las voces de las mujeres fueron más escuchadas y algunos  de los hombres terminaron cediendo y admitiendo que estaban actuando guiados por el machismo que de antaño los había dominado por completo. En esa reunión de vecinos fue muy claro la derrota de los hombres, las mujeres hablaban con mucha autoridad como que si toda la vida habían estado sometidas al encarcelamiento machista.

Era el año 1994 y mi patria Nicaragua estaba siendo gobernada por una mujer, Violeta Barrios de Chamorro, que ante todo ella primero era  ama de casa y en ese momento estaba dirigiendo los destinos de millones de personas, una sociedad donde los hombres somos catalogados como machistas. La presencia de una mejer en la presidencia de la República vino a ayudar para que se generaran ciertos cambios en este sentido. Lo pude vivir, que algunos patrones incorrectos  que marcaron las funciones del hombre y la mujer en el hogar dieron otro giro.

Estando  en la clase donde se hablaba de la familia, por lo general los estudiantes hacen todo tipo de preguntas y unos de mis compañeros hizo la pregunta que encendió la hoguera de las inquietudes: ¿trabajan más los hombres que las mujeres o viceversa? A una sola voz, puestas en pie y un tanto airosas las féminas hicieron estremecer el aula   diciendo que ellas trabajaban más que los hombres. El profesor trataba sin resultado alguno de imponer orden y un clima de tranquilidad pero  era casi imposible.

Ya en calma cada uno fue opinando lo que pensaba sobre la pregunta que incomodó a todos y levantó los ánimos. Me acuerdo que departe de todas mis compañeras de clases hubo todo tipo de comentarios que al decir verdad estaban en lo cierto. Por parte de los hombres con un acento machista bien definido  no cedían en nada y todos coincidían que eran los que más trabajaban, claramente divididos, no se encontraba un punto de entendimiento.

Una aspirante a monja pidió la palabra y el profesor solicitó silencio augurando como que si ella nos haría reflexionar, la religiosa muy enfática dijo: aquí el punto es que el trabajo de las mujeres se ha invisibilizado  y no ha tenido reconocimiento, una mujer puede ser profesional, esposa, madre, ama de casa  y muchas cosas más al mismo tiempo  y no se queja, sus capacidades no pueden ser comparadas, sus fuerzas son de acero inoxidable, saben enfrentar con gallardía las tempestades del hogar y ante los desafíos son una roca fuerte.

Sin hacer pausa  continuo: una mujer después de llegar de cumplir ocho horas de trabajo, cumple   la otra jornada del hogar y por eso no es remunerada y tras de eso hay estadísticas que muestran que hasta maltratos de sus cónyuges sufren. Pude palpar  el silencio que inundó el salón de clases mientras una lluvia de aplausos femenina se dejó sentir. Miradas dispersas de un lado a otro, susurros inesperados entre algunos alumnos y un profesor estupefacto y luego fue inevitable ver  bajar la cabeza de mis compañeros de estudios como aceptando una derrota que parecía  desde un principio ser más que evidente y una verdad que había que aceptar.

El autor es poeta y escritor nicaragüense

 

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