Mi madre es una rosa en el esplendor de mi jardín

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Por Fabio Mendoza Obando

Mi Madre es Yolanda Obando de Mendoza, de origen campesino, estudió tercer grado de educación primaria, lee muy bien,  escribe excelente, tiene buena ortografía, extraordinaria caligrafía y sabe mucho sobre  historia. La fuente de aprendizaje de ella ha sido La Biblia, ella siempre dice que es el libro por excelencia en sabiduría y estoy completamente de acuerdo. A pesar de no haber terminado la primaria, esta mujer humilde y amorosa, sabe mucho, con ella puedo hablar de todo  ya sea de política, de economía, aspecto  social del país  y de muchos otras cosas más.

Somos diez hermanos, cinco hombres y cinco mujeres, en nuestro tiempo de infancia  Mami se ocupaba de nosotros en un tiempo muy especial, todas las noche después de la cena, nos reunía, tomaba la Biblia y nos enseñaba  a memorizar un verso de uno de los sagrados libros o un salmos, con mucha exigencia se ponía de pie y como si era una predicadora detrás de la lectura de ella la seguíamos todos con voz alta hasta que lo aprendíamos  y posteriormente se cercioraba preguntando a cada uno.

He dicho que todo cambio se genera desde el hogar. Se hace referencia de manera constante sobre esto, y es verdad. Para mí los cambios en una sociedad se empiezan  cuando yo estoy convencido de que quien  debe cambiar primero soy yo. Mi Mami ha sido una promotora de esa idea y nos enseñó a que deberíamos de tenerlo presente siempre en nuestro camino de la vida, independiente de lo que hagamos y nos desempeñemos, las personas tienen que ser generadores de cambios. Eso sí, ella es fiel defensora que todo el bien que hagamos en esta tierra para que tenga éxito tiene que ir de la mano de Dios.

Yo profeso que hay amores de amores en la vida de un ser humano, y muchas veces esos amores vienen y se van, pero el amor genuino, el que espera las veinticuatro horas del día, el amor que nunca se cansa, el amor verdadero, el amor sincero, el amor que nunca duerme, el amor que no desfallece, el amor que está sonriente en todo tiempo, el amor leal, el amor que  está en las ausencias y en las cercanías, el amor que está presente, el amor que se manifiesta sin límites y no duda, el amor que está en las buenas y en las malas  es el amor de una madre.

Mami es una mujer virtuosa y muy valiente,  supo inculcar a todos sus hijos desde muy niños los valores invaluables para que nos pudiéramos conducir en la vida a cómo debe de ser, tales como el respeto, la responsabilidad, el trabajo, la solidaridad,  la esperanza, la libertad, la puntualidad y la compasión. Ella es un ejemplo digno de admirar. Y algo muy importante de destacar es que a su edad siempre nos está recordando en todo tiempo que  no debemos apartarnos de todo lo que ella nos enseñó a temprana edad.

Y no es cuestión de estar largo o cerca para saber que una madre siempre está pendiente de sus hijos por muy grandes que sean. Cuando hablo con ella a la distancia es uno de los momentos más gratos de mi vida, siempre es ella misma, esa dulzura de sus palabras y de vez  en cuando las regañaditas también están presentes. Me habla de todo, las flores, las matas y  de esas tardes que se sienta en el corredor de la casa para  deleitarse con su hermoso  jardín, que es obra de sus manos.

Con Mami he construido una relación muy especial siempre, con ella puedo debatir todo tipo de temas y siempre me da su punto de vista esté o no de acuerdo. En la mayor parte coincidimos y en los que no, nos respetamos y eso sí me gusta escuchar con atención sus consejos tan sabios y acertados. Desde adolescente he escrito  poesía y me gustaba quedarme en el anonimato, cuando mi Ciudad de El Rama, Nicaragua cumplió cien años de fundada me hicieron una entrevista y fue publicada en La Prensa Literaria y al llevarle un ejemplar a ella me dijo: No sabía que había traído al mundo a un poeta.

El autor es poeta y escritor nicaragüense

 

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